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Alfonso XIII en su despacho.

 He pensado, no es la primera vez que lo hacemos, que la entrada de esta crónica muy bien podría parafrasear el titulo de la famosa y atractivísima novela de Zweig. A fin de cuentas esta emocionante historia trata de eso.

Se escribe una carta de un remitente desconocido, se le envía a un Rey neutral de un país lejano, se le traslada el drama personal y familiar de una desaparición, de un confinamiento producto de un conflicto de proporciones dantescas.

Normalmente lo hace una esposa, una hija, una madre, y desde ese momento se pone en marcha una oficina en el Palacio Real de Madrid para intentar localizar o acreditar lo sucedido. Lo que en muchos casos resultó una tarea ingente con un final muchas veces, la mayoría, muy ingrato.

Vista general del Palacio Real.

“La Gran Guerra”, no nos detendremos excesivamente en los detalles ya que se ha reflejado en otras entregas de este mismo Blog, también conocida como la Primera Guerra Mundial por su carácter global, con teatros de operaciones en Europa pero también en Oriente Medio y África, significó el primer gran conflicto que asoló medio mundo. No sólo por la intervención de todas las potencias de la época, sino por ser el escenario y el banco de pruebas de todos los avances y perversiones de la industria armamentística del momento.

Las particularidades del enfrentamiento, con frentes atrincherados y estables durante años, introdujeron unos padecimientos hasta entonces desconocidos. Como también lo fueron el efecto de la guerra sobre la población civil, el uso de la aviación y las primeras unidades acorazadas como factores novedosos y devastadores, la sistemática de los gases como arma letal, un potencial artillero desconocido hasta entonces. El infierno en su versión contemporánea.

En este escenario realmente extremo los hombres se encaminaban al frente con la resignación del condenado a muerte. En casa quedaban las familias, solas, desamparadas, con el horror y la angustia que se avecinaban como única compañía. Había que buscar a alguien que pudiera interceder ante tanta tragedia personal. Pero a quién, cómo, con qué posibilidades reales de éxito…

Hubo una primera carta, y después de ella miles. Todas producto de la desesperación, hasta un total de unos 200.000 expedientes que llegaron con una cadencia imparable a Palacio. Historias llenas de angustia y al mismo tiempo con una fe ciega en la mediación del Monarca.

La carta Puccini.

Se daba la compleja circunstancia que en la Corte española de la época convivían las dos sensibilidades en función de las dos alianzas enfrentadas.

Por un lado la Reina Victoria Eugenia de Battenberg, británica y con incluso un hermano movilizado que finalmente cayó en combate, y por otro la Reina Madre María Cristina de Habsburgo, austriaca. Esta situación se debió vivir con una cierta contención y mano izquierda pero no debió ser un contexto familiar de fácil manejo.

La neutralidad de España en la Gran Guerra se había hecho pública el 7 de agosto de 1914. Este inmenso acierto nos evitó, por una vez, vernos inmersos en un conflicto que se llevo por delante entre 15 y 17 millones de personas (militares y civiles) según las fuentes. Se dice pronto.

Cuando en función de las cartas recibidas se decide crear una oficina que se encargue de recepcionarlas y de darles curso, se selecciona cuidadosamente un equipo de funcionarios de distintos niveles, hasta un total de 50 personas. Diplomáticos, militares y traductores poliglotas, ya que se llegaron a recibir cartas de 50 países, aunque fundamentalmente llegaban de Francia, Bélgica y Alemania.

Carta de respuesta de la Secretaría del Rey.

Hay que destacar en este capítulo la figura del traductor Julián Juderías que hablaba y entendía unas 15 lenguas. Como novedad para la época, se incorporan varias mujeres en tareas administrativas y de cierta responsabilidad. Todo este complejo entramado dependía directamente de la Secretaría Particular de A-XIII.

El modelo de actuación, una vez recibida la demanda de noticias sobre alguna persona concreta, con fotos del desaparecido, datos de filiación, Regimientos concretos, último destino conocido, etc., consistía en clasificar por nacionalidades, empleos, unidades, remitiéndose acto seguido a las Embajadas de España por toda Europa para iniciar la búsqueda como tal.

Fotografía del equipo encargado de la gestión de la ayuda humanitaria.

 Este complejo sistema como decíamos tenía como punta de lanza a las distintas legaciones y al personal del Ministerio de Asuntos Exteriores acreditado en ellas. Como dato muy revelador de la implicación y despliegue efectuados, se visitaron 3.000 veces distintos campos de prisioneros, consiguiéndose además de múltiples identificaciones y localizaciones, el indulto de 70 condenados a muerte.

Fotografía de la part del equipo que trabajaba desde la Embajada de España en Viena.

Si al principio hacíamos mucho hincapié en el carácter desconocido de la inmensa mayoría de las peticiones, esto no impidió que también se dieran algunas por parte de personajes muy conocidos de la época. Unamuno, Puccini, Nijinsky, y hasta nuestro admiradísimo Rudyard Kipling.

Destaca también por su interés histórico, hay documentos y telegramas que lo demuestran, la intentona para salvar al Zar Nicolás II y al resto de la familia Imperial de su desdichado final en Ekaterimburgo, ofreciéndose incluso su exilio en España.

Otros nombres que figuran entre los miles de expedientes que se conservan en perfecto estado, y que ahora además se están digitalizado, es el de Charles de Gaulle, que cayó prisionero en la mítica batalla de Verdún, el del entonces piloto Roland Garros, o el cantante y actor también francés, Maurice Chevalier.

 La exposición, en una de las salas en las que se realizan las exposiciones temporales dentro del complejo del Palacio Real, además de un extensísimo catalogo de memorabília, cartas y fotografías originales, películas inéditas, retratos, soberbios bronces, por ejemplo del gran Mariano Benlliure, mobiliario original de la oficina, tiene una puesta en escena realmente brillante. Todo ello, con alguna cesión temporal para la exposición, forma parte de la colección y archivos de Patrimonio Nacional y del propio PR.

Tanto la iluminación, la reproducción de los archivadores donde se guardaban las fichas, a un tamaño deliberadamente fuera de escala, así como lo que contienen las numerosas vitrinas, tienen algo de gran Memorial. Es un espacio para el recuerdo, y para la inevitable reflexión sobre los terribles efectos de cualquier guerra. No es difícil llegar a emocionarse. Y esto es mérito de la propia historia que allí se cuenta, pero sin duda también de la forma de contarla y exponerla.

 

 Hubo un pasaje concreto, que reflejó la prensa de la época, sobre todo francesa, la carta de una niña de ocho años (Sylviane Sartor) que decía así:

“Majestad, mamá llora a todas horas porque su hermano está prisionero. Acaba de recibir una carta que dice que morirá de hambre. Majestad, si quisierais enviarle a Suiza…, porque mamá va a enfermar con seguridad. Os lo agradezco por adelantado. Vuestra servidora, Sylviane, Abril 1917”.

 La carta fue contestada inmediatamente e iniciadas las pesquisas, el tío de esta niña, el soldado francés Achille Delmonte, fue localizado y salvado de una muerte segura, trasladándolo a Suiza y después a Francia.

Inauguración de una placa conmemorativa por parte de Felipe VI.

El reinado de Alfonso XIII, con sus luces y sombras, con sus deseos y sus verdaderas capacidades, en muchos casos muy escasas, siempre ha estado condicionado y en cierto modo eclipsado, por la irrupción de la II Republica, la cruenta Guerra Civil y los posteriores cuarenta años de Franco.

Hasta tal punto (recomendamos el magnífico libro de Javier Tusell y Genoveva Queipo de Llano sobre su figura) que muchos pasajes, aciertos y errores, duermen todavía en un cierto limbo, y como en el caso que nos ha ocupado en esta crónica, habían pasado casi desapercibidos.

Creo que es de justicia, al menos en este pasaje tan emotivo, agradecer a A-XIII una iniciativa que además de salvar muchas vidas, dignifico a sus promotores y saco lo mejor de nosotros mismos como sociedad.

Coincidiendo con la exposición, el Rey Felipe VI, ha inaugurado una placa en el Palacio Real que recuerda aquella vicisitud.

*Damos las gracias a Patrimonio Nacional, propietario de la mayoría de las magníficas fotos que ilustran este artículo.

 

Para saber más:

https://www.casadellibro.com/ebook-alfonso-xiii-el-rey-polemico-ebook/9788430608799/1971258?gclid=eaiaiqobchmincggibj33wiv5hxtch1zgqsbeayyasabegjn8fd_bwe&utm_source=google&utm_medium=cpc&utm_campaign=19438

 

https://www.patrimonionacional.es/noticias/exposicion-cartas-al-rey-la-mediacion-humanitaria-de-alfonso-xiii-en-la-gran-guerra

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