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“Donde se ama a la medicina, también se ama a la humanidad”

(Platón)

A mis cuñadas Pilar y María y a mí sobrina Begoña, médicos y enfermera de UCI respectivamente, en primera línea contra el devastador Coronavirus, por su profesionalidad, entrega y valentía. La historia que hoy descubriremos juntos viene de muy lejos pero afortunadamente se mantiene el mismo espiritu en personas como ellas y como las del resto de héroes anónimos a los que aplaudimos cada tarde desde nuestros benefactores balcones.

El contexto en el que escribo esta crónica coincide con el confinamiento al que estamos sometidos la mayoría de nosotros. La libertad pasa por decidir cuál es el momento más adecuado para hacer según qué cosa. Cuando esta facultad desaparece de forma repentina e impuesta, todo adquiere una apariencia un tanto desdibujada. Saber enfrentar este tipo de situaciones, inspirándonos tal vez en actores de esta valía, podría ser una de las claves.

He creído que estando efectivamente en esta situación tan anómala y difícil por una epidemia, que inevitablemente nos ha devuelto a una vieja realidad que parecía ya superada hace siglos, no es mal remedio retrotraernos a otra, en concreto a la de la viruela en pleno siglo XVIII. Estoy seguro que podremos extraer grandes enseñanzas, y aunque pudiera parecer un tanto oportunista por mí parte, solo pretendo rendir un pequeño homenaje, uno más, desde estas líneas que tienen sobre todo vocación de eso.

Nuestra historia de hoy tiene un protagonista destacado y sobresaliente, el cirujano militar Javier Balmis Berenguer, pero como en toda epopeya no podemos olvidar también su carácter de hazaña colectiva.

Hay otros actores, no siempre secundarios o de reparto, que hicieron posible lo que en boca del médico descubridor de la vacuna contra la viruela (1796), el Dr. Edward Jenner, se convierte en el mejor elogio de lo que Balmis y sus compañeros de aventura fueron capaces de llevar a buen fin:

“NO IMAGINO EN LOS ANALES DE LA HISTORIA UN EJEMPLO DE FILANTROPIA MAS GRANDE QUE ESTE”.

Estaréis conmigo que viniendo del promotor de la vacuna, inglés para más señas, no es mal principio.

La biografía de Balmis como la de tantos otros personajes prácticamente olvidados o relegados a un lugar con poca visibilidad, tuvo varios antecedentes muy destacados, reveladores de una personalidad singular antes de encarar su gran aventura, la definitiva y por la que ha llegado a nosotros. Nuestro admirado cirujano militar nació en la ciudad de Alicante en 1753 en el seno de una familia con varios antecedentes médicos y que podríamos calificar de ilustrada. En 1775, interviene en el asedio de Argel, y se estrena como ayudante médico militar, encuadrado dentro de las unidades que mandó el mariscal de campo irlandés pero al servicio de España O´Reilly, en época de Carlos III.

Como joven cirujano desde un principio tuvo que foguearse en las durísimas intervenciones y tratamiento de las terribles heridas producidas en el campo de batalla. Cabría recordar que dentro del Ejercito en aquella época los médicos tenían una menor preponderancia que los cirujanos, al ser los primeros perfiles más de consulta y laboratorio y estar los segundos siempre actuando como parte de los Regimientos, en primera línea. Mas tarde, después de haber ingresado en el Cuerpo de Sanidad Militar que se había creado hacia muy poco y ya con el empleo de oficial, participa también en el asedio que en 1779 se promueve contra la guarnición inglesa de Gibraltar.

Nos ha llamado mucho la atención su participación también en la famosa y crucial batalla de Pensacola (Florida) en 1781 a las órdenes del gran Bernardo de Gálvez, del que ya hablamos profusamente en su momento. Dios los cría y ellos se juntan que diría el castizo.

Permanece en América cinco años conociendo por primera vez Nueva España, el actual México. Después de ser director durante unos años de un Hospital Militar especializado en las muy frecuentes enfermedades venéreas, en 1803 está ya por méritos propios en el circulo médico de confianza del Rey Carlos IV.  

No suelo dar mi opinión sobre los personajes que complementan a nuestros verdaderos protagonistas. Pero con Carlos IV me veo en la obligación de hacerlo, e inseparablemente con él a su nefasto hijo Fernando VII. La felonía que ambos protagonizaron ante Bonaparte en 1808 se inscribe por méritos propios como uno de los momentos mas oscuros de toda nuestra historia. Del mismo modo, y lo cortés no quita lo valiente, con su apoyo a esta expedición sí actuó con verdadero acierto. El ser humano es capaz de hacer convivir en su biografía lo mejor con sus verdaderas antípodas.

En aquel momento existe en Europa una creciente preocupación y sensibilidad con la epidemia de viruela. La vacuna había llegado a España en 1800 y Balmis traduce del francés el tratado del también médico Jacques Moreau de la Sarthe, en el que se detallaba todo lo relativo a la enfermedad y la vacuna. Cabe recordar que hasta el propio Rey había perdió a una de sus hijas por esta enfermedad, en concreto a la Infanta María Teresa de Borbón.

El brillante hallazgo del Dr. Jenner surgió al observar que las personas que ordeñaban a las vacas estaban inmunizadas ante la viruela al contraer en muchos casos previamente la variante de la enfermedad, que en estos animales, tenía un carácter mucho menos letal. A partir del suero de las propias vacas formula la vacuna, que desde un principio dio unos resultados sorprendentes. Desde entonces etimológicamente se llama así al remedio, -la vacuna-, en homenaje a estos providenciales animales.

En aquellos años, y este factor además de explicar muchas cosas pone de nuevo en relación el suceso que nos ocupa con el actual Coronavirus, el nivel y prestigio de los médicos españoles en general, y de los militares en particular, se encuentra entre los mejores de Europa. En este escenario Balmis, y el brillante cirujano catalán Josep Salvany, también dentro del cuadro médico de Palacio, le trasladan al Rey la necesidad de organizar una expedición asistencial para poder vacunar a los pobladores de toda la América Hispana y del Oriente Español, Filipinas.

Hablamos en consecuencia de la primera expedición asistencial de carácter global de la historia como años después también destacaría, lleno de admiración, el célebre y brillante pensador alemán Von Humboldt. El Rey decide finalmente sufragar con fondos públicos la “Real Expedición Filantrópica de la Vacuna” (1803-1806). Sabedor que amén de la obligación moral como Metrópoli la acción tendría una indudable buena prensa, consiguiéndose también beneficios de carácter político y de cohesión de estos remotos territorios.

Llegados a este punto me parece inaplazable no subrayar el papel jugado por Salvany y por otro personaje capital, Isabel Zendal. El primero como ya hemos adelantado, cirujano militar de mucha experiencia, fue impuesto por el propio Carlos IV ya que gozaba de un gran prestigio y predicamento en la Corte. Murió combatiendo la pandemia, vacunando en definitiva. Aquejado antes de partir de un principio de Tifus, pensó que el clima meridional de las colonias le ayudaría a superarlo. La realidad no fue esa desafortunadamente.

Isabel Zendal, según la OMS, fue la primera enfermera en una misión internacional. De origen muy humilde, esta valerosa gallega fue capaz con mucho esfuerzo de llegar a ser la directora del Hospicio de La Coruña. Su papel como tutora y responsable directa de los 22 niños, expósitos y portadores del remedio, fue determinante.

Efectivamente la genial idea, que también fue de Balmis, consistía en que estos niños serían los portadores, los custodios en palabras de la brillante historiadora Almudena de Arteaga, que llevarían en su cuerpo la enfermedad y el remedio. La mecánica consistió en que se fueron contagiando unos a otros a través del contacto de las pústulas características de la enfermedad.

En 1803 la expedición zarpa desde el puerto de La Coruña en la corbeta de 30 metros de eslora llamada “María Pita”, con toda su tripulación a bordo, Balmis, Salvany, Isabel Zendal y estos 22 valerosos niños. El barco, casi un hospital flotante, lleva todo tipo de instrumental quirúrgico y de laboratorio y dos mil ejemplares traducidos del libro de Jacques Moreau para poder servir de guía tanto en la propia vacunación como en la posterior difusión y mantenimiento del remedio. En cualquier caso la travesía fue larga y durísima, sobre todo para los niños.

El viaje en su conjunto duró tres años como decíamos y siguió a grandes rasgos el siguiente itinerario:

CANARIAS, PUERTO RICO, CUBA, VENEZUELA, COLOMBIA, ECUADOR, PERÚ, MÉXICO, FILIPINAS, e incluso CHINA (en concreto la colonia portuguesa de Macao) y alguna colonia europea del caribe como ST. THOMAS y otras.

Al resto de las provincias americanas también llegó la vacuna mediante expediciones derivadas de la principal. Una verdadera ofensiva militar, con un componente logístico y organizativo realmente descomunal que fue penetrando progresivamente en todo el territorio americano cumpliendo su objetivo curativo y de futura prevención.

Hay alguna anécdota francamente curiosa, en realidad debió haber miles en un asunto de esta complejidad, pero destacaremos una en concreto que ha llamado mucho mí atención, sin restarle yo creo ni un ápice de mérito a la expedición. Al recalar en La Habana comprueban con gran sorpresa que ya conocen la vacuna, había llegado por otras vías paralelas previamente, de la mano del también brillante médico Tomás Romay y Chacón (1764-1849), celebre higienista de la época y miembro destacado de la Real Academia de Medicina de Madrid aunque nacido en Cuba.

No podemos olvidar la preponderancia, riqueza y capacidades de algunos de aquellos territorios, lo cual en muchos casos les permitía una autonomía funcional en relación a las decisiones que se tomaban, con mayor o menor acierto, en la lejana Metrópoli.

La dificultad intrínseca de la tarea, la dimensión del territorio sobre el que interactuar, las penalidades de todo tipo con las que tuvieron que enfrentarse, la salvaje orografía de América y Filipinas, no fueron capaces de impedir que se cumplieran con gran brillantez todos los objetivos que se habían marcado antes de iniciar esta aventura realmente increíble, y que aun hoy, nos desborda y sobrecoge. El viaje también sirvió, inspirándose en la también importantísima expedición científica y política de Malaspina & Bustamante, unos años antes (1789-1794), para recopilar todo tipo de información y datos de interés, muestras botánicas de todos los territorios, información topográfica, fauna, etc. Destaca como parte del importantísimo y singular legado que se conserva en el Real Jardín Botánico de Madrid, una importante colección de grabados sobre plantas exóticas que trajo de China.

En cualquier caso, el verdadero éxito de la expedición fue la vacunación masiva de miles de individuos y la difusión por todo un continente de este maravilloso descubrimiento. Pioneros en definitiva llenos de pasión y enamorados de lo que hacían. Su inspiración de ayuda al necesitado, al olvidado con frecuencia, habla en voz alta de sus verdaderos protagonistas. Dos médicos, una enfermera y 22 ángeles efectivamente. ¿Os suena de algo, no lo vemos a diario en los centros de salud y en los hospitales de nuestras ciudades y pueblos?.

El Ejército Español, que sí suele conservar el recuerdo y salvaguarda su ingente bagaje histórico con mucho esmero, ha bautizado su meritoria contribución en la lucha contra el Coronavirus como “Operación Balmis”. Ahora ya sabemos la razón.

 

PARA SABER MAS:

  • ALMUDENA DE ARTEGA, “Ángeles Custodios” (2012)

Editorial Penguin Random House

  • JAVIER MORO, “A flor de piel” (2015)

Editorial Planeta