Etiquetas

, , , , , ,

La incursión de un contingente español en el castillo escocés de Donan

El castillo de Donan, Escocia.

Hace ahora 300 años de todo aquello…

Los pasajes heroicos a lo largo de nuestra historia, muchos estériles pero no por ello menos admirables, se cuentan probablemente por miles.

Una mezcla de arrojo inconsciente y de mala suerte, han ido creando contextos extremos en los que al final había que tirar de valentía descarnada, y de una cierta dosis de inmolación colectiva tan del gusto de la Península. También tuvimos de los otros, en los que el arrojo, la determinación, y la alineación de los astros nos permitieron conseguir victorias incomparables. Alguien dijo que nuestra Historia siempre acaba mal. No estoy en absoluto de acuerdo. Pero es indudable que solo el que se expone vence o sale trasquilado. De todo hemos conocido como decíamos.

Somos así, se nos da bien hacer de la adversidad un viejo compañero de andanzas, que a fuerza de estar siempre presente se convierte en uno más de la familia. Se la invita a pasar para quedarse. Así fue durante siglos.

Desde estás paginas hemos reflejado ya muchos momentos de este tipo. Algunos muy conocidos, otros menos, pero ambos de necesaria vindicación.

En esta ocasión queremos traeros una vicisitud que algunos estudiosos han calificado como la primera, y única vez, en la que tropas enemigas han logrado desembarcar y permanecer en las casi inexpugnables Islas Británicas. Con la salvedad tal vez de los Vikingos. En concreto en un remoto rincón del norte de Escocia. Lo que no lograrón ni Felipe-II, Napoleón ni Hitler, lo iban a conseguir un grupo de valerosos gallegos.

Nos situamos en 1719. Reinaba en España Felipe V, el primer Borbón de la dinastía, del que se llegó a decir que combatía sus procesos depresivos, constantes por otro lado, con guerras y escuchando al “Divino Farinelli”, instalado de retiro musical con él en el suntuoso y fascinante palacio de La Granja de San Ildefonso (Segovia).

Retrato de Felipe V, de Jean Ranc. En el Museo del Prado.

Retrato del rey de la Gran Bretaña, Jorge II.

La idea de la invasión de Gran Bretaña parte del Consejero de cabecera del Rey, el Cardenal Giulio Alberoni, y es inmediatamente aplaudida por este, indignado por las condiciones derivadas del Tratado de Utrecht (1715) y tal vez necesitado de algún estimulo anímico…, ante la previa, la verdad sea dicha, declaración de guerra por parte de Gran Bretaña y Francia.

Inicialmente se planteó una triple alianza entre España, Suecia y Rusia, frente a la famosa “Cuádruple Alianza 1718-1720” (Gran Bretaña, Francia, las provincias rebeldes de los Países Bajos y el Sacro Imperio Germánico) para invadir las islas. La idea pasaba por crear dos frentes abiertos. Uno invadiría Inglaterra y el otro por la retaguardia, Escocia. Este último escenario con el apoyo local de los Clanes Escoceses, en eterno enfrentamiento y disputa con el rey inglés Jorge II.

Hablamos en conjunto de una fuerza inicial de bastante entidad, unos 5.000 hombres, que contaba además de con el factor sorpresa, con el apoyo de las milicias Escocesas. Se pretendía incorporar para equiparlos muchas armas y pertrechos (25 barcos de transporte, 6 de guerra, y unas 30.000 armas en total, entre largas y cortas).

Como tantas veces en operaciones tan complejas y de coalición, en el último momento el contingente principal de las fuerzas de tierra (el sueco), que estaba previsto que atacara Inglaterra, se retira al morir poco antes su otro adalid, el Rey de Suecia, Carlos XII, y decidir su descendiente no seguir con el plan.

Los españoles, a pesar de lo temerario de la nueva situación, -esta decisión fue una vez más tomada por el poder político no militar-, deciden seguir adelante.

Hay quien apunta, en concreto Cesáreo Fernández Duro, conocido estudioso de la época, que se trataba de una maniobra de distracción frente a los ingleses para concentrarnos en la campaña de Italia, nuestro verdadero objetivo en aquella época. Tal vez este dato justifique un plan tan absolutamente arriesgado.

El grueso de la flota española zarpa desde Cádiz el 7 de marzo. Una vez más, como ya pasó con la mítica “Felicísima Armada” (*) de Felipe II en 1588, el factor climatológico, los famosos elementos en forma de terrible borrasca, dispersan y diezman la flota.

La fuerza secundaria va por libre, y casi de puntillas al tratarse tan solo de dos naves. Se convierte entonces en la única protagonista y se dirige a Eilean Donan en las remotas costas escocesas según el plan original. No se les pudo advertir que la operación se había abortado. Se habían quedado solos, pero lo que es peor, tardarían mucho en averiguarlo.

Dos fragatas con tan solo un batallón (unos 300 hombres), zarpa del puerto de Pasajes (Guipúzcoa). Se hacen un par de escalas previas de aprovisionamiento en La Coruña y Santander, partiendo inmediatamente después con rumbo a las islas. Finalmente desembarcan 307 integrantes del “Regimiento de Infantería de Marina Galicia Nº 64” al mando del oficial Pedro de Castro y Bolaño y del Sargento Mayor Alonso de Santarem, con el apoyo del Clan local de los MacKenzie, acantonándose en la fortaleza de Donan.

Escudo del Regimiento Galicia.

Se desembarca y se guarda en el castillo todas las armas previstas para armar a las milicias locales. Una parte del destacamento como decíamos, se instala en el castillo como cabeza de playa, y se deja una simbólica guarnición de unos 50 hombres.

De Castro, después de organizar a los Clanes insurgentes, avanza con el resto de su exigua fuerza, unos 250 infantes, hasta completar con los escoceses unos 1.000 hombres. El objetivo es conquistar la cercana ciudad de Inverness.

Los ingleses ya saben que hay una fuerza española que está organizando un levantamiento en Escocia pero no saben con qué efectivos cuenta. Se envían cinco fragatas hacia Donan. Al llegar y ver la enseña española ondeando en las almenas efectúan un preciso bombardeo dejándolo en ruinas. Hasta bien entrada la noche no se produce el asalto final. Entre las ruinas han seguido defendiendo la posición los 39 españoles que han sobrevivido a la lluvia de proyectiles. Son tomados prisioneros pero son tratados con respeto.

De Castro es informado y cunde por primera vez el desánimo y la sensación de que realmente están solos ante la que se avecina.

Los ingleses también por tierra se dirigen hacia ellos. El 10 de junio de 1719 se produce esta batalla (Glen Shiel) desigual pero encarnizada, producto como hemos ido desgranando de una sucesión de calamidades. Dada la valentía de los supervivientes españoles, con solo veinte bajas en total, los escoceses se habían replegado previamente al ser herido su líder, el mítico Rob Roy, los ingleses les permiten rendirse con honores, conservando intacta la honra y la bandera.

Tanto este grupo como los 39 supervivientes del castillo, fueron trasladados a Edimburgo como prisioneros antes de ser repatriados a España.

Se dice que en el cautiverio, que parece ser fue bastante llevadero, descubrieron un licor local, el Whisky, que les ayudo a recuperarse en todos los sentidos…

Escudo de armas de Felipe V.

 

(*) Para intentar ir superando esa especie de trauma colectivo con la “Armada Invencible”, cabria recordar llegados a este punto que cuando los ingleses en 1589 enviaron su Cotraarmada contra España (La Coruña), capitaneados por el famoso Sir Francis Drake, también salieron escaldados y fueron derrotados.

Una tal María Pita tuvo mucho que ver. Nuestra derrota se debió a factores no militares, la suya inmediata, a la heroica oposición en una lucha cuerpo a cuerpo y con la bayoneta calada.

Anuncios