El Marqués Invisible

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , ,

Ya sabéis que en este blog encanta la antigua documentación militar. Como hemos comentado en otros textos, si algunos documentos sueltos ya son interesantes por sí mismos, cuando se trata de lotes de una misma persona, permiten seguir su trayectoria personal e incluso, como en el caso de hoy, poner en jaque alguna de las afirmaciones que se han publicado sobre éstas mismas, al tratarse de fuentes primarias.

Así, los documentos que presentaremos hoy deberán reescribir lo que (al menos, en algunas publicaciones) se ha explicado sobre el marquesado de Castrofuerte. Concretamente, en lo que se refiere a su X marqués, Miguel María Jalón y Bañuelos, a quien inexplicablemente se ha invisibilizado.

Así, por ejemplo, nuestro protagonista no aparece entre los marqueses de Castrofuerte en dos páginas de internet, una de ella de verdadera referencia, pero como vemos incompleta:

Pero incluso en una obra especializada sobre el tema, Los Brizuela, Condes de Fuenrubia y familias enlazadas, si bien citan a Miguel Jalón, incomprensiblemente se lo saltan del listado y nombran a su hijo en su lugar como marqués. (1).

Miguel Jalón (Palma de Mallorca, 1776- Castrofuerte, 1830), nació en el seno de una familia de nobles con una larga tradición militar. De hecho, nació en las Baleares, destino militar de su padre. Y tanto él como sus dos hermanos varones menores también desarrollaron una notable carrera militar.

Los Castrofuerte son una familia noble de origen leonés, muy bien relacionada en el seno de la corte de Carlos IV y, probablemente, perteneciera a la camarilla de Manuel de Godoy, ya que en una reciente subasta han aparecido diversas cartas que se intercambiaron el Príncipe de la Paz y José Jalón, el padre de Miguel. De hecho, durante los motines que hicieron caer a Godoy, se asaltó una de las viviendas de los marqueses de Castrofuerte de la que se sustrajo y quemó un retrato del propio Godoy. Es de suponer que, al tenerlo en su casa y al intercambio epistolar, la relación entre ambos fuera estrecha.

Retrato de Francisco de Goya titulado “El Marqués de Castrofuerte”. El genial pintor aragonés, retrato a los padres de Miguel Jalón a principios del siglo XIX. Ambos cuadros se exponen en el Musée des Beaux Arts de Montréal, Montreal, Canadá

El primer documento, se trata de su ascenso de cadete a alférez en el Batallón de Fusileros de la Guardia Real, en una época en la que este cuerpo militar estaba compuesto por jóvenes de la nobleza próximos a la monarquía. Es un documento de 1795, cuando Jalón contaba con 19 años.

El segundo documento lo sitúa como alférez en el Batallón de Cazadores.

El tercer documento es su ascenso a 2º teniente, fechado en febrero de 1801.

Se retira con el grado de capitán en junio de 1803, estando adscrito a la Capitanía General de Extremadura, sita en Cáceres. Por este motivo, cabe suponer que puede haber participado en la Guerra de las Naranjas. Aquel brevísimo episodio bélico de 1801, en el que, instigado por Napoleón, Godoy encabezó un ejército con el que ocupó algunas ciudades portuguesas, mientras que, por su lado, en una ramificación americana de la contienda, los portugueses ocuparon diversas poblaciones coloniales españolas.

De hecho, durante su estancia en Cáceres conoce a quien será su futura esposa, María de la Concepción Ulloa y Cáceres (2).

Pero al estallar la Guerra de la Independencia, al parecer Miguel Jalón se reengancha al ejército y en es nombrado coronel del Regimiento Provincial de Toro. Se desconoce la fecha en la que se incorporó, pero si se sabe que estuvo en este regimiento hasta agosto de 1811, cuando toma el mismo cargo en el Regimiento Provincial de Plasencia, con el que combatirá el resto de la guerra.

Su padre, el titular del título del marquesado en aquel momento, comanda la 5ª División, en la que los regimientos de su hijo se engloban en más de alguna ocasión. Si bien, me faltan datos para poderlo situar en alguna batalla de las más trascendentes de la contienda.

Al final de la contienda, se retira con el grado de coronel.

El último documento es, probablemente, el más interesante de todos, ya que se trata de la concesión de una condecoración: un Escudo de Distinción por su trayectoria como coronel de los Voluntarios Realistas de Palencia. Vayamos por partes.

Para empezar, los Escudos de Distinción (3) son unas condecoraciones de tela que se cosían en las mangas de los uniformes. Se empezaron a conceder durante la Guerra de la Independencia y que se extendieron durante todo el reinado de Fernando VII, otorgándose durante las campañas de la citada guerra, las Guerras de Emancipación americanas y a los más destacados miembros de las Voluntarios Realistas.

No he podido evitar incluir el magnífico retrato de Fernando VII que pintó López Portaña, y que se expone en El Prado.

Éstos, por su parte, fueron unas milicias voluntarias de inspiración absolutista que empezaron a surgir durante el Trienio Liberal como oposición a las políticas del gobierno. Una vez recuperado el poder por parte de Fernando VII las institucionalizó otorgándoles un reglamento y mejorando su financiación y avituallamiento, en gran parte por la desconfianza del rey ante un ejército que en su mayor parte simpatizaba con el liberalismo. A partir de entonces, sus objetivos fueron evitar el restablecimiento del gobierno constitucional y participar en acciones de seguridad pública, especialmente en zonas rurales donde el bandolerismo seguía más activo. En el año 1826, se nombra a José Mª Carvajal (4) Inspector General, un hombre cercano al felón, que da un impulso a las milicias, reformando su reglamento. Éstas, llegaron a estar formadas por unos 200.000 voluntarios (todos ellos “hombres de probada reputación”), divididos en los cuerpos de infantería, artillería y caballería. Si bien aproximadamente la mitad contaba con uniforme, el resto se tenía de contentar con una escarapela. La decadencia del cuerpo probablemente empezó hacia 1830, cuando Fernando VII promulga la Pragmática Sanción, que desencanta a los elementos más intransigentes de las Milicias.  Tras la muerte de Carvajal, en 1832, se acentuó una decadencia del cuerpo, que se acabó disolviendo en 1833, tras la muerte de Fernando VII. Parte de sus miembros pasaron a engrosar las filas del ejército carlista.

El palacio de Castilfalé, Burgos.

En internet, corre alguna otra inexactitud sobre Miguel Jalón. Por ejemplo, en las siguientes webs, se indica que el palacio de Castilfalé fue vendido a finales del siglo XVIII por Antonio Valdés y Bazán (5) a Heliodoro Jalón (6):

https://burgospedia1.wordpress.com/2010/09/12/palacio-de-castilfale/

http://www.aytoburgos.es/archivo/conoce-el-archivo/el-archivo-municipal/el-palacio-de-castilfale-historia-y-arte

Pero si Valdés murió en 1816, este Jalón nació en 1844, por lo que la venta, a todas luces, parece poco probable que se pudiera realizar.

Además, en los mismos archivos burgaleses (7) se guarda un documento de 1828 en el que se presenta una factura que realiza Mariano Miguel por “colocar cristales y realizar vidrieras” en el citado palacio, citado como la casa del marqués de Castrofuerte. Por su parte, Juan Escorial Esgueva (8), quien ha escrito la más completa historia sobre el palacio, nos confirma que al nacer Heliodoro, el palacio ya era propiedad de la familia.

Poco más se sabe de los detalles de la vida de Miguel Jalón. Si se sabe que murió en el pueblo de Castrofuerte el 19 de julio de 1830 y que fue enterrado en la iglesia de San Pedro, hoy en ruinas.

Escudo del marquesado de Castrofuerte.

 

 

Notas:

(1)  ALÓS, Fernando de y DUQUE DE ESTRADA, Dolores: Los Brizuela, Condes de Fuenrubia y familias enlazadas; Editorial Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. Madrid, 2009.

(2) Hija de Gonzalo de Ulloa y Lugo (señor de Pajarillas, Fuente del Saz, de Villalba de Adaja, de Foncastín y de la Torre Infanzona de Anuncibay en Álava, Maestrante de Ronda, Regidor perpetuo de Cáceres y Medina del Campo) y de Casimira Cáceres,

(3) En este sentido, es obra de referencia: RODRÍGUEZ BELLES, Antonio: Medallas y Ascensos en sus Documentos (1811-1931). Una obra ineludible para todo coleccionista.

(4) José María Carvajal Urrutia (Cádiz, 1762 – Madrid, 1832). Proveniente de una familia de larga tradición militar, entra en el ejército en 1778. Participa en la ocupación de Darién, en el actual Panamá, donde su padre ejercía de gobernador. Tras regresar a la península ibérica, participa en las guerras revolucionarias francesas y la Guerra de las Naranjas. Es hecho prisionero por los ingleses en la batalla del cabo de Finisterre. Se reincorpora al ejército durante la Guerra de la Independencia, ostentado numerosos mandos de importancia. En 1810, es nombrado comandante general de Aragón y presidente de su Junta. Durante algunos meses, llegó a ser Secretario de Guerra del gobierno. Muy próximo a Fernando VII, tras la guerra, recibe numerosos cargos de importancia, siendo el Inspector General de las Milicias Realistas el último de ellos. Fernando VII también lo agasajó con las órdenes de San Fernando, San Hermenegildo, Carlos II e Isabel la Católica.

(5) Antonio Valdés y Fernández Bazán (Burgos, 1744 – Madrid, 1816). Hijo de un hidalgo asturiano bien situado en la corte, Antonio Valdés entró de muy joven en la marina. Tras combatir en el mar a ingleses y piratas berberiscos, dirigió las fábricas de artillería de La Cavada y Liérganes. Su trabajo al frente fue recompensado con el nombramiento como Inspector General de la Marina cuando contaba con 38 años de edad. Impulsó numerosas reformas, tanto en los equipamientos de la marina, como en la formación de sus oficiales, así como expediciones científicas alrededor del mundo. Siguió ocupando cargos de relevancia a lo largo de toda su vida. De hecho, Carlos IV lo nombró Gentilhombre de cámara y le otorgó el Toisón de Oro.

(6) Heliodoro Jalón y Larragoiti (1844 – 1914). Militar y político español. XII Marqués de Castrofuerte.

(7) http://archivo.aytoburgos.es/burgos/doc?q=*%3A*&start=0&rows=1&sort=fecha%20asc&fq=fecha&fv=[1819-01-01T00%3A00%3A01Z+TO+1843-12-31T23%3A59%3A59Z]&fo=null&fq=mssearch_hierarchy01&fv=Fondo+Condes+de+Castilfalé&fo=and

(8) ESCORIAL ESGUEVA, Juan: “El Palacio de Castilfalé. Su fortuna en el tiempo (1600-1920)” en VV.AA. Palabras de Archivo. Homenaje a Milagros Moratinos Palomero. Burgos, Instituto Municipal de Cultura y Turismo. Ayuntamiento de Burgos, 2018, pp. 347-367.

La intendencia militar. El sol que nunca se pone.

Etiquetas

, ,

Museo de Intendencia y Archivo Histórico Militar de Ávila

Copyright Instituto de Historia y Cultura Militar

Ávila está muy cerca de Madrid y sin embargo yo creo que es la ciudad castellana menos visitada por los madrileños. Es un teoría nada científica y muy mía pero tengo esa sensación. Hacía muchos años que quería volver pero no acababa de hacerlo. Pero por fin he vuelto hace unos días.

La muy antigua ciudad de Ávila y su burgo medieval no es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por un capricho del azar.

Sus imponentes murallas, un ejemplo único en Europa por su conservación y por mantener completo todo su perímetro amurallado, sus almenas y grandes puertas de acceso, esconden multitud de tesoros. Algunos extremadamente conocidos, otros también de importancia y arraigo como explicaremos a continuación, que merecerían un mayor reconocimiento.

Aquí como en tantas ciudades longevas se escalona y convive lo medieval, lo románico, lo gótico y lo renacentista. Hay ejemplos de todo ello de una gran factura y en un estado de conservación en general francamente bueno.

Desde este Blog nos hemos empeñado en rescatar y dar visibilidad a todo lo que nos parece que debería tenerla. Pasajes, personajes, y como es el caso, edificios cargados de interés, historia y vivencias. Somos humildes buscadores de tesoros, románticos escrutadores de esa gran Almoneda que es España.

El Palacio de Polentinos, también conocido como Solar de Los Contreras, es una verdadera maravilla del siglo XVI que sirvió de Academia del Cuerpo de Intendencia, aunque previamente su denominación fue la de Academia del Cuerpo Administrativo del Ejército (desde 1875 hasta 1911).

Como Academia para oficiales funcionó hasta 1993 cambiando su actividad en esa fecha por la actual de archivo militar y Museo. Desde entonces la especialidad de Intendencia se cursa con AGM de Zaragoza.

Hay que recordar que ya en época de Carlos III, gran impulsor de la modernización de muchas estructuras del Estado incluidas desde luego las de los Ejércitos, se promovió en Ávila el antecedente formal y germinal de la Academia General Militar.

Hablamos de un edifico que por sus dimensiones, no excesivamente monumentales, resulta hasta acogedor y recogido. Una imponente portada plateresca da paso a un patio central y ceremonial de aire italiano, donde mientras fue academia se desarrollaban los actos y formaciones de diario y también de solemnidad.

Como cuerpo especializado dentro del Ejército, esto no significa ni mucho menos que no sea una pieza clave y nuclear del funcionamiento de toda la estructura militar, las plazas que había que cubrir siempre fueron razonablemente limitadas, aunque se vivió un momento de gran demanda coincidiendo con la Guerra de Cuba, Puerto Rico y Filipinas (1895-1898).

La Intendencia militar como decíamos es la responsable organizativa de la definición, fabricación y suministro de una ingente cantidad de elementos formales, de manutención y equipacion, sin los cuales la rueda del Ejército no podría ponerse en marcha. El tener que cubrir tantas y tan diversas cuestiones ha obligado además a desarrollar una serie de oficios y especialidades para promover la autogestión, intentando fabricar desde dentro del propio Ejército todo lo necesario.

Uniformes, equipos, alimentos, utillaje, el complejo y casi inabarcable capitulo logístico, hacen de este cuerpo, muy militar, una amalgama en la que también priman conocimientos de los procesos productivos, industriales y presupuestarios. Es la plaza en la que confluyen gran parte de las necesidades del Ejército.

Todos los oficios y labores artesanales se han dado cita en este gran negociado que tiene algo de orquesta en la que cada uno sabe muy bien cuál es su papel. Bordadoras, sastres, cocineros, panaderos, carniceros, inventores de soluciones prácticas y eficaces. La lista podría ser casi interminable.

Copyright Museo de Intendencia.

Copyright Museo de Intendencia.

Y llegamos al Museo, que podríamos calificar como una selección afortunadísima, con un criterio expositivo claro, fácil de ver, que a diferencia de esa inevitable carga didáctica en la narración de las exposiciones actuales, que tan poco nos gusta, aquí está muy bien resuelta, sin pretensiones, pero con muchas piezas francamente sobresalientes.

Alguna rareza que no desvelamos para promover que se visite, una gran cantidad de maquetas de cocinas y tahonas de campaña, tiendas de campaña, tejidos empleados en las uniformidades de principios de siglo, dioramas con maniquíes con uniformes y un largo etcétera de objetos extremadamente interesantes.

Mantas zamoranas, marmitas, cubiertos, armas, correajes, todo tipo de uniformes, material de laboratorio y clínico…, sables con empuñaduras de nácar, bastones de mando de Palo Santo, Dragonas de gala, banderas de todas las épocas con una calidad de bordado excepcional. Un memorabília en todos los casos de una gran factura y elegida con muy buen gusto.

 

El Sol enmarcado en un laurel, emblema y divisa de la Intendencia, refleja perfectamente el espíritu y objeto de este singular y admirable cuerpo.

Iluminar, abrigar, dar techo y aprovisionar al soldado en las situaciones más cotidianas y también en las más extremas. En la cotidiana vida cuartelaría y en los campos de batalla.

Quiero por último dar las gracias a una íntima y muy querida amiga mía que pertenece a una muy ilustre familia de militares , por invitarme a Ávila y descubrirme esta maravilla tan cercana para ella.

Por todo ello os animamos a visitar este rincón lleno de encanto. Merece mucho la pena.

 

MUSEO DE INTENDENCIA

ARCHIVO GENERAL MILITAR

PALACIO DE POLENTINOS
Vallespín nº 19
(05001 – Ávila)

Tlf: 920352584

archivomilitaravila@et.mde.es

  • Lunes a viernes: de 10:00 a 14:00 horas
  • Sábados, domingos y festivos: de 10:30 a 14:30 y de 16:00 a 19:00 horas
  • Visitas de grupo: Concertando cita previa
  • Entrada gratuita

Visita al Museo de la Aeronáutica de Cuatro Vientos

Etiquetas

, , , , , , , , , , ,

Recreación del mítico Fokker DR.I del Barón Rojo, una de las muchas joyas que componen este museo.

El patrimonio histórico militar español no es que sea considerable, es que hay pocos países en el mundo que se nos puedan comparar. A las fortificaciones de todo tipo (restos de murallas, torres de vigía, castillos, acuartelamientos…), se le deben unir otros muchos edificios y espacios militares (campos de batalla, centenares de obras de arte, cementerios militares, etc.) y, por supuesto, somos un país que está trufado de museos militares. Algunos muy conocidos y otros mucho menos famosos. Pero la mayoría de ellos, cuentan con una colección histórica que envidiarían la mayoría de sus homólogos de otros países, con mucho más marketing que historia. Hoy hablaremos de uno de estos museos: el Museo de la Aeronáutica de Cuatro Vientos, en Madrid.

Y es que la relación de nuestro país con la aviación es mucho anterior de lo que uno se podría imaginar. De hecho, el precursor de la aeronáutica internacional al fin y al cabo fue un científico andalusí, Abbás Ibn Firnás (1), siendo el primer hombre de la historia que realizó intentos científicos de volar. Y, de hecho, cuenta con un pequeño espacio en este museo. Abbás inició una senda que seguirían más adelante Leonardo da Vinci y los hermanos Wright y que en nuestro país se plasmó en decenas de pioneros del aire y hasta el invento del célebre autogiro, del que hablaremos más adelante.

En el Hangar 1 se puede disfrutar de una interesante coleeción de condecoraciones y de un espacio dedicado a los laureados del ejército del aire.

El museo está dividido en siete hangares y una explanada. Cada hangar está dedicado a una temática determinada:

Sobre gustos, los colores, pero para mí el más espectacular de todos es el Hangar 1 de ellos, en el que se exponen reproducciones de los primeros aviones, la sala de los Laureados del Ejército del Aire, en el que están las vitrinas que incluyen diversas banderas y, así como condecoraciones (algunas de ellas realmente interesantes); además, hay una sobresaliente sección dedicada a la Guerra de Marruecos, donde se reproduce un campamento del ejército español de la época, así como una enfermería y, por supuesto, preciosos aviones.

Impresionante reconstrucción de un campamento del ejército del aire en Marruecos.

El Hangar 2 es mucho más técnico, y destaca por una buena colección de motores y uniformes.

El Hangar 3 es otro de los destacados. Está repleto de aeronaves de menor tamaño, algunas destacadísimas, empezando por un Fokker DR.I triplano, como el que tripulaba el mítico Barón Rojo, hasta los más legendarios aviones de combate de la Guerra Civil española, como el célebre “Chirri” que pilotaba García-Maroto (2) hasta los no menos legendarios “Mosca” y “Chato” (3) del ejército republicano.

El mítico Chirri.

El legendario Chato.

El Hangar 4 está dedicado a los autogiros el gran invento de Juan de la Cierva (4), además de contar con diversos helicópteros.

Un curioso autorigo de reparto de la célebre pastelería madrileña Viena Capellanes.

Mientras que lo más destacado del Hangar 5 es el original Dragon Rapide, el avión que trasladó a Franco de las Canarias hasta Marruecos para ponerse al frente del Alzamiento Nacional (o golpe de Estado, según prefieran).

Aquí está nada menos que el Dragon Rapide.

Los Hangares 6 y 7 almacenan aviones de mayor tamaño.

Desde un punto de vista histórico, el museo es irreprochable. Se le puede objetar que no tenga ningún avión de la Segunda Guerra Mundial (al menos, no lo vi). Pero la cantidad y, sobre todo, calidad de aviones, creo que hacen la visita más que imprescindible.

La parte a mejorar viene por el lado de la museística. Y, si bien es cierto que hay que reconocerles a los responsables del museo una intención de puesta al día (como la recreación del campamento de Marruecos), sí que habría que considerar la modernización del concepto del museo. Y es que éste ha quedado un poco anticuado. Alguien con voluntad de criticarlo podría definirlo como un mero almacén de antiguallas. Por ejemplo, le falta interactividad (un simulador de vuelo, por ejemplo, parece evidente y no tiene que ser muy complicado). Pero estoy seguro que con un poco de recursos e imaginación, se podrían realizar actividades relacionadas con vuelos, acrobacias o paracaidismo. No hace falta hacer saltar en paracaídas a los visitantes del museo, ojo. Pero hoy en día la realidad virtual nos ofrece enormes posibilidades en este campo. Estoy seguro que estas actividades podrían hacer de la visita una experiencia mucho más divertida.

Teniendo en cuenta las “joyas” de la Guerra Civil depositadas en el Hangar 3, no hubiera estado mal dedicarle un espacio exclusivo a la aviación española durante la Guerra Civil, tal y como se ha realizado con la Guerra de Marruecos. ¡Qué interesante sería poder contar con un audiovisual en el que pilotos del bando nacional y republicano, sentados en una misma mesa, rememoraran sus vivencias durante la guerra! Y a pesar de lo incómodo que les pueda parecer a algunos militares, no estaría de más dedicarle un espacio explicativo a los bombardeos sobre poblaciones civiles que se perpetraron durante la Guerra Civil, y que sumaron miles de víctimas. No creo que al ejército de una democracia plena y consolidada le deba doler prendas reconocer el daño que en el pasado sufrió su propia población civil. Además, que en un espacio merecidamente trufado de bustos y esculturas dedicadas a sus héroes, no estaría de más dedicarle un monolito a las víctimas. Si lo hay, no lo vi.

Fotografía del bombardeo aéreo de Barcelona el 17 de marzo de 1938, vista desde un bombardero italiano. Fuente: Wikipedia.

También me atrevería proponer que le abrieran un espacio a la aeronáutica y al espacio. ¡Si ahora tenemos hasta a un ministro astronauta! Puede que una colaboración con el Ministerio de Ciencia, innovación y Universidades en este sentido es casi una obligación.

Como también lo sería dedicarle un espacio a la aeronáutica del futuro: los drones o la tabla voladora de Franky Zapata son innovaciones que deben tener su espacio en el museo (y en estos casos, la interactividad es más que evidente).

En resumen, y a pesar de estas pequeñas sugerencias, estoy seguro que nadie puede salir decepcionado de la visita al museo. Es más, estoy seguro que todos sus visitantes se quedarán sorprendidos al descubrir que nuestro país, del que siempre se ha cacareado su incapacidad para destacar en la ciencia y la tecnología, fue puntero a la hora de surcar los cielos y las proezas de nuestros aviadores no podrán más que enorgullecernos de los que una vez fuimos y deberíamos volver a ser.

 

Información últil:

Dirección: A-5, (autovía de Extremadura) Km. 10,7, 28024 Madrid

Horario: de martes a domingo, de 10:00 a 14:00, excepto festivos nacionales y el 10 de diciembre (Virgen de Loreto)

Teléfono: 915 09 16 90

Metro: Estación de Cuatro Vientos

Entrada: la entrada es gratuita, aunque se pide un donativo voluntario de tres euros.

 

Notas:

(1)  Abbās ibn Firnās (Korah Takma, cerca de la actual Ronda, 810 – Córdoba, 887), fue un científico y filósofo andalusí del periodo omeya. Es autor de numerosos inventos, entre los que destaca el paracaídas, que él mismo testó en el 852. En el 875, confeccionó unas alas con las que voló durante unos minutos, pero el aterrizaje fue malo y se fracturó las piernas. Se percató que el error era no haber usado una cola, pero su avanzada edad ya no le permitió seguir con sus experimentos aeronáuticos, que nadie continuó.

(2) Joaquín García-Morato y Castaño (Melilla, 1904 – Griñón, 1939). Es considerado como el máximo as de la aviación española. Empezó su carrera militar en el arma de infantería, donde servía su padre. Tras un primer destino en Marruecos, en 1925 solicita inscribirse en un curso de pilotaje, llegando a participar en numerosas misiones de guerra. En los siguientes años, demostrará ser un extraordinario piloto, dominando todo tipo de aeronaves, destacando su habilidad como piloto acrobático. De hecho, el inicio de la Guerra Civil lo encontró en el Reino Unido, donde realizaba una exhibición aérea. No duda en incorporarse de inmediato en el bando sublevado y ya el 12 de agosto se apunta el primer avión derribado, en el Frente de Andalucía. Le seguirán 39 más, más 12 probables hasta el final de la guerra. Además, contaba con más de 1.000 horas de vuelo, participado en 511 misiones de guerra y luchado en más de 140 combates aéreos. Falleció a los 35 años de edad, al estrellarse su avión durante una exhibición aérea.

(3) El “Chato” es el avión que pilotaba el mayor as de la aviación republicano, el soviético Serguéi Gritsevéts (Baránavichi, actualmente Bielorrusia, 1909 – Bolbásovo, actualmente Ucrania, 1939), con el que consiguió un total de 30 victorias en los pocos meses en los que estuvo en España, ya que a finales de 1938 los pilotos soviéticos fueron obligados a regresar a su país. El 1939, se presentó voluntario en la guerra contra Japón, en la que siguió incrementando el número de sus victorias en combate. Poco después de la invasión nazi de Polonia, Gritsevéts falleció en un accidente aéreo. Fue dos veces condecorado como Héroe de la Unión Soviética, dos con la Orden de la Bandera Roja y otras dos con la Orden de Lenin.

(4) Juan de la Cierva y Codorníu (Murcia, 1895-Croydon, 1936). A este ingeniero, inventor del popular autogiro, la pasión por la aviación le viene de muy joven. En 1912, y con solo 16 años, junto con otros dos amigos construyó su primer avión biplano. En 1920, de la Cierva diseña su primer autogiro, el C-1, pero un problema con el motor le impide volar. Estos problemas no se solucionarán hasta el cuarto prototipo, el C-4, al cual siguió añadiendo mejoras que desembocaron en el prototipo C-5. Busca apoyo financiero para poder desarrollar comercialmente su invento, por lo que se traslada al Reino Unido, donde creará la Cierva Autogiro Company. Desde allí, en la primavera de 1936, colaborará con los militares que se van a sublevar en verano ayudándoles a alquilar el célebre Dragon Rapide. Y será en el Reino Unido donde fallecerá el mes de septiembre de ese mismo año en un accidente aéreo, en el que de la Cierva viajaba como pasajero.

 

Nuestro hombre en Stalingrado

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , ,

El mundo del coleccionismo militar es amplio y variado. Y si bien en este blog estamos especializados en órdenes y condecoraciones, tampoco dejamos de lado hablar las medallas conmemorativas o la documentación militar. Éste último terreno me parece especialmente interesante, ya que, en caso de conseguir algún lote de un mismo militar, se puede seguir una trayectoria personal que a veces es propia de una verdadera novela bélica. Incluso hay documentos sueltos que son interesantísimos por sí mismos.

Dentro de este terreno, una de las variantes de este coleccionismo, muy extendido en Alemania o los Estados Unidos, son los Wehrpass alemanes de la Segunda Guerra Mundial. Un Wehrpass es el documento de identificación militar de un ciudadano, en este caso, alemán. Se diferencia del Soldbuchen que éste es expedido por las autoridades militares, mientras que en Wehrpass es expedido por autoridades civiles, si bien el tipo de información que recoge es muy similar en ambos casos.

Así, nos ha llegado un Wehrpass tremendamente interesante, que narra las vicisitudes de un sargento que perteneció a la División de Infantería nº113 de la Werhmacht. Una División que luchó en Rusia desde el inicio de la Operación Barbarroja y que fue aniquilada en Stalingrado. Este Wehrpassnos cuenta la historia de Anton Weber: nuestro hombre en Stalingrado.

Anton Weber era un alemán como cualquier otro. Había nacido el 24 de marzo de 1913, en Hesse, en el corazón de Alemania, concretamente en la pequeña ciudad de Kassel. Su padre, carpintero, se llamaba Heinrich y su madre, Eva, falleció prematuramente, cuando Anton contaba con tan solo 11 años de edad. Nuestro joven héroe se formó y empezó a trabajar como albañil. Poco más sabemos de él. ¿Sufrió las consecuencias de la terrible crisis económica? ¿Simpatizaba con los nazis? ¿Era miembro del partido? Poco más sabemos de él, a parte que en 1935, contrajo matrimonio. Lo que es seguro es que en 1940 fue llamado a filas y se le destinó en el 15ª Regimiento de Artillería y de allí fue transferido al 87º Regimiento de Artillería que sería encuadrado en la División de Infantería nº113 que fue destinada al 6º Ejército.

La unidad de Weber empezó a luchar la invasión de la URSS desde el inicio de la Operación Barbarroja. Tras encuentros con restos de unidades soviéticas, la primera batalla de importancia fue la conquista de la ciudad ucraniana de Korosten, a principios de agosto de 1941. Lejos de lo que se suele creer, la conquista de Ucrania no fue ningún paseo militar por parte de los alemanes. Y prueba de ello es que la batalla de Korosten, encuadrada en la conquista de las ciudades de Dubno, Lutsk y Brody, fue la batalla en la que intervinieron un mayor número de carros de combate hasta la épica batalla de Kursk (1943). La 113º División de Infantería sufrió un total de más de dos mil bajas, entre ellas más de 800 muertos.

Lejos de los que se suele creer, el trayecto hasta Stalingrado no fue un camino de rosas.

El punto crítico de la batalla de Korosten fue la conquista de la cabeza de puente de Malin, en la que Weber participó activamente. Sin apenas, descanso la División continuó peleando hasta cruzar el río Dniéper y participar en el cerco de la ciudad de Kiev. A mediados de septiembre de 1941, Kiev caía. Y con ello, a la 113º le fue otorgado un merecido descanso en la región de Zhytomir.

Tras un breve periodo ocupando Kiev, Weber y sus conmilitones fueron enviados a Croacia a sofocar la revuelta serbo-croata de los partisanos de Tito. Éstos fueron derrotados, aunque no aniquilados, y a pesar de que la revuelta fue sofocada, los partisanos continuaron con su incasable resistencia, si bien la mayor parte de las unidades alemanas fueron de nuevo trasladadas al Frente Oriental. Pero los alemanes jamás dejaron los Balcanes a su suerte y siempre mantuvieron importantes contingentes, aunque gran parte del peso de las operaciones anti-partisanas las llevaban a cabo de los chetniks de Draza Mihailovich (1).

A principios de 1942, la 113º División regresaba al Frente Oriental. Mientras dura lo más crudo del invierno, la situación es de una relativa calma, si bien se continúan librando pequeñas batallas. Lo hacía encuadrado en el 6º Ejército del célebre Friedrich Paulus (2), dentro del VIII Cuerpo de Ejército, bajo el mando del general Heitz (3). Por cierto, el 113º estaba comandado en ese momento por el general Sixt von Armin, que acababa de sustituir al general Zickwolff (4).

Sixt von Armin, general de la 113º División de Infantería.

Pero los dos ejércitos, tienen previstas sendas ofensivas para el inicio de la primavera. El mariscal Timoshenko (5) quiere atrapar a parte del 6º Ejército, que se ha quedado en el saliente de Barvenkovo, y se adelanta a Paulus, frustrando su “Operación Friedericus”. Tras unas victorias iniciales del ejército soviético, los alemanes contratacan y consiguen empujar a los soviéticos más allá del río Don… hasta el Volga. Provocando ingentes pérdidas para los soviéticos.

En estos días, la 113º de Anton Weber se hallaba justo en el centro de la ofensiva de Timoshenko. A pesar de lo durísima de la ofensiva inicial, la División consigue replegarse con un cierto orden unos diez kilómetros en dirección oeste, consiguiendo estabilizar una línea defensiva a lo largo del río Berestovaya, cerca de la ciudad de Krasnograd. A pesar de que sus fuerzas están muy debilitadas, a finales del mayo pasan al contrataque y consiguen llegar hasta la ciudad de Orel.

En junio, participan en la Segunda Batalla de Járkov y tras su conquista, arrasan diversas poblaciones hasta llegar el 10 de junio a Volchansk. Sin dejar el frente del Don, se instalan al sur de la ciudad de Kotluban. Se hallan a las puertas de Stalingrado, en su cara norte.

A partir de ahí, la historia la conocemos todos. A finales de agosto, las tropas alemanas se quedan a las puertas de la ciudad, a la espera que la Luftwaffe la “reblandezca”. A mediados de septiembre, la Werhmacht penetra en la ciudad. Los de la 113º entran por la zona norte y consiguen acercarse a la orilla del Volga. Y cuando parece que todo está ganado: llega el desastre.

La llegada de Zhukov con nuevas tropas procedentes de Siberia, consiguen detener el ataque. Además, cambia la estrategia. En lugar de tratar de reconquistar la ciudad, el objetivo de Zhukov era mucho más ambicioso: destruir el 6º Ejército. Para ello, planeó rodearlo en lo que se llamó la Operación Urano. Ante la 113º División de Infantería, se opuso el 24º Ejército soviético, bajo el mando del general Galanin (6).

Página del Wehrpass de Anton Weber donde se indica dónde luchó.

Las líneas de retaguardia del 6º Ejército estaban defendidas por soldados rumanos e italianos, mal equipados y con la moral por los suelos, así que un impetuoso avance ruso rompió sus líneas y ya fue demasiado tarde para Paulus poder reaccionar. Las tropas rusas cerraron el cerco en la ciudad de Kalach el 23 de noviembre. Anton Weber acababa de ser evacuado de Stalingrado.

Cómo consiguió Weber ser evacuado es otro de los misterios que su Werhpassno nos desvela. Lo cierto es que Anthony Beevor, a través de su imprescindible obra “Stalingrado” nos señala que la inanición se cebó en la 113ª, así que no seria improbable que Weber sufriera alguna enfermedad derivada de la desnutrición, como la disentería (que llegó a sufrir Paulus) o el escorbuto.

Tropas alemanas luchando en Stalingrado.

De hecho, tampoco sabemos nada del día a día de Weber en Stalingrado. Sin embargo, nos han llegado las cartas de otro cabo de su mismo Regimiento de Artillería, si bien éste estaba destinado en el batallón 11º. Se trata de las misivas que August Kerling envió a sus hermanos (7). Éstas nos muestran como la principal preocupación de los miembros del 87º Regimiento de Artillería, era sobre todo la obtención de alimentos. Mientras la pista de vuelo se mantuvo abierta, a los soldados y militares les llegaban paquetes de comida de un modo más o menos irregular. Otra de sus preocupaciones, era que no los trasladaran a una unidad de infantería para ir a combatir a la ciudad, pero era tan habitual como inevitable, dado el alto porcentaje de bajas. Kerling sobrevivió hasta el final. Aunque en sus cartas no se termina de saber cuál fue su final.

Sí sabemos cuál fue el del 6º Ejército. De los aproximadamente, 330.000 hombres que formaron parte de la ofensiva: unos 150.000 murieron en Stalingrado, 90.000 fueron hechos prisioneros, de los que tan sólo regresaron con vida a Alemania unos 6.000. Si tenemos en cuenta las batallas previas a Stalingrado, probablemente, el 85% de los miembros del 6º Ejército fueron baja por herida, muerte, desaparición o prisión.

Monumento a la Madre Patria de Volvogrado (la antigua Stalingrado).

¿Cómo siguió la vida de Weber? Regresó a Alemania, donde fue encuadrado en una Ersatz. Literalmente, es una palabra que se traduce como “refrito”, más o menos, y eran unidades de combate compuestas por los supervivientes de unidades que habían sido destruidas y que iban a cubrir las bajas de otras unidades mayores. A finales de 1943, estuvo más de un mes hospitalizado. Y en 1944, formó parte de la Unidad de Entrenamiento nº17. No volvió a entrar en combate y se le desmovilizó en mayo de 1945.

 

Notas:

(1) Los Balcanes, ese encantador polvorín. Ya desde esa época, era una lucha de todos contra todos. Por un lado, los partisanos comunistas de Tito (1892-1980); por otro, los chetniks de Dragoljub “Draža” Mihajlović (1893-1946), monárquicos y anti-comunistas. Si bien al inicio de la invasión nazi, ambas facciones trataron de colaborar, el hecho de que ninguna de las partes se quisiera subordinar a la otra, desembocó en una guerra civil entre ellos, en los chetniks llegaron a ser ayudados y financiados por los británicos, a la vez que luchaban codo con codo con los nazis para aniquilar a los comunistas de Tito. Cuando el colaboracionismo de Mihailovich empezó a ser descaradamente evidente, por pudor, los británicos dejaron de colaborar con ellos. De todas maneras, para dar una vuelta de tuerca al asunto, los nazis acabaron poniendo precio a la cabeza de Mihailovich, que unos meses después volvería a aliarse con los alemanes, con el objetivo de terminar con Tito. Pero no solo no pudieron terminar con él, si no que el indomable yugoslavo acabó per echar a los nazis y encarcelar (y mandar ejecutar) al general monárquico.

(2) Friedrich Paulus (1890-1957). Se alista al ejército alemán en 1910. Luchó en la Primera Guerra Mundial, terminando con el grado de capitán. Se mantuvo en el Reichwerh, donde fue ascendiendo en puestos de importancia, como por ejemplo fue el sustituto del mismísimo Guderian como Jefe de las Tropas Panzer, en 1935. Era considerado como uno de los mayores expertos en la guerra motorizada. Participó en la conquista de Polonia, Bélgica y Francia. En 1940, es nombrado Jefe del Estado Mayor del ejército de Reichenau, que se disponía a la conquista de la URSS. En diciembre de 1941 recibe el mando del 6º Ejército. En la primavera de 1942, el general ruso Timoshenko lo sorprende con su ofensiva, lo que le obliga a retirarse, si bien contratacará con éxito. Recibió la orden de avanzar hasta Stalingrado. Si bien, en un par de semanas logra conquistar el 80% de la ciudad, es incapaz de derrotar los focos de resistencia que se mantenían en posiciones fortificadas en la ribera del Volga. Desde ahí, llegan tropas siberianas de refresco que, junto al crudísimo invierno y a los problemas logísticos de los alemanes, provocó que la ciudad se convirtiera en un descomunal cementerio. Cuando a finales de 1942, los soviéticos lograron cercar al 6º Ejército, su suerte ya estaba echada. Y más cuando fracasó el intento de von Manstein de rescatarlos. Hitler lo nombra Mariscal de Campo, a sabiendas que ningún oficial de ese rango se ha rendido. Pero Paulaus, enfermo de disentería, para escándalo de los nazis más fanáticos, se niega a suicidarse y se rinde, con el resto de sus tropas, a principios de febrero de 1943. Una vez prisionero, colaboró con el Comité Nacional por una Alemania Libre, de inspiración anti-nazi, y fue testigo en los Juicios de Nuremberg. Fue liberado en 1953, pasando sus últimos días en Dresde (RDA). No vamos a hacer un juicio sobre la capacidad de Paulus.

(3) Walter Heitz (1878-1944). Se alistó al ejército alemán en 1898. Participó en la Primera Guerra Mundial y continuó en el Reichwerh. Fue un entusiasta nazi desde el inicio y al estallar la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que por edad se podría haber retirado, solicitó permanecer en servicio activo. Como jefe del VIII Cuerpo del Ejército, en 1939 participó activamente en la conquista de Francia. En 1941, fue transferido al Frente Oriental, como parte del 6º Ejército. Cuando la situación se puso complicada, fue partidario de resistir hasta la última bala y de ejecutar a derrotistas y partidarios de la rendición. Pero tras el colapso del frente sur alemán, y ante la imposibilidad de seguir luchando, se rindió el 31 de enero de 1941. Murió de cáncer en 1944 estando en cautividad.

(4) Friedrich Zickwolff (1893-1943), nació en Bayreuth. Era hijo de un ingeniero y en su familia no había tradición militar. Entra en el ejército en 1908 y combate en la Primera Guerra Mundial, terminándola con el grado de capitán. Se mantuvo en el Reichwerh, donde fue escalando posiciones hasta ser nombrado general. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, recibe el mando de la 227º División de Infantería, con la que participaría en la conquista de los Países Bajos y Francia. En junio de 1941, al inicio de la Operación Barbarroja, es transferido al Frente Oriental, recibiendo el mando de la 113º División de Infantería. Antes de las ofensivas de 1942, es transferido al mando de la 95º División de Infantería y, poco después, al de la 343º División de Infantería, situada en la Bretaña Francesa. Allí, en agosto de 1943, sufre un atentado por parte de la Resistencia, que lo deja gravemente herido. Fallece al cabo de unas semanas a causa de la septicemia que le provocaron las heridas.

Hans-Heinrich Sixt von Armin (1890-1952) este Teniente General provenía de una familia con una larguísima tradición militar. Su padre fue el general Friedrich Bertram, mientras que su madre, Pauline Auguste, era hija del general prusiano Julius von Voigts-Rhetz. A Hans-Heinrich no le faltaba pedigrí. Nació en la población pomerana de Stettin (hoy en día, en Polonia, se conoce como Szczecin), ciudad que quedó absolutamente arrasada por los raids aéreos de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. La carrera militar de Hans-Heinrich empezó en la Primera Guerra Mundial, donde llegó a obtener el grado de capitán. Una vez terminada la Gran Guerra, consiguió mantenerse en el Reichwehr. Al principio de la Segunda Guerra Mundial, recibe el mando de la 95º División de Infantería, con el que atacaría a la URSS, lugar del que no regresaría nunca. En 1941, mandó ejecutar a unos 200 judíos, como represalia por un ataque partisano. En junio de 1942, recibe el mando de la 113º División de Infantería, con la que atacará la ciudad de Stalingrado desde el norte, el conocido como Frente del Don. A pesar de los avances iniciales, la ofensiva alemana se frena en seco y los suministros no llegan, llevando a su División a situaciones límites y con una cantidad de bajas. Durante su cautiverio, se convirtió en un gran amigo de Paulus. Murió en la URSS en 1952.

(5) Semión Timoshenko (1895-1970), este ucraniano fue uno de los más destacados militares en la historia de la Unión Soviética, a pesar de sufrir algún sonoro fracaso. Hijo de unos campesinos sin tierras, fue reclutado como soldado de caballería en la Primera Guerra Mundial, pero una vez rendida Rusia, se unió al Ejército Rojo. En Tsaritsyn (la futura Stalingrado), conoció a Stalin, a quien una uniría desde entonces una estrecha amistad, lo cual le salvó de las purgas, a pesar de que algunas de sus heterodoxas opiniones. Además de destacar en la Guerra Civil rusa, también tuvo una destacada participación en la guerra contra Finlandia. Con la invasión nazi de la URSS, Stalin lo nombró jefe del Grupo de Ejércitos Centro, que no pudo detener a los alemanes, pero retrasó lo suficiente su empuje como para blindar la ciudad de Moscú. En el invierno de 1941-42 fue enviado al frente de Ucrania, que logró estabilizar, si bien su posterior ofensiva acabó fracasando y fue empujado por el 6º Ejército de Paulus hasta Stalingrado, donde fue relevado del mando de la defensa de la ciudad cuando esta estaba a punto de caer definitivamente en manos de los nazis. A pesar de ello, su buena fama como militar nunca decayó y siguió comandando ejércitos hasta el final de la guerra. Una vez terminada la Gran Guerra Patriótica, ocupó diversos cargos políticos hasta su muerte.

(6) Ivan Vasilievich Galanin (1899-1958). Su trayectoria militar es similar a la de la mayoría de mandos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial: bautismo de fuego en la Primera Guerra Mundial, alistamiento como voluntaria el Ejército Rojo durante la Guerra Civil rusa y promoción o destacadas actuaciones en alguno de los conflictos armados en el periodo de entre-guerras (mundiales). En el caso de Galanin fue en la batalla de Jalijin Gol (1939) contra los japoneses. Al inicio de la Operación Barbarroja, no se puede decir que a los ejércitos a su mando le fueran mejor que a la mayoría de sus colegas. Pero su suerte cambió con la Operación Urano, en la que comandó el 24ª Ejército. También destacó en la Batalla de Kursk, al mando del 41º Ejército de Guardias.

(7) http://www.stalingrad-feldpost.de/briefinh-U/Briefinhalte/Briefinhalte2/Briefinhalte3/Briefinhalte4/kerlingbf-inhalte-kehring.html

 

 

 

“La Milicia y el Arte”: exposición de Cusachs en Barcelona

Etiquetas

, , , , , , ,

 

El Museo del Modernismo de Barcelona acoge hasta el día 21 de julio, una exposición titulada “La Milicia y el Arte” en la que se pueden disfrutar de gran parte de las obras del militar y pintor catalán Josep Cusachs i Cusachs. Para los amantes del arte y la militaría, en España no existe un artista más legendario, así que, a pesar de su corta duración, no os perdáis de ver en vivo su magnífica obra.

Josep Cusachs (Montpellier, 1851 – Barcelona, 1908) nació en el seno de una familia burguesa catalana (1). Su alumbramiento tuvo lugar accidentalmente en Montpellier, donde se encontraban sus padres por motivos de trabajo. Su padre, Celestí Cusachs, era médico-cirujano. Tras su bautizo, se trasladaron a Barcelona, ciudad en la que viviría casi toda su vida, junto con la cercana Mataró, que es de donde era originaria su familia.

“Desfile en el campo delante del rey Alfonso XIII”, de Josep Cusachs (1904). Museu Nacional d’Art de Catalunya.

De pequeño siente una temprana vocación militar, inédita en su familia, por lo que ingresa en la Academia Militar de Artillería de Segovia. Se licencia como cadete y durante un tiempo compaginará sus dos vocaciones: el arte y la vida militar. En cuanto a la vida militar, participó en la Tercera Guerra Carlista, destacando su participación en el País Vasco y en Catalunya, donde tendrá un papel destacado en la toma de Olot. En cuanto al arte, estudia en Barcelona con Simón Gómez (2), uno de los más destacados artistas del movimiento realista español, y en París con Édouard Detaille (3), pintor galo experto en temática militar, y su más directa influencia.

A medida que su obra va gozando de más éxito, se le hace imposible compaginar sus dos vocaciones, por lo que se inclina por seguir pintando… pero lo que no abandona es la temática militar que le ha hecho tan famoso y que le llevará ganar numerosos premios internacionales, como la Medalla de Oro de la Exposición de Berlín (1891) por su obra “Maniobras de división”, así como encargos de importantes personajes de la época, como Alfonso XIII o el presidente de México, Porfirio Díaz (cuadro por el que recibió 20.000 pesos, una cantidad astronómica en su época).

“Retrato del capitán Eduardo Temprado y Pérez”, de Josep Cusachs (1898). Grupo de Artillería Antiaérea III/73 Patriot, Marines. Valencia.

En la exposición se podrán ver la mayoría de sus cuadros más importantes como “Salida en batería” (del Museo del Ejército de Toledo); “Toma del fuerte del Collado de Alpuente” (del Museo Histórico Militar de Valencia), o “Batalla de Arlabán” (del Museu Nacional d’Art de Catalunya).

También destaca la colección de dibujos, que supusieron un fiel testimonio documental de la evolución del ejército de la época en uniformes, armamento y pertrechos, y que a finales de 1886 recopiló en un gran álbum titulado “La Vida Militar”, con textos de su colega y amigo, el capitán Francisco Barado (4), una obra que es aún relativamente fácil de encontrar y que es toda una delicia.

En cuanto a su vida personal, Josep Cusachs se casó en 1890, con Maria del Pilar Pujol de Pastor i Magarola, hija de una importante familia burguesa de Barcelona, siendo la novia diecisiete años más joven que el pintor. Tuvieron tres hijas, siendo la menor la única en tener descendencia. Hoy en día sus descendientes se llaman Roca-Cusachs.

“Carga de Caballería”, de Josep Cusachs (1897). Inspección General del Ejército, Barcelona.

En cuanto a la exposición, vaya por delante asegurar que es muy interesante y que los habituales de este blog lo vamos a pasar en grande. Eso está garantizado. Y ello es algo que debemos agradecer al Ministerio de Defensa, organizadora del evento. Ahora, que es una pena que un autor del que es tan sumamente complicado ver una retrospectiva de su obra, dure tan poco tiempo (poco más de tres semanas) y que con una promoción tan limitada (quiero agradecer al Sr. Prieto Barrio que me haya avisado), que va a provocar que la repercusión de esta exposición no sea multitudinaria.

Además, ya puestos a realizarla, se echa en falta algún cuadro de la época que ayudara a contextualizar el momento. No hubiera sobrado alguna referencia a Marià Fortuny, cuyas obras sobre la Guerra de África, a buen seguro que Cusachs conoció e influenciaron. Del mismo modo, se podría haber pedido en préstamo alguno de los magníficos cuadros de Detaille. Y si hablamos de las influencias de Cusachs, no nos olvidaremos de sus seguidores. El más famoso de ellos es un pintor contemporáneo nuestro, y catalán como el propio Cusachs, Augusto Ferrer-Dalmau. ¿En cualquier caso, no os perdáis la exposición!

Josep Cusachs.

Ésta podrá visitarse en el Museo del Modernismo de Barcelona (C/Balmes, 48) de lunes a sábado de 10:30 a 14:00 y de 16:00 a 19:00 y domingos de 10:30 a 14:00 hasta el 21 de julio. Entrada libre y gratuita.

 

 

 

Fuentes y más información:

http://www.foroxerbar.com/viewtopic.php?t=11027

https://www.raco.cat/index.php/FullsMASMM/article/viewFile/118211/150161

https://www.mataro.cat/ca/actualitat/noticies/2012/el-fons-documental-de-la-familia-roca-cusachs-es

 

Notas:

(1) En el año 2012, la familia Roca-Cusachs donó al Archivo Municipal de Mataró, los archivos comerciales de la familia, formados fundamentalmente por la documentación de Gaspar Cusachs Planas (1760-1829) y Gaspar Cusachs Costa (1800-1871) que eran, respectivamente, el bisabuelo y abuelo de Josep Cusachs. Se trataba de una importante saga comercial que tuvo ramificaciones y negocios en Latinoamérica.

(2) Simón Gómez Polo (Barcelona, 1845-1880) es uno de los pintores españoles más destacados del movimiento del realismo. Se formó en Barcelona y París. Allí se convierte en un destacado alumno en diversos talleres de pintura, pero al finalizar los fondos familiares (y tras la negativa de patrocinio de la reina Isabel II, que se hallaba allí exiliada), debe regresar a España. Su primera etapa es en París. Estudia en profundidad las más destacadas obras del Museo del Prado y recibe numerosos encargos, ya sea de copias de obras del museo o de originales suyos. Al cabo de unos dos años, regresa a Barcelona y abre un taller en el popular barrio del Poble Sec, donde tendrá como alumno a Josep Cusachs. Murió poco después, a la prematura edad de 35 años.

(3) Édouard Detaille (París, 1848-1912), nació en el seno de una familia acomodada de larga tradición militar. Sin embargo, su más pronta vocación fue el arte, y ya de muy joven entró a trabajar en talleres de importantes artistas de la época. Uno de sus primeros cuadros ganó un concurso de arte y fue adquirido por Matilde Bonaparte, prima de Napoleón III. Al estallar la guerra franco-prusiana, se alistó en el ejército y participó en diversas acciones de combate. Dos de sus hermanos fallecieron en la contienda. Al finalizar la guerra, se dedicó de lleno a su trabajo como pintor, especializándose en la temática militar, cuyos cuadros le harían famoso en todo el mundo. En vida, no le faltaron reconocimientos. Tampoco en su muerte, que fue muy sentida, especialmente entre el ejército. En su funeral, rindieron homenaje el 28º Regimiento de Infantería, cuyo uniforme había sido diseñado por el propio Detaille. Está enterrado en el mítico cementerio de Père-Lachaise.

(4) Francisco Barado y Font (Badajoz, 1853 – Tarragona, 1922). Fue un militar y escritor español. Poco después de nacer, su familia se traslada a Barcelona, donde Barado se licenciará en Filosofía y Letras. Participa en la Tercera Guerra Carlista, si bien deja la carrera militar cuando ésta concluye. Dedica el resto de su vida a la literatura, escribiendo en revistas en catalán como La Renaixença o La Ilustració Catalana.

La Armada Invisible (1719)

Etiquetas

, , , , , ,

La incursión de un contingente español en el castillo escocés de Donan

El castillo de Donan, Escocia.

Hace ahora 300 años de todo aquello…

Los pasajes heroicos a lo largo de nuestra historia, muchos estériles pero no por ello menos admirables, se cuentan probablemente por miles.

Una mezcla de arrojo inconsciente y de mala suerte, han ido creando contextos extremos en los que al final había que tirar de valentía descarnada, y de una cierta dosis de inmolación colectiva tan del gusto de la Península. También tuvimos de los otros, en los que el arrojo, la determinación, y la alineación de los astros nos permitieron conseguir victorias incomparables. Alguien dijo que nuestra Historia siempre acaba mal. No estoy en absoluto de acuerdo. Pero es indudable que solo el que se expone vence o sale trasquilado. De todo hemos conocido como decíamos.

Somos así, se nos da bien hacer de la adversidad un viejo compañero de andanzas, que a fuerza de estar siempre presente se convierte en uno más de la familia. Se la invita a pasar para quedarse. Así fue durante siglos.

Desde estás paginas hemos reflejado ya muchos momentos de este tipo. Algunos muy conocidos, otros menos, pero ambos de necesaria vindicación.

En esta ocasión queremos traeros una vicisitud que algunos estudiosos han calificado como la primera, y única vez, en la que tropas enemigas han logrado desembarcar y permanecer en las casi inexpugnables Islas Británicas. Con la salvedad tal vez de los Vikingos. En concreto en un remoto rincón del norte de Escocia. Lo que no lograrón ni Felipe-II, Napoleón ni Hitler, lo iban a conseguir un grupo de valerosos gallegos.

Nos situamos en 1719. Reinaba en España Felipe V, el primer Borbón de la dinastía, del que se llegó a decir que combatía sus procesos depresivos, constantes por otro lado, con guerras y escuchando al “Divino Farinelli”, instalado de retiro musical con él en el suntuoso y fascinante palacio de La Granja de San Ildefonso (Segovia).

Retrato de Felipe V, de Jean Ranc. En el Museo del Prado.

Retrato del rey de la Gran Bretaña, Jorge II.

La idea de la invasión de Gran Bretaña parte del Consejero de cabecera del Rey, el Cardenal Giulio Alberoni, y es inmediatamente aplaudida por este, indignado por las condiciones derivadas del Tratado de Utrecht (1715) y tal vez necesitado de algún estimulo anímico…, ante la previa, la verdad sea dicha, declaración de guerra por parte de Gran Bretaña y Francia.

Inicialmente se planteó una triple alianza entre España, Suecia y Rusia, frente a la famosa “Cuádruple Alianza 1718-1720” (Gran Bretaña, Francia, las provincias rebeldes de los Países Bajos y el Sacro Imperio Germánico) para invadir las islas. La idea pasaba por crear dos frentes abiertos. Uno invadiría Inglaterra y el otro por la retaguardia, Escocia. Este último escenario con el apoyo local de los Clanes Escoceses, en eterno enfrentamiento y disputa con el rey inglés Jorge II.

Hablamos en conjunto de una fuerza inicial de bastante entidad, unos 5.000 hombres, que contaba además de con el factor sorpresa, con el apoyo de las milicias Escocesas. Se pretendía incorporar para equiparlos muchas armas y pertrechos (25 barcos de transporte, 6 de guerra, y unas 30.000 armas en total, entre largas y cortas).

Como tantas veces en operaciones tan complejas y de coalición, en el último momento el contingente principal de las fuerzas de tierra (el sueco), que estaba previsto que atacara Inglaterra, se retira al morir poco antes su otro adalid, el Rey de Suecia, Carlos XII, y decidir su descendiente no seguir con el plan.

Los españoles, a pesar de lo temerario de la nueva situación, -esta decisión fue una vez más tomada por el poder político no militar-, deciden seguir adelante.

Hay quien apunta, en concreto Cesáreo Fernández Duro, conocido estudioso de la época, que se trataba de una maniobra de distracción frente a los ingleses para concentrarnos en la campaña de Italia, nuestro verdadero objetivo en aquella época. Tal vez este dato justifique un plan tan absolutamente arriesgado.

El grueso de la flota española zarpa desde Cádiz el 7 de marzo. Una vez más, como ya pasó con la mítica “Felicísima Armada” (*) de Felipe II en 1588, el factor climatológico, los famosos elementos en forma de terrible borrasca, dispersan y diezman la flota.

La fuerza secundaria va por libre, y casi de puntillas al tratarse tan solo de dos naves. Se convierte entonces en la única protagonista y se dirige a Eilean Donan en las remotas costas escocesas según el plan original. No se les pudo advertir que la operación se había abortado. Se habían quedado solos, pero lo que es peor, tardarían mucho en averiguarlo.

Dos fragatas con tan solo un batallón (unos 300 hombres), zarpa del puerto de Pasajes (Guipúzcoa). Se hacen un par de escalas previas de aprovisionamiento en La Coruña y Santander, partiendo inmediatamente después con rumbo a las islas. Finalmente desembarcan 307 integrantes del “Regimiento de Infantería de Marina Galicia Nº 64” al mando del oficial Pedro de Castro y Bolaño y del Sargento Mayor Alonso de Santarem, con el apoyo del Clan local de los MacKenzie, acantonándose en la fortaleza de Donan.

Escudo del Regimiento Galicia.

Se desembarca y se guarda en el castillo todas las armas previstas para armar a las milicias locales. Una parte del destacamento como decíamos, se instala en el castillo como cabeza de playa, y se deja una simbólica guarnición de unos 50 hombres.

De Castro, después de organizar a los Clanes insurgentes, avanza con el resto de su exigua fuerza, unos 250 infantes, hasta completar con los escoceses unos 1.000 hombres. El objetivo es conquistar la cercana ciudad de Inverness.

Los ingleses ya saben que hay una fuerza española que está organizando un levantamiento en Escocia pero no saben con qué efectivos cuenta. Se envían cinco fragatas hacia Donan. Al llegar y ver la enseña española ondeando en las almenas efectúan un preciso bombardeo dejándolo en ruinas. Hasta bien entrada la noche no se produce el asalto final. Entre las ruinas han seguido defendiendo la posición los 39 españoles que han sobrevivido a la lluvia de proyectiles. Son tomados prisioneros pero son tratados con respeto.

De Castro es informado y cunde por primera vez el desánimo y la sensación de que realmente están solos ante la que se avecina.

Los ingleses también por tierra se dirigen hacia ellos. El 10 de junio de 1719 se produce esta batalla (Glen Shiel) desigual pero encarnizada, producto como hemos ido desgranando de una sucesión de calamidades. Dada la valentía de los supervivientes españoles, con solo veinte bajas en total, los escoceses se habían replegado previamente al ser herido su líder, el mítico Rob Roy, los ingleses les permiten rendirse con honores, conservando intacta la honra y la bandera.

Tanto este grupo como los 39 supervivientes del castillo, fueron trasladados a Edimburgo como prisioneros antes de ser repatriados a España.

Se dice que en el cautiverio, que parece ser fue bastante llevadero, descubrieron un licor local, el Whisky, que les ayudo a recuperarse en todos los sentidos…

Escudo de armas de Felipe V.

 

(*) Para intentar ir superando esa especie de trauma colectivo con la “Armada Invencible”, cabria recordar llegados a este punto que cuando los ingleses en 1589 enviaron su Cotraarmada contra España (La Coruña), capitaneados por el famoso Sir Francis Drake, también salieron escaldados y fueron derrotados.

Una tal María Pita tuvo mucho que ver. Nuestra derrota se debió a factores no militares, la suya inmediata, a la heroica oposición en una lucha cuerpo a cuerpo y con la bayoneta calada.

El cazador del instante: José Ortiz Echagüe

Etiquetas

, , , , , , , , ,

A mí amiga Belén Martínez-Osorio, brillante creadora también de escenografías

 

Conservo en casa desde hace muchos años un libro del célebre fotógrafo José Ortiz Echagüe (*).

Perteneció a la biblioteca de mí abuelo y realmente siempre ha llamado mucho mí atención. Se trata de una cuidada edición de los años 40, que bajo el título de “España Mística”, recoge una serie de fotografías excepcionales de nuestro protagonista, que retrata magistralmente tanto a monjes de clausura y pasos de Semana Santa en pueblos remotos, como a distintos pasajes y paisajes de esa España devocional tan lejana ya en el tiempo. La calidad y personalidad de lo que el libro incorpora lo han convertido en una obra capital y de referencia. Lo que no es muy conocido de su biografía es que fue militar de carrera.

Hablamos de un gran maestro del llamémosle tipismo (no típico), del regionalismo costumbristas, o simplemente de un cazador aventajado del momento, de la luz y su espectacular reflejo en papel. Siempre en blanco y negro.

Ortiz Echagüe fue sin ninguna duda un fotógrafo realmente distinto, con un gran sentido artístico en la elección del motivo y la forma de plasmarlo. Todas sus fotografías son por ello de un estilo reconocible, entre la calcografía y el grabado, y en las que el individuo es casi siempre el principal protagonista. Captador como nadie de la expresividad, del gesto roto, del contraste en la iluminación, sus obras son cuadros efímeros, es una fotografía de lienzo, ante la que es difícil no sentir verdadera admiración. Sus series de monjes muy bien podrían recordar a los cuadros del gran Zurbarán.

Nuestro admirado autor, nació en Guadalajara en 1886 en el seno de una familia de clase media de capital de provincia. Hijo de militar y hermano del pintor Antonio Ortiz Echagüe. Llama la atención esa coincidencia de lo militar y lo artístico en una misma casa, circunstancia esta que forjaría su trayectoria y toda su obra posterior.

En el año 1903, siguiendo las indicaciones familiares, ingresa como cadete en la Academia de Ingenieros Militares de su ciudad. Hablamos en consecuencia de un pionero de la aviación militar en España, lo que le permite ser piloto militar y de globos aerostáticos desde 1911, dentro de las primeras promociones de este cuerpo recién creado.

En aquellos años su pasión por la fotografía se incorpora a su vida militar como una habilidad que le permitirá bautizarse como fotógrafo aéreo en la Guerra de Marruecos tomado instantáneas desde su avión de distintas posiciones enemigas.

Además de su quehacer en el Ejército, dedica su tiempo libre a captar con su cámara el exotismo del Marruecos de la época. Sus anónimos personajes, los rincones de las Medinas, la convivencia de dos culturas tan cercanas y al mismo tiempo tan antagonistas. Ese periodo tan fértil comprendió desde el año 1909 hasta 1916. Coincidiría con seguridad con el gran pintor del Protectorado, Mariano Bertuchi (**), que se instala en Tetuán en 1915. Algunos cuadros de este último recuerdan fotografías de Ortiz Echagüe y a la inversa.

(c) Ortiz Echagüe.

El perfil técnico e inquieto de nuestro joven piloto de guerra le permite, unos años después de regresar de Marruecos (1920), fundar en Getafe la empresa de titularidad pública CASA (“Construcciones Aeronáuticas S.A.”) en lo que sería el germen de una empresa que con los años adquirió mucho prestigio, y que aún hoy sigue con su actividad civil y militar, relanzada en los últimos años por su integración en el grupo Europeo “EADS-AIRBUS GROUP”.

(c) Ortiz Echagüe

En eso primeros años se fabrica allí, bajo licencia francesa, el famoso avión Breguet. En aquella época, y por la labor realizada en CASA, se le concede el título honorifico de “Gentilhombre de Cámara de Alfonso XIII”. También estaba en posesión de la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio.

Es una constante en este tipo de personalidades, y es una virtud de toda aquella generación, los registros polifacéticos, en los que la técnica, la curiosidad insaciable y la creación del tipo que sea, conviven en absoluta armonía. Médicos que además pintaban con maestría, abogados que escribían como los ángeles…, mecánicos que leían a los grandes clásicos. Otro ejemplo de esa amigable simbiosis a lo largo de toda su vida lo demuestra que también fue Presidente de SEAT desde 1950 a 1976.

Antes y después de esos cargos de relevancia, su producción artística es incesante. Vive pegado a sus cámaras que siempre le acompañan. En 1935 la prestigiosa revista norteamericana “American Photography” lo cataloga como uno de los tres mejores fotógrafos del mundo, y probablemente, como el más importante de España a lo largo de su historia. Nos llama la atención, que siendo la fotografía su gran pasión, siempre le dedicó un tiempo necesariamente limitado dadas las otras responsabilidades profesionales que jalonaron su carrera. Hacer tantas cosas distintas y hacerlas todas con maestría no está al alcance de cualquiera.

(c) Ortiz Echagüe

(c) Ortiz Echagüe

Ortiz Echagüe además de tener una muy depurada técnica llego también a dominar el positivado, que el mismo realizaba en su estudio, consiguiendo ese efecto pictórico y de claroscuro tan característico. Publicó una serie de libros que agrupaban por temática su muy variada producción:

-El Marruecos Español

-Fotos y Retratos Familiares

-Tipos y Trajes

-España, Pueblos y Paisajes

-España Mística

-España, Castillos y Alcázares

Su ingente obra se encuentra actualmente centralizada y custodiada en la Universidad de Navarra, dentro del llamado “Legado Ortiz Echagüe”.

(c) Ortiz Echagüe

Coincide esta reseña inaplazable de Ortiz Echagüe, -probablemente he esperado inconscientemente a escribir sobre este personaje tan singular por ello-, con que nuestro querido Blog alcanzará la mayoría de edad en breve, estando en puertas de llegar a los 100.000 hits.

Esta iniciativa que surgió de forma espontánea entre Joan Herrero y yo hace unos años, que partía de nuestra fascinación por la historia, la milicia, sus piezas y pasajes, se ha convertido en una fuente de satisfacciones, descubrimientos, confirmaciones, y sobre todo, nos ha permitido tener la certeza que todo lo que se haga en esta dirección, es poco.

Da igual que el foro parta desde el academicismo y la cátedra, o que lo sea como en este caso, como iniciativa amateur de dos grandes amigos que quieren contribuir humildemente, en permanente tándem y complementándose, a que ciertas cosas no se olviden del todo. Rescatar es devolver a la vida todo aquello que no puede perderse y es volver a vivirlo.

Si ese espíritu con el que nació el Blog ha logrado mínimamente su objetivo, y nuestros lectores así lo piensan, habrá merecido la pena.

La buena noticia es que esto no ha hecho nada más que empezar…

 

Para saber más del contexto:

 Ortiz Echagüe (*)

https://www.museoreinasofia.es/exposiciones/ortiz-echague

http://www.euskonews.eus/0161zbk/gaia16105es.html

 

Mariano Bertuchi (**)

http://www.lahistoriatrascendida.es/mariano-bertuchi/

 

 

Benemérito a la Patria: Auge y caída de la medalla que nunca existió

Etiquetas

, , , , , , ,

La verdad es que tenemos la suerte que el mundo de las órdenes y condecoraciones españolas está lleno de rarezas que en otros países serían impensables. Hace unos años, Jaume Boguñà me comentó un claro ejemplo de ello: la medalla de los Beneméritos a la Patria, una medalla que, en realidad, nunca existió. Siempre he querido poder escribir sobre esta medalla que, al fin, puedo exponer aquí.

Cuatro modelos diferentes de la versión para oficiales de la medalla de Benemérito por la Patria. Colección Jaume Boguñà.

Lo cierto es que el título de Benemérito a la Patria empezó a otorgarse durante la Guerra de la Independencia. Nos cuenta Félix Martínez (1) que se trataba inicialmente de un “inmaterial nomen iuris”, un título honorifico que el beneficiario podría hacer uso nominal, pero nada más. Los primeros galardonados fueron los “vecinos, moradores y milicianos” de la ciudad de Zaragoza que lucharon durante el Segundo Sitio de la ciudad, otorgándoles tal honor según Real Decreto de fecha 9 de marzo de 1809, a la que seguiría al año siguiente los defensores de la ciudad de Girona.

Una vez terminada la guerra, el título se empezó a distribuir con una cierta discrecionalidad, por lo que hubo diversos intentos de sistematizar los motivos por los que se podría recibir este nombramiento. Ya durante el reinado de Isabel II, Antonio Prieto Barrio (2) nos indica la existencia de algunas Reales Órdenes que tienen la intención, al menos en el terreno militar, de definir quién puede tener derecho a ostentar este título. Así, en la R.O. de fecha 18 de febrero de 1839 (Gaceta de Madrid número 1572, de 6 de marzo), se habla en todo momento del “derecho a la declaración de benemérito de la patria”, como un titulo meramente honorífico, y no se cita en ningún momento, ni en este, ni en ningún otra R.O. que esté asociado a ninguna medalla.

A falta de uno, dos. Este oficial escogió dos modelos diferentes para acompañar a su medalla de la Batalla de Gra. Colección Jaume Boguñà.

Poco después, empiezan a aparecer en las pecheras una medalla con forma de “cruz en aspa de cinco brazos, esmaltada en negro, cada una de las puntas acabada en un globulillo; los espacios entre los brazos con muralla de oro. Centro circular, sobre fondo blanco la inscripción BENEMÉRITO A LA PATRIA. Reverso con inscripción PATRIA Y LEALTAD. Adorno en la parte superior. La cinta azul, con franja lateral roja a cada lado”, según la precisa descripción de Prieto Barrio. ¿De dónde salió?

Cuatro modelos diferentes (dos de ellos lacados) de la medalla en la versión de tropa. No íbamos a ser menos. Colección Jaume Boguñà.

Lo cierto es que esta medalla es idéntica a la de la Milicia Nacional Voluntaria de Madrid en Cádiz, instituida según Real Decreto de fecha 14 de julio de 1834. Así pues, ¿cabe pensar que algún avispado vendedor queriéndose aprovechar de la vanidad de algunos militares que quisieran materializar un título que era meramente “nomen iuris”? No deja de ser una hipótesis, pero es plausible dado la cercanía en la creación de la medalla de la Milicia Nacional Voluntaria. Y quién sabe si el fabricante le supo dar salida a un stock de medallas que, los milicianos que doce años atrás habían ido a Cádiz ni sabían que tenían derecho a reclamar (3). ¡El caso es que la idea tuvo éxito! Qué bien quedaba la medalla en los pasadores de las guerras carlistas o en el de las guerras coloniales. Que será por guerras en la España decimonónica. Aún hoy, en el Casino Militar de La Habana, decorado con los retratos de diversos militares españoles decimonónicos, muchísimos de ellos lucen orgullosamente esta medalla en su pechera.

Tres modelos diferentes de la Medalla a los Defensores de Cádiz de la Milicia de Madrid. Anverso. Colección Jaume Boguñà.

Pero el carácter extraoficial de la medalla suponía un desafío a las ordenanzas militares. Era cuestión de tiempo que alguien dejara de hacer la vista gorda y que algún alto mando finiquitara la historia de una medalla que nunca debería haber estado allí. Sucedió en Cuba y nos lo explican Grávalos y Calvó (4), en el “Boletín Oficial de la Capitanía General de Cuba, año IX, numero 51, en la que se publica una resolución fechada el 13 de septiembre de 1870 en la que se dice: “Manuel González González, voluntario del Batallón de La Habana solicitó que se le autorizase a usar la Cruz de Benemérito de la Patria fundándose en que en dicha ciudad la usan los Jefes y Oficiales del Ejército. El Capitán General ha resuelto desestimar dicha instancia en atención a que no existe (oficialmente) dicha Cruz y que está prohibido su uso por diferentes reales disposiciones, la más reciente del 26 de agosto de 1867”. Así que, para disgusto del pícaro fabricante y sus seguidores, la medalla fue cayendo en desuso hasta desaparecer completamente de los pasadores de finales del XIX.

Reverso de las anteriores medallas. Colección Jaume Boguñà.

Por suerte y para todos los coleccionistas, es una medalla que a pesar de su antigüedad, es relativamente fácil de encontrar, lo que nos permite deducir que el “invento” fue todo un éxito.

 

Notas:

(1) Martínez Llorente, Félix (2013), pp. 210-211

(2) Prieto Barrio, Antonio (2018), p. 80

(3) Un miembro de la Milicia Nacional Voluntaria, por su propia naturaleza, es más que probable que doce años después de la campaña en Cádiz estuviera desvinculado de la Milicia y que nunca leyera la Gaceta de Madrid (dónde se publicaban las Reales Órdenes), por lo que muchos de ellos ni supieran que tenían derecho a dicha medalla y, en consecuencia, el fabricante de la medalla se viera con un stock de medallas del que no sabría cómo desprenderse.

(4) Grávalos y Calvó, pp. 111-112

 

Bibliografía

GRÁVALOS GONZÁLEZ, Luis y CALVÓ PÉREZ, José Luis: Condecoraciones Militares Españolas. Editorial San Martín, Madrid, 1988

MARTÍNEZ LLORENTE, Félix: “Cómo si del Rey de tratase: El ejercicio de Regalías Premiales por las Juntas Supremas, Regencia y cortes de Cádiz (1808-1814)” en PALACIOS BAÑUELOS, Luis y RUIZ RODRÍGUEZ, Ignacio (comp.): Cádiz 1812. Origen Del Constitucionalismo Español. Editado por Librería-Editorial Dykinson, 2013

PRIETO BARRIO, Antonio: “Otras Condecoraciones hasta 1930” en Compendio Legislativo de Condecoraciones Españolas. Edición actualizada a 1 de junio de 2018.

 

Mañana en la batalla piensa en mi.

Etiquetas

, , , ,

La tumba escondida desde 1812 del General británico William Wheatley en el Jardín de los Frailes del Monasterio de El Escorial

Tengo un vínculo formal y emocional con El Escorial, e inevitablemente por extensión con el sobrecogedor Monasterio, desde mi infancia. Factores familiares, sus muy variados atractivos y la proximidad con Madrid, me han permitido ir cientos de veces desde muy pequeño.

Creo que ha quedado muy claro que en este blog tenemos una especial querencia y debilidad por los pasajes, piezas, personajes y lances olvidados, orillados por la historia y por los que ha pasado el tiempo sin dejar el más mínimo rastro. Salvo tal vez en círculos muy reducidos de sesudos estudiosos y grandes especialistas.

Mi papel no es ese evidentemente, nunca podría competir con ellos, pero si tal vez el de despertar curiosidades, hacer un boceto preliminar que permita investigar, pintar “al natural”, y sobre todo, leer en profundidad sobre estos atractivísimos asuntos.

La otra mañana dando un paseo por los jardines del Monasterio con unos amigos, vi por primera lo que parecía una placa conmemorativa en mármol y redactada en inglés que me llamo mucho la atención. Una vez investigado someramente el asunto, he confirmado que en realidad se trata de una lápida que señala el lugar exacto donde está enterrado desde 1812 un general británico que intervino en La Guerra de la Independencia (1808-1814), la Guerra Peninsular como la llaman los ingleses, y que murió como consecuencia de sus heridas en el propio Monasterio.

En aquella época el edificio de Juan de Herrera fue habilitado provisionalmente como hospital de campaña para los integrantes de la coalición contra Napoleón.

Dice así:

“A la memoria del General en Jefe Guillermo Wheatley, primer guardia de Lesnes en el condado de Kent, nacido el 14 de agosto de 1771, muerto en El Escorial el 1 de septiembre de 1812 y enterrado en este punto. Estuvo en las batallas de La Coruña, Barrosa, Salamanca y en muchas otras. Lord Wellington quiso colocar una lápida en su memoria en este muro; pero debido a la corta estancia del ejército inglés en Madrid no pudo realizarse entonces: lo efectuó el Coronel Moreton Wheatley, su nieto, en el año 1905”

La peripecia parecía esconder un pasaje lo suficientemente empolvado y anacrónico como para dedicarle al menos una breve reseña.

Hay una primera versión, tal vez un tanto novelada, por la que en el año 1812 el Duque de Wellington visitó en el Monasterio a su compañero de armas, que permanecía ingresado de gravedad como consecuencia de las heridas sufridas en el campo de batalla. Poco después fallece y se decide enterrarle en los jardines del Monasterio como improvisado Camposanto. Wellington da las órdenes para que se coloque una lápida en recuerdo del general. Esta decisión no se llegaría a poder realizar por las propias circunstancias del conflicto.

Frente a lo que la propia lápida reza, hay otra versión menos laudatoria, consistente en que Wellington no pasó por El Escorial para visitar al moribundo WW.

Después de la crucial batalla de Salamanca en julio de 1812 (la famosa de “Los Arapiles”) en la que efectivamente participó Wheatley, y donde probablemente sufrió las heridas que le llevaron a ser ingresado en El Escorial, las tropas de Wellington entran en Madrid el 12 de agosto de 1812 para descansar y avituallarse.

Días después parte de los regimiento son trasladados a El Escorial pero Wellington se va directamente camino de Arévalo y Valladolid. Esto ocurre el mismo día en que WW fallece, el 29 de agosto de 1812, aunque en la placa pone la fecha del 1 de septiembre.

La batalla de Arapiles

Y allí quedo una tumba olvidada y sin identificar, como tantas otras por otro lado, de un militar de cierta importancia, entre sillares de granito y cuidados setos de boj, muerto defendiendo sus propios intereses desde luego pero también los de España que luchaba encarnizadamente por expulsar a la Grande Armée.

Obelisco conmemorativo de la batalla de Arapiles.

Ya entrado el siglo XX, en 1905, un nieto del general, también militar y con el empleo de coronel (Moreton Wheatley), dispuso una placa que es la se puede ver actualmente en el muro del “Jardín del Rey” del Monasterio.

Lo que resulta indudable es que como alto oficial a sus órdenes, Wellington conocía perfectamente a WW, y bien pudo al enterarse de su fallecimiento dar instrucciones para este pequeño homenaje que no se pudo llevar a cabo hasta 93 años después.

Whetley había ascendido en realidad hacia muy poco al empleo de “Mayor General”. En concreto el 1 de enero de 1812, por lo que su campaña en España la hizo prácticamente entera como Coronel de un Regimiento de Granaderos. No hablamos de un militar legendario y desafortunadamente no hay excesivos datos sobre él.

Hay alguna referencia en la “Historia de la Guerra Peninsular” del autor Omán. Allí se recoge que en enero de 1811 la coalición decide obligar al enemigo francés a levantar el sitio de Cádiz de tal manera que las fuerzas aliadas desembarcaron en Tarifa. Dichas tropas estaban integradas por unos 15.000 hombres, de los cuales 4.300 eran británicos y 1.764 sirvieron a las órdenes del entonces coronel Wheatley.

Descansa en paz viejo amigo. Estas enterrado en un sitio excepcional donde muchos querríamos iniciar el último viaje…

Para saber más del contexto:

http://www.sitiohistoricolosarapiles.com/labatalla.php

file:///C:/Users/Usuario/Downloads/4264-4351-1-PB.PDF

Lectura recomendada: Historias de Medallas, de Rossend Casanova

Etiquetas

, , , , ,

A pesar de compartir nombre con las medallas que son objeto de estudio y difusión de este blog, las medallas conmemorativas caen del sistema premial, para formar parte del mundo de la numismática. Pero no por ello podemos menospreciar su estudio, ya que muchas de ellas también tratan temas militares y, más allá de ello, son objetos históricos con una historia detrás que merece ser contada. Y eso es el objetivo que cumple el libro recientemente publicado “Historias de Medallas”, de Rossend Casanova.

Para resumir el libro en una frase, diríamos que se trata de una excelente introducción al mundo de las medallas conmemorativas. A parte de las medallas se nos habla de sus escultores, de sus fabricantes, de los modos de fabricación, de cómo se vendían y hasta hay sitio para un robo y un asesinato.

Uno de los puntos fuertes del libro y que es susceptible de conseguir el interés del gran público es que cada capítulo está narrado como si fuera un cuento (o novela corta), pero basada en hechos reales. Es decir, que todo lo que en él se dice es cierto. Con ello, Casanova consigue que las historias sean amenas, en algunos casos divertidas y en todos los casos sorprendentes. Además, cada capítulo concluye con un breve anexo en el que se cuentan los flecos históricos de cada narración.

La historia dedicada a la medalla del Hundimiento del RMS Lusitania es mi preferida.

Son un total de once historias de medallas, que tratan temas variados aunque el periodo de casi todas ellas va de finales del siglo XIX a principios del XX. Y si bien cinco de ellas son francesas, también las hay españolas y alemanas. Dado el carácter de nuestro blog, mi capítulo preferido ha sido el dedicado a la medalla conmemorativa del hundimiento del RMS Lusitania, que dio provocó la entrada de los Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial. Pero sin olvidar los emocionantes capítulos referentes a las medallas dedicadas a Louis Pasteur y la marquesa Blocqueville y la divertidísima y surrealista historia de la medalla de Salvador Dalí.

¿Puntos negativos? Me hubiera gustado que se hubieran tratado más medallas de carácter militar, españolas o fabricadas en siglos anteriores al XIX. Sin duda, tenemos un rico patrimonio falerísitico que espero que podamos disfrutar en una segunda parte del libro. Estoy seguro que el autor considerará dedicar un capítulo a la célebre medalla del “Eclipse” del Sitio de Barcelona de 1706 (en el que las tropas inglesas consiguieron romper el sitio a la ciudad, derrotando (eclipsando) las tropas de Luis XIV, el rey Sol) o dedicar un texto al mítico medallista Bernat Castells.

Medalla dedicada a Louis Pasteur. La narración de su historia es emocionante y emotiva.

En resumen, se trata de una lectura amena, divertida, pero también erudita; que empiezas y no puedes parar, ya que cada narración te deja hambriento para seguir leyendo la siguiente historia. De hecho, me leí el libro de una sentada (una dos horas y media), ¡un hecho que no me sucedía desde hacía años! Una lectura muy recomendable.