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EL CIELO ES DE LOS VALIENTES” (Mateo, 11:12)

Querido Embajador,

No nos conocemos personalmente pero he decidido reflejar brevemente en este espacio de permanente homenaje, la profunda admiración y respeto que me inspiran los hechos que voy a tratar de desgranar en estas líneas. 

En un tiempo, el actual, en el que la mediocridad, el egoísmo, el ombliguismo patológico y la generalizada falta de valores campan a sus anchas, poder recordar un pasaje como el que usted protagonizó, ideó y llevo a cabo con una brillantez increíble, me ha parecido además de necesario, inaplazable. 

Ser un hombre “Justo entre las Naciones”, como expresión de lo mejor que el ser humano es capaz de hacer, es uno de los muchos reconocimientos que afortunadamente recibió en vida. El Cielo es de los valientes sin ninguna duda. Desde allí seguro que nos observa en compañía de alguno de eso 5.000 afortunados que usted salvó de la infamia más terrible.

Le doy las gracias en nombre de todos, porque su determinación a todos nos ha redimido, lo sepamos o no. 

 

Acabo de regresar de un viaje a la sorprendente y bellísima ciudad de Budapest, capital magiar desde tiempos remotos, que compartió junto a Viena, la bicefalia y esplendor del viejo Imperio Austro-Húngaro.

Ciudad de una categoría arquitectónica a la altura de las principales ciudades europeas, y que como muchas de ellas, ha sufrido innumerables invasiones, raíds y saqueos.

Desde los Mogoles y los Otomanos, de algún modo los propios Austriacos, los nazis en la época de la Segunda Guerra Mundial, y hasta los primeros 90 la de los comunistas, como país satélite de la antigua URSS.

En este marco cargado de historia y vicisitudes, no siempre agradables, se construyó la realidad de la “Perla del Danubio”. Es una ciudad como suele pasar en Centro Europa, llena de rastros y heridas de todas estas circunstancias, y con esas características de la Europa de Este, tan cercana a las fronteras más remotas y expuestas. En especial todo lo que pasó durante la demoledora Segunda Guerra Mundial está muy presente y todavía es apreciable su rastro.

Nuestra historia nos retrotrae a esa época tan oscura como proclive, precisamente por eso, a destellos y comportamientos abnegados como es el caso de nuestro protagonista.

Ángel Sanz Briz, zaragozano de nacimiento y diplomático de carrera, ocupaba en aquel entonces el puesto de simple encargado de negocios de la Embajada de España en Budapest. Las circunstancias hicieron que en el año 1944 se quedase como único responsable de la legación en ausencia del Embajador y del Cónsul, sus superiores jerárquicos. La Embajada, de poca importancia, contaba con un pequeño grupo de administrativos húngaros y algún funcionario español de Asuntos Exteriores.

Para situar mejor todo lo que ocurrió hay que explicar brevemente el contexto político de aquellos años en Hungría, aliada del Eje (como Bulgaria y Rumania), de la mano de Horthy (1) y de las milicias de “La Cruz Flechada” (partido fascista Húngaro), y a un año de la rendición incondicional de los alemanes.

Como decíamos el gobierno de Hungría, aliado y títere de la Alemania nazi, hasta ese año había disfrutado de los beneficios de su alianza, manteniendo un statuquo privilegiado. Todo cambia en el 44, Alemania invade Hungría y destina al siniestro Eichmann (2) como jefe de las unidades de intervención de las SS.

Aunque la guerra está perdida la “Solución Final” se sigue aplicando con una rigurosidad enfermiza. La colonia judía en todo el país, y especialmente en Budapest, es muy numerosa. Hablamos de unas 400.000 personas. Paradójicamente, cuando los planes de exterminio se filtran el Comité judío de la ciudad no lo hace público para evitar que cunda el pánico entre sus conciudadanos. Craso error de fatales consecuencias.

Ese informe sin embargo, cae también en manos de Sanz Briz que inicia la operación para salvar el mayor número posible de estos condenados a muerte que con toda seguridad acabarían sus días en el campo polaco de Auschwitz-Birkenau.

Su plan empieza a tomar forma. Involucra a sus contactos, beneficiándose de su estatus diplomático y cuenta con la valiente ayuda de los funcionarios de la Embajada y del personal húngaro. La idea, genial por otro lado, parte de un lejano decreto de Primo de Rivera de 1924 por el que los judíos sefarditas podían solicitar la nacionalidad española. Lo que nunca contó a las autoridades húngaras y alemanas es que ese decreto había sido derogado en 1930. La astucia se mezcla con el arrojo, el miedo con la determinación más absoluta. Hablamos de un tipo de una pieza.

Se establece una red de pisos particulares bajo la protección de la Embajada española, donde poder alojar a un colectivo cada vez más numeroso. Se empiezan a expedir los pasaportes españoles para amparar a todos ellos con una gran rapidez. Hay que mencionar, aunque no resulte políticamente correcto en nuestros días, que la operación fue conocida en detalle y consentida por el Ministerio franquista de Asuntos Exteriores.

A diferencia de tantas biografías e historiales deslumbrantes que hemos reseñado desde un principio en este blog, la hazaña de Sanz Briz sí ha sido reconocida de forma coral, no solo en Hungría y España. Hay monumentos, uno en su Zaragoza natal, placas y monolitos que lo recuerdan, pero nunca habrá mayor homenaje que el de no olvidar lo que este valeroso funcionario fue capaz de hacer con tan pocos medios pero con una fe inquebrantable.

Leía hace poco lo que uno de sus orgullosos hijos afirmaba, que su padre murió feliz y reconfortado por lo que fue capaz de evitar. Desde entonces se le conoce como “El Ángel de Budapest” o el “Oskar Schindler español”. He podido confirmar en persona, allí en esas mismas calles ahora llenas de vida y normalidad pero entonces teñidas de la ignominia de todo el continente en armas, que sigue siendo recordado con la mayor gratitud y admiración. Fue uno de ellos.

Ha sido realmente emocionante acercarme a la Embajada e imaginar que en ese mismo escenario, que está absolutamente igual salvo por una reciente mano de pintura en la fachada, ocurrieron pasajes tan sumamente sobrecogedores. Solo una placa en piedra que reproduce parte del discurso que en 2007 pronunció el Rey Juan Carlos ante la Asamblea Nacional Húngara, nos recuerda la grandeza de este personaje fascinante.

DISTINCIONES CONCEDIDAS AL EMBAJADOR ÁNGEL SANZ BRIZ

No podemos dejar de reseñar, este espacio se ocupa mucho del tema, todas las condecoraciones y títulos recibidos por nuestro protagonista.

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE CARLOS III, a título póstumo (España)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA (España)

–        GRAN CRUZ DEL MÉRITO CIVIL (España)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE MALTA (Santa Sede)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN ORANGE-NASSAU (Holanda)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE SAN GREGORIO MAGNO (Santa Sede)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE LEOPOLDO II (Bélgica)

–        CABALLERO DE LA LEGIÓN DE HONOR (Francia)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE QUETZAL (Guatemala)

–        TITULO DE JUSTO ENTRE LAS NACIONES (Israel)

–        CRUZ AL MERITO MILITAR DE 1º CLASE CON DISTINTIVO ROJO (España)

 

 

Notas:

(1) Miklós Horthy, fue regente de Hungría de 1920 hasta 1944.

Noble, político y marino de guerra, que guió los destinos de su país con un marcado carácter autocrático y conservador que acabó en la órbita del fascismo. Previamente había estado vinculado al emperador Francisco José de Austria con cargos de importancia en la Corte. Sirve en la armada imperial en la Gran Guerra. Después del armisticio se inicia en la vida política liderando el movimiento que derroca al gobierno comunista de Bela Kun, convirtiéndose en regente durante 24 años, y llegando posteriormente a esa alianza con los alemanes. Estos finalmente le consideraron un tanto desleal y de ahí la invasión del 44.

(2) Adolf Einchmann, Obersturmbannfuhrer (teniente coronel) de las SS, 1906-1962.

En cierto modo uno de los inspiradores y desde luego responsable implacable de la “Solución Final” y de todo lo referente a la logística y organización de las deportaciones y traslados a los campos. Una de esas biografías que producen escalofríos por los niveles de crueldad y de fanatismo, eso sí, tremendamente eficaz.

Fue destinado a Hungría para coordinar las sacas de judíos en 1944 como ya decíamos. Huye al finalizar la guerra y se traslada a Argentina donde es capturado en 1960 por el Mossad y juzgado por crímenes de guerra en Israel. En 1962 es ejecutado en la horca después de un juicio sumarísimo y muy mediático para la época.

 

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Raimundo de Miguel Alonso/2018

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