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Como ya sabéis, en el blog también nos gusta hablar de órdenes y condecoraciones curiosas, excéntricas y medio olvidadas, pero de las que de vez en cuando te puedes encontrar en una subasta. La orden que vamos a conocer hoy se ajusta perfectamente a esta definición. Espero que os sorprenda tanto como os guste.

Podemos afirmar, sin miedo a faltar a la verdad y ni a ofender a nadie, que Luis XIV de Francia era un elemento de mucho cuidado. Pero es que muchos de sus cortesanos le fueron a la zaga. De todas las excentricidades y perversiones de su corte, nos centraremos en la que desembocó en el nacimiento de una nueva orden de caballería: la Orden de la Abeja Melífera (l’Ordre de la Mouche à Miel).

A finales del siglo XVII, ¡los hijos de la alta aristocracia francesa estaban al borde de la revolución! El motivo: que Rey Sol les obligaba a casarse con sus hijos bastardos legitimados. Para estos príncipes, ello era una afrenta y un insulto a su posición social. Y eso fue lo que le sucedió a nuestra protagonista, Luisa Benedicta de Borbón (1), princesa de sangre (por pertenecer a la familia Borbón) y que se vio forzada a aceptar el matrimonio con Luis Augusto de Borbón, duque de Maine, uno de los hijos bastardos que el Rey tuvo con Madame de Montespan. El matrimonio, fue todo lo contrario a un cuento de hadas, ya que los cónyuges no se soportaban, pero se sobrellevaban con educación.

Luisa Benedicta de Borbón, duquesa de Maine.

La Duquesa también aborrecía la corte de Luis XIV, controlada por su esposa secreta, Madame de Maintenon, que la había dotado de austeridad y hundido en el aburrimiento. Luisa Benedicta añoraba su antigua fastuosidad, así que organizó una corte paralela en su propia residencia, el fabuloso castillo de Sceaux. En uno de sus juegos, burlándose de las órdenes que otorgaba el Rey Sol, en 1703, la Duquesa creó la suya propia: la Orden de la Abeja Melífera.

Al parecer, la abeja fue escogida como símbolo de la orden porque en una colmena el poder recae siempre en una reina, además de ser de menguado tamaño, como la propia Duquesa. Ésta nombró, entre los miembros de su corte, a 39 caballeros y damas, que debían vestirse con una capa ceremonial, llevar una peluca con forma de colmena y una medalla, que colgada de una cinta amarilla, en el anverso se vería la efigie de la Duquesa de Maine, con las letras grabadas: L. BAR. D. SC. D.P.D.L.O.D.L.M.A.M, que significan Louise, baronne de Sceaux, dictatrice perpétuelle de l’ordre de la Mouche à miel; mientras que en el reverso se podía ver la imagen de una abeja, junto con un verso del poeta italiano Torcuato Tasso (2), la orden se acompañó de la divisa: «Piccola si, ma fa pur gravi le ferite» (3).

Fachada del castillo de Sceaux. Parte del descomunal palacio de Sceaux ha sobrevivido a los avatares del tiempo y hoy en día se ha convertido en un parque público que se puede visitar al sur de París.

Los rituales de la Orden estaban hechos a imagen y semejanza de los que organizaba el Rey en Versalles. Buena cuenta de ello nos la da Alejandro Dumas padre en su novela “El caballero de Harmental”, en la que nos narra con todo detalle (capítulo 14) el rito de entrada a la Orden por parte de un nuevo miembro, precisamente el príncipe de Cellamare, cuya posterior conspiración salpicaría a los propios duques de Maine.

Entre los miembros de esta orden, a parte de destacados príncipes de sangre, también estuvieron el enciclopedista D’Alembert o el propio filósofo Voltarie, entre otros destacados nombres de las letras.

Grabado de la Duquesa de Maine.

La Orden, por algún extraño milagro, sobrevivió a la Duquesa, probablemente siguió entre los miembros más díscolos y socarrones de los Borbones y puede que más adelante la orden pasara a manos de plebeyos con ínfulas, vanidades o hambre de prestigio social. El caso es que sus condecoraciones se siguieron realizando hasta principios del siglo XX.

Hoy en día, en tiendas de numismática o en subastas de antigüedades se encuentran dos modelos de esta medalla:

  • la metálica, normalmente de bronce dorado o cobre (el hecho de que no sean de oro certifica que no son de la época de la fundadora de la orden, cuya fabulosa fortuna le permitió acuñarlas del más preciado metal)

Anverso de la orden en versión de medalla de mano.

Reverso de la orden en su versión de medalla de mano.

  • la esmaltada de siete puntas. Sus esmaltes revelan que es una medalla fabricada muchas décadas después de la muerte de la duquesa de Maine. En el anverso reza “VIRTUTI ET LABORI · PAPI” (El Coraje y el Trabajo de los Tribunos); y en el reverso ‘NIL MORTALIBUS ARDUUM EST C · C’, que es una cita de una oda de Horacio (“Nada es demasiado difícil para los mortales”).

Versión esmaltada de la orden. Muy probablemente manufacturada mucho después de la muerte de la Duquesa.

 

 

Notas:

(1) Luisa Benedicta de Borbón (1676 – 1753) fue una mujer de armas tomar. Nació y creció en el palacio de su padre, el célebre Hôtel de Condé. Sufrió una educación estricta, que ralló la brutalidad bajo la batuta de su padre Enrique de Borbón-Condé, que sufría una enfermedad mental. Fue una mujer de gran cultura, divertida e ingeniosa, aunque con muy mal temperamento y, por lo que dicen, tirando a feúcha. Tenía un brazo inútil de nacimiento, lo que unido a que su marido era cojo y paticorto, eran los hazmerreír de ciertos círculos de la corte de Luis XIV, que ella detestaba tanto como a su marido. Éste compró como residencia familiar el fabuloso castillo de Sceaux, donde la Duquesa de Maine organizó una corte paralela, a su gusto. De todas maneras, los lazos de amistad entre los duques de Maine y los reyes eran sólidos. Así, por ejemplo, Madame de Maintenon que tenía tanta estima por el Duque como influencia sobre su marido, Luis XIV, consiguió que el Duque fuera nombrado regente del futuro Luis XV a la muerte del Rey Sol. Pero tras el deceso, el Parlamento decretó que el regente sería Felipe de Orléans, quien en uno de sus primeros decretos provocó que varios príncipes de sangre pasaran a meros pares de Francia. Así que Luisa Benedicta fue una de las instigadoras de lo que se conoció como el complot de Cellamare, a través del cual un grupo de nobles querían deponer al regente y cambiarlo por Felipe V de España, tío de Luis XV. Pero la trama fue descubierta y los conspiradores, encarcelados. La Duquesa de Maine fue encerrada en el castillo de Dijon. Tras pasar un año encarcelada, en 1720, los duques fueron liberados y regresaron a Sceaux. Curiosamente, la relación con su marido mejoró ostensiblemente. A su muerte, la Duquesa adquirió el palacio Hôtel Biron, que se pasó a llamar Hötel de Maine (hoy es el Museo Rodin, última residencia del genial escultor y es una visita que os recomiendo que no os perdáis si visitáis París). Allí murió Luisa Benedicta en 1753, a los 76 años de edad. Con el Duque tuvo una hija y dos hijos, pero ninguno de ellos tuvo descendencia, por lo que la fabulosa herencia de los Maine pasó a Luis Juan de Borbón, duque de Penthièvre, sobrino de los Maine y ya de por sí una de las mayores fortunas de Europa.

(2) Torquato Tasso (1544-1595), fue un poeta italiano conocido por su poema épico “Jerusalén Liberada”, que versa sobre la conquista de la Ciudad Santa durante la Primera Cruzada. También fue célebre por su fanatismo católico y la locura que lo atormentó los últimos años de su vida y que inspiraría biografías por parte de escritores posteriores como Goldoni, Goethe o Lord Byron, por citar los más célebres. Donizetti le dedicó una ópera.

(3) «Pequeña, sí, pero puede provocar graves heridas»

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