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El mundo del coleccionismo militar es amplio y variado. Y si bien en este blog estamos especializados en órdenes y condecoraciones, tampoco dejamos de lado hablar las medallas conmemorativas o la documentación militar. Éste último terreno me parece especialmente interesante, ya que, en caso de conseguir algún lote de un mismo militar, se puede seguir una trayectoria personal que a veces es propia de una verdadera novela bélica. Incluso hay documentos sueltos que son interesantísimos por sí mismos.

Dentro de este terreno, una de las variantes de este coleccionismo, muy extendido en Alemania o los Estados Unidos, son los Wehrpass alemanes de la Segunda Guerra Mundial. Un Wehrpass es el documento de identificación militar de un ciudadano, en este caso, alemán. Se diferencia del Soldbuchen que éste es expedido por las autoridades militares, mientras que en Wehrpass es expedido por autoridades civiles, si bien el tipo de información que recoge es muy similar en ambos casos.

Así, nos ha llegado un Wehrpass tremendamente interesante, que narra las vicisitudes de un sargento que perteneció a la División de Infantería nº113 de la Werhmacht. Una División que luchó en Rusia desde el inicio de la Operación Barbarroja y que fue aniquilada en Stalingrado. Este Wehrpassnos cuenta la historia de Anton Weber: nuestro hombre en Stalingrado.

Anton Weber era un alemán como cualquier otro. Había nacido el 24 de marzo de 1913, en Hesse, en el corazón de Alemania, concretamente en la pequeña ciudad de Kassel. Su padre, carpintero, se llamaba Heinrich y su madre, Eva, falleció prematuramente, cuando Anton contaba con tan solo 11 años de edad. Nuestro joven héroe se formó y empezó a trabajar como albañil. Poco más sabemos de él. ¿Sufrió las consecuencias de la terrible crisis económica? ¿Simpatizaba con los nazis? ¿Era miembro del partido? Poco más sabemos de él, a parte que en 1935, contrajo matrimonio. Lo que es seguro es que en 1940 fue llamado a filas y se le destinó en el 15ª Regimiento de Artillería y de allí fue transferido al 87º Regimiento de Artillería que sería encuadrado en la División de Infantería nº113 que fue destinada al 6º Ejército.

La unidad de Weber empezó a luchar la invasión de la URSS desde el inicio de la Operación Barbarroja. Tras encuentros con restos de unidades soviéticas, la primera batalla de importancia fue la conquista de la ciudad ucraniana de Korosten, a principios de agosto de 1941. Lejos de lo que se suele creer, la conquista de Ucrania no fue ningún paseo militar por parte de los alemanes. Y prueba de ello es que la batalla de Korosten, encuadrada en la conquista de las ciudades de Dubno, Lutsk y Brody, fue la batalla en la que intervinieron un mayor número de carros de combate hasta la épica batalla de Kursk (1943). La 113º División de Infantería sufrió un total de más de dos mil bajas, entre ellas más de 800 muertos.

Lejos de los que se suele creer, el trayecto hasta Stalingrado no fue un camino de rosas.

El punto crítico de la batalla de Korosten fue la conquista de la cabeza de puente de Malin, en la que Weber participó activamente. Sin apenas, descanso la División continuó peleando hasta cruzar el río Dniéper y participar en el cerco de la ciudad de Kiev. A mediados de septiembre de 1941, Kiev caía. Y con ello, a la 113º le fue otorgado un merecido descanso en la región de Zhytomir.

Tras un breve periodo ocupando Kiev, Weber y sus conmilitones fueron enviados a Croacia a sofocar la revuelta serbo-croata de los partisanos de Tito. Éstos fueron derrotados, aunque no aniquilados, y a pesar de que la revuelta fue sofocada, los partisanos continuaron con su incasable resistencia, si bien la mayor parte de las unidades alemanas fueron de nuevo trasladadas al Frente Oriental. Pero los alemanes jamás dejaron los Balcanes a su suerte y siempre mantuvieron importantes contingentes, aunque gran parte del peso de las operaciones anti-partisanas las llevaban a cabo de los chetniks de Draza Mihailovich (1).

A principios de 1942, la 113º División regresaba al Frente Oriental. Mientras dura lo más crudo del invierno, la situación es de una relativa calma, si bien se continúan librando pequeñas batallas. Lo hacía encuadrado en el 6º Ejército del célebre Friedrich Paulus (2), dentro del VIII Cuerpo de Ejército, bajo el mando del general Heitz (3). Por cierto, el 113º estaba comandado en ese momento por el general Sixt von Armin, que acababa de sustituir al general Zickwolff (4).

Sixt von Armin, general de la 113º División de Infantería.

Pero los dos ejércitos, tienen previstas sendas ofensivas para el inicio de la primavera. El mariscal Timoshenko (5) quiere atrapar a parte del 6º Ejército, que se ha quedado en el saliente de Barvenkovo, y se adelanta a Paulus, frustrando su “Operación Friedericus”. Tras unas victorias iniciales del ejército soviético, los alemanes contratacan y consiguen empujar a los soviéticos más allá del río Don… hasta el Volga. Provocando ingentes pérdidas para los soviéticos.

En estos días, la 113º de Anton Weber se hallaba justo en el centro de la ofensiva de Timoshenko. A pesar de lo durísima de la ofensiva inicial, la División consigue replegarse con un cierto orden unos diez kilómetros en dirección oeste, consiguiendo estabilizar una línea defensiva a lo largo del río Berestovaya, cerca de la ciudad de Krasnograd. A pesar de que sus fuerzas están muy debilitadas, a finales del mayo pasan al contrataque y consiguen llegar hasta la ciudad de Orel.

En junio, participan en la Segunda Batalla de Járkov y tras su conquista, arrasan diversas poblaciones hasta llegar el 10 de junio a Volchansk. Sin dejar el frente del Don, se instalan al sur de la ciudad de Kotluban. Se hallan a las puertas de Stalingrado, en su cara norte.

A partir de ahí, la historia la conocemos todos. A finales de agosto, las tropas alemanas se quedan a las puertas de la ciudad, a la espera que la Luftwaffe la “reblandezca”. A mediados de septiembre, la Werhmacht penetra en la ciudad. Los de la 113º entran por la zona norte y consiguen acercarse a la orilla del Volga. Y cuando parece que todo está ganado: llega el desastre.

La llegada de Zhukov con nuevas tropas procedentes de Siberia, consiguen detener el ataque. Además, cambia la estrategia. En lugar de tratar de reconquistar la ciudad, el objetivo de Zhukov era mucho más ambicioso: destruir el 6º Ejército. Para ello, planeó rodearlo en lo que se llamó la Operación Urano. Ante la 113º División de Infantería, se opuso el 24º Ejército soviético, bajo el mando del general Galanin (6).

Página del Wehrpass de Anton Weber donde se indica dónde luchó.

Las líneas de retaguardia del 6º Ejército estaban defendidas por soldados rumanos e italianos, mal equipados y con la moral por los suelos, así que un impetuoso avance ruso rompió sus líneas y ya fue demasiado tarde para Paulus poder reaccionar. Las tropas rusas cerraron el cerco en la ciudad de Kalach el 23 de noviembre. Anton Weber acababa de ser evacuado de Stalingrado.

Cómo consiguió Weber ser evacuado es otro de los misterios que su Werhpassno nos desvela. Lo cierto es que Anthony Beevor, a través de su imprescindible obra “Stalingrado” nos señala que la inanición se cebó en la 113ª, así que no seria improbable que Weber sufriera alguna enfermedad derivada de la desnutrición, como la disentería (que llegó a sufrir Paulus) o el escorbuto.

Tropas alemanas luchando en Stalingrado.

De hecho, tampoco sabemos nada del día a día de Weber en Stalingrado. Sin embargo, nos han llegado las cartas de otro cabo de su mismo Regimiento de Artillería, si bien éste estaba destinado en el batallón 11º. Se trata de las misivas que August Kerling envió a sus hermanos (7). Éstas nos muestran como la principal preocupación de los miembros del 87º Regimiento de Artillería, era sobre todo la obtención de alimentos. Mientras la pista de vuelo se mantuvo abierta, a los soldados y militares les llegaban paquetes de comida de un modo más o menos irregular. Otra de sus preocupaciones, era que no los trasladaran a una unidad de infantería para ir a combatir a la ciudad, pero era tan habitual como inevitable, dado el alto porcentaje de bajas. Kerling sobrevivió hasta el final. Aunque en sus cartas no se termina de saber cuál fue su final.

Sí sabemos cuál fue el del 6º Ejército. De los aproximadamente, 330.000 hombres que formaron parte de la ofensiva: unos 150.000 murieron en Stalingrado, 90.000 fueron hechos prisioneros, de los que tan sólo regresaron con vida a Alemania unos 6.000. Si tenemos en cuenta las batallas previas a Stalingrado, probablemente, el 85% de los miembros del 6º Ejército fueron baja por herida, muerte, desaparición o prisión.

Monumento a la Madre Patria de Volvogrado (la antigua Stalingrado).

¿Cómo siguió la vida de Weber? Regresó a Alemania, donde fue encuadrado en una Ersatz. Literalmente, es una palabra que se traduce como “refrito”, más o menos, y eran unidades de combate compuestas por los supervivientes de unidades que habían sido destruidas y que iban a cubrir las bajas de otras unidades mayores. A finales de 1943, estuvo más de un mes hospitalizado. Y en 1944, formó parte de la Unidad de Entrenamiento nº17. No volvió a entrar en combate y se le desmovilizó en mayo de 1945.

 

Notas:

(1) Los Balcanes, ese encantador polvorín. Ya desde esa época, era una lucha de todos contra todos. Por un lado, los partisanos comunistas de Tito (1892-1980); por otro, los chetniks de Dragoljub “Draža” Mihajlović (1893-1946), monárquicos y anti-comunistas. Si bien al inicio de la invasión nazi, ambas facciones trataron de colaborar, el hecho de que ninguna de las partes se quisiera subordinar a la otra, desembocó en una guerra civil entre ellos, en los chetniks llegaron a ser ayudados y financiados por los británicos, a la vez que luchaban codo con codo con los nazis para aniquilar a los comunistas de Tito. Cuando el colaboracionismo de Mihailovich empezó a ser descaradamente evidente, por pudor, los británicos dejaron de colaborar con ellos. De todas maneras, para dar una vuelta de tuerca al asunto, los nazis acabaron poniendo precio a la cabeza de Mihailovich, que unos meses después volvería a aliarse con los alemanes, con el objetivo de terminar con Tito. Pero no solo no pudieron terminar con él, si no que el indomable yugoslavo acabó per echar a los nazis y encarcelar (y mandar ejecutar) al general monárquico.

(2) Friedrich Paulus (1890-1957). Se alista al ejército alemán en 1910. Luchó en la Primera Guerra Mundial, terminando con el grado de capitán. Se mantuvo en el Reichwerh, donde fue ascendiendo en puestos de importancia, como por ejemplo fue el sustituto del mismísimo Guderian como Jefe de las Tropas Panzer, en 1935. Era considerado como uno de los mayores expertos en la guerra motorizada. Participó en la conquista de Polonia, Bélgica y Francia. En 1940, es nombrado Jefe del Estado Mayor del ejército de Reichenau, que se disponía a la conquista de la URSS. En diciembre de 1941 recibe el mando del 6º Ejército. En la primavera de 1942, el general ruso Timoshenko lo sorprende con su ofensiva, lo que le obliga a retirarse, si bien contratacará con éxito. Recibió la orden de avanzar hasta Stalingrado. Si bien, en un par de semanas logra conquistar el 80% de la ciudad, es incapaz de derrotar los focos de resistencia que se mantenían en posiciones fortificadas en la ribera del Volga. Desde ahí, llegan tropas siberianas de refresco que, junto al crudísimo invierno y a los problemas logísticos de los alemanes, provocó que la ciudad se convirtiera en un descomunal cementerio. Cuando a finales de 1942, los soviéticos lograron cercar al 6º Ejército, su suerte ya estaba echada. Y más cuando fracasó el intento de von Manstein de rescatarlos. Hitler lo nombra Mariscal de Campo, a sabiendas que ningún oficial de ese rango se ha rendido. Pero Paulaus, enfermo de disentería, para escándalo de los nazis más fanáticos, se niega a suicidarse y se rinde, con el resto de sus tropas, a principios de febrero de 1943. Una vez prisionero, colaboró con el Comité Nacional por una Alemania Libre, de inspiración anti-nazi, y fue testigo en los Juicios de Nuremberg. Fue liberado en 1953, pasando sus últimos días en Dresde (RDA). No vamos a hacer un juicio sobre la capacidad de Paulus.

(3) Walter Heitz (1878-1944). Se alistó al ejército alemán en 1898. Participó en la Primera Guerra Mundial y continuó en el Reichwerh. Fue un entusiasta nazi desde el inicio y al estallar la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que por edad se podría haber retirado, solicitó permanecer en servicio activo. Como jefe del VIII Cuerpo del Ejército, en 1939 participó activamente en la conquista de Francia. En 1941, fue transferido al Frente Oriental, como parte del 6º Ejército. Cuando la situación se puso complicada, fue partidario de resistir hasta la última bala y de ejecutar a derrotistas y partidarios de la rendición. Pero tras el colapso del frente sur alemán, y ante la imposibilidad de seguir luchando, se rindió el 31 de enero de 1941. Murió de cáncer en 1944 estando en cautividad.

(4) Friedrich Zickwolff (1893-1943), nació en Bayreuth. Era hijo de un ingeniero y en su familia no había tradición militar. Entra en el ejército en 1908 y combate en la Primera Guerra Mundial, terminándola con el grado de capitán. Se mantuvo en el Reichwerh, donde fue escalando posiciones hasta ser nombrado general. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, recibe el mando de la 227º División de Infantería, con la que participaría en la conquista de los Países Bajos y Francia. En junio de 1941, al inicio de la Operación Barbarroja, es transferido al Frente Oriental, recibiendo el mando de la 113º División de Infantería. Antes de las ofensivas de 1942, es transferido al mando de la 95º División de Infantería y, poco después, al de la 343º División de Infantería, situada en la Bretaña Francesa. Allí, en agosto de 1943, sufre un atentado por parte de la Resistencia, que lo deja gravemente herido. Fallece al cabo de unas semanas a causa de la septicemia que le provocaron las heridas.

Hans-Heinrich Sixt von Armin (1890-1952) este Teniente General provenía de una familia con una larguísima tradición militar. Su padre fue el general Friedrich Bertram, mientras que su madre, Pauline Auguste, era hija del general prusiano Julius von Voigts-Rhetz. A Hans-Heinrich no le faltaba pedigrí. Nació en la población pomerana de Stettin (hoy en día, en Polonia, se conoce como Szczecin), ciudad que quedó absolutamente arrasada por los raids aéreos de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. La carrera militar de Hans-Heinrich empezó en la Primera Guerra Mundial, donde llegó a obtener el grado de capitán. Una vez terminada la Gran Guerra, consiguió mantenerse en el Reichwehr. Al principio de la Segunda Guerra Mundial, recibe el mando de la 95º División de Infantería, con el que atacaría a la URSS, lugar del que no regresaría nunca. En 1941, mandó ejecutar a unos 200 judíos, como represalia por un ataque partisano. En junio de 1942, recibe el mando de la 113º División de Infantería, con la que atacará la ciudad de Stalingrado desde el norte, el conocido como Frente del Don. A pesar de los avances iniciales, la ofensiva alemana se frena en seco y los suministros no llegan, llevando a su División a situaciones límites y con una cantidad de bajas. Durante su cautiverio, se convirtió en un gran amigo de Paulus. Murió en la URSS en 1952.

(5) Semión Timoshenko (1895-1970), este ucraniano fue uno de los más destacados militares en la historia de la Unión Soviética, a pesar de sufrir algún sonoro fracaso. Hijo de unos campesinos sin tierras, fue reclutado como soldado de caballería en la Primera Guerra Mundial, pero una vez rendida Rusia, se unió al Ejército Rojo. En Tsaritsyn (la futura Stalingrado), conoció a Stalin, a quien una uniría desde entonces una estrecha amistad, lo cual le salvó de las purgas, a pesar de que algunas de sus heterodoxas opiniones. Además de destacar en la Guerra Civil rusa, también tuvo una destacada participación en la guerra contra Finlandia. Con la invasión nazi de la URSS, Stalin lo nombró jefe del Grupo de Ejércitos Centro, que no pudo detener a los alemanes, pero retrasó lo suficiente su empuje como para blindar la ciudad de Moscú. En el invierno de 1941-42 fue enviado al frente de Ucrania, que logró estabilizar, si bien su posterior ofensiva acabó fracasando y fue empujado por el 6º Ejército de Paulus hasta Stalingrado, donde fue relevado del mando de la defensa de la ciudad cuando esta estaba a punto de caer definitivamente en manos de los nazis. A pesar de ello, su buena fama como militar nunca decayó y siguió comandando ejércitos hasta el final de la guerra. Una vez terminada la Gran Guerra Patriótica, ocupó diversos cargos políticos hasta su muerte.

(6) Ivan Vasilievich Galanin (1899-1958). Su trayectoria militar es similar a la de la mayoría de mandos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial: bautismo de fuego en la Primera Guerra Mundial, alistamiento como voluntaria el Ejército Rojo durante la Guerra Civil rusa y promoción o destacadas actuaciones en alguno de los conflictos armados en el periodo de entre-guerras (mundiales). En el caso de Galanin fue en la batalla de Jalijin Gol (1939) contra los japoneses. Al inicio de la Operación Barbarroja, no se puede decir que a los ejércitos a su mando le fueran mejor que a la mayoría de sus colegas. Pero su suerte cambió con la Operación Urano, en la que comandó el 24ª Ejército. También destacó en la Batalla de Kursk, al mando del 41º Ejército de Guardias.

(7) http://www.stalingrad-feldpost.de/briefinh-U/Briefinhalte/Briefinhalte2/Briefinhalte3/Briefinhalte4/kerlingbf-inhalte-kehring.html