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Si hace unas semanas hablábamos de aventureros convertidos en reyes, hoy toca hablar de posibles impostores. A lo largo de la historia, ha habido multitud de personas que han pretendido ser un noble desaparecido en extrañas circunstancias.

Orden de Melusine

Para citar algunos ejemplos, tenemos casos desde la Antigua Roma (1) de Luis XVII de Francia, muerto en 1795 en la cárcel del Temple de París, y a quien le salieron diversos suplantadores, como Marthurin Bruneau o Karl Wilhelm Naundorff  (2).En Rusia, con una historia tan convulsa, muchos han sido los impostores de diversos miembros de la familia real, como Dimitri Ivanovich, hijo de Iván el Terrible, o Pedro III, efímero zar depuesto por Catalina II la Grande; por no hablar de los números suplantadores de los hijos de Nicolás II (3).

Retrato de Guy de Lusignan.

El caso que nos ocupa hoy sería una impostura a la romana. Es decir, que el pretendiente de turno se hizo pasar por descendiente de, nada menos, los reyes de Jerusalén. Su origen es oscuro. Los diarios de la época informan que era un monje maronita (4) llamado Kafta; mientras que en diversas webs actuales, indican que se trataba de Ambroise Calfa Nar Bey, que habría nacido en Constantinopla en 1831. Calfa sería hijo de un importante mercader armenio, que decía ser descendiente de los Lusignan (5), una familia noble francesa que había reinado en Jerusalén, Chipre y Armenia entre los siglos XIII y XV. Calfa, a pesar de ser un cristiano maronita, procedía de una familia de origen judío, por lo que su pretensión podría ser puesta fácilmente en duda. Estudió en Venecia y en 1854 fue nombrado Director de Estudios del Colegio Armenio de París, donde encontró el perfecto altavoz para activar su reclamación, consiguiendo crear una cierta controversia y diversos seguidores. En 1863, contrae matrimonio con Marie Louise Legoupil. En 1887, el hermano mayor de Ambroise Calfa, Youssouf, fallece y aquél se proclama Cabeza de la Casa de Lusignan. Aprovecha para cambiarse su nombre, que pasa a ser Guy de Lusignan, y el de su esposa, que pasa a ser Maria de Lusignan. Paralelamente, resucitan dos antiguas Órdenes de Caballería:

–  Orden de Santa Catalina del Monte Sinaí, originalmente creada por Robert de Lusignan en 1063, y que se entregaba a los caballeros que realizaban un peregrinaje al monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí.

Orden de Santa Catalina del Monte Sinaí.

– Orden de Melusine, creada por Isabel de Ibelin en 1186, y nombrada con el nombre de la mítica fundadora de la casa Lusignan.

Lo curioso del caso es que tuvieron éxito. La prensa de la época indica que Maria de Lusignan ganó una rápida popularidad entre la alta sociedad parisina mediante “métodos que mejor que no sean descritos” (6). Sus defensores sostienen que fue por sus obras de caridad. Lo que parece cierto es que los Cafta/Lusignan se movieron entre la alta sociedad francesa y que gozaron de un alto nivel de vida hasta su muerte, llegando a casar a sus dos hijos con los vástagos de acaudaladas familias.

A finales de siglo, al matrimonio se le unió un tal Sr. Daulby, masajista londinense y, según las malas lenguas, amante de la Princesa, que trabajaba oficialmente como secretario de los Lusignan. A la muerte del Kafta, Daulby pasó a ser el Gran Maestre de las Órdenes y se llamó a sí mismo conde d’Alby de Gratigny. En 1905, murió Maria de Lusignan. Daulby se quedó a cargo de la “gestión” de las Órdenes, entre otros negocios de diverso pelaje.

Retrato de María de Lusignan.

En 1910, llegaron a París Charles y Lucy Paine, dos multimillonarios estadounidenses (Charles Paine era conocido como el “magnate del cobre”), que tenían la intención de establecerse en la capital gala. Fueron fáciles presas para Daulby, que los deslumbró con su falso título, las condecoraciones y su verborrea. Además, Daulby se presentó como experto en antigüedades y vendió gran cantidad de muebles y tapices a los Paine para su residencia parisina. El insaciable Daulby también les vendió una impresionante pinacoteca, que costó centenares de miles de francos. Los Paine mostraron con orgullo su nueva colección de arte, pero un experto les hizo ver que no habían comprado más que burdas imitaciones. Daulby fue denunciado y encarcelado. Con lo que se llegó al fin de la Orden de Melusina…

¿Al fin? Pues no, resulta que unos presuntos descendientes de los Lusignan han pretendido resucitar la orden y desde 2006 mantienen una web para su promoción.

 

Notas:

(1) Francisco Pina Polo en su artículo “Impostores populares y Fraudes Legales en la Roma Tardorrepublicana”, nos cuenta el caso de los suplantadores de importantes políticos como por ejemplo un tal Equicio, que afirmaba ser hijo de Tiberio Graco; Amacio, nieto de Cayo Mario; que Trebelio Calca afirmaba ser Clodio

(2) Bruneau (1784-1822) Su vida, repleta de aventuras y delitos podría inspirar una novela. Durante la Revolución Francesa, en la monárquica La Vendée, se hijo pasar por el barón de Vezins, pero fue descubierto y encarcelado. En 1804, se enrola en la marina napoleónica, para desertar cuando llega a los Estados Unidos. Trabaja en Nueva York y Filadelfia. Al parecer, llega hasta a formar una familia. Pero en 1815, regresa a Francia y se dedica a usurpar las identidades de personas que desaparecieron durante la Revolución. Es condenado por un pequeño fraude y, desde la propia prisión, empieza a enviar cartas a personas influyentes afirmando que es Luis XVII. A pesar de que logra una pequeña corriente de simpatía, es nuevamente juzgado y declarado culpable de diversos delitos. En 1818, se le condena a siete años de prisión, a lo que se tendrá que sumar la condena por desertor. Murió en la cárcel de Mont Saint-Michel en 1822.

Naundorff  (1785–1845). Relojero prusiano, en 1825 fue acusado de una estafa en Brandenburgo. Siguiendo un patrón similar al de Bruneau, desde la cárcel consiguió enviar cartas a conocidos legitimistas exiliados en Prusia. Consiguó ser indultado y marchó a París, donde recibirá el apoyo de numerosos legitimistas y pleiteará contra las autoridades y miembros de la Casa de Borbón para ser reconocido como tal. Pero solo consigue que lo expulsen de Francia. Se establece en los Países Bajos, donde morirá en 1845. Sus hijos adoptaron el apellido Borbón, que siguen usando sus descendientes.

(3) De todos ellos se podría escribir una gran novela. Del falso Dimitri no se sabe a ciencia cierta quien es, pero el caso es que llegó a ser zar, aunque lo ostentó menos de un año. Hubo otros falsos Dimitri que no llegaron tan lejos. El verdadero lo había hecho asesinar Boris Gudonov, regente de Teodoro I, que temía que Dimitri se convirtiera en un rival político.

Pedro III (1728-1763) fue un verdadero mentecato. Germanófilo hasta niveles patológicos, fue depuesto por su esposa Catalina II la Grande, que se convirtió en una de las mejores gobernantes que haya tenido Rusia. Catalina hubo que lidiar con unos cuarenta impostores. A la mayoría de ellos se encarcelaban con destino a Siberia con la espalda abierta a latigazos, pero hubo uno, Yemelián Pugachov, de origen cosaco, que consiguió reclutar un ejército y poner en jaque a los ejércitos imperiales durante unos años, hasta que fue derrotado y, éste sí, decapitado.

En cuanto a los hijos de Nicolás II, hay quien ha contado más de 200 suplantadores. La única que consiguió un cierto éxito fue Marga Boodts, que se hizo pasar por Olga Romanov. Consiguió una paga vitalicia y vivir en una villa italiana hasta su muerte en 1976. Un caso famoso fue el de Anna Anderson, quien se hizo pasar por Anastasia Romanov, con la colaboración de gente de su entorno que se quería aprovechar de ella. Murió en 1984 tratando de demostrar su presunta identidad y reclamando la herencia de los Romanov. En el caso de Alexei, los impostores lo tenían mucho más difícil a causa de la conocida hemofilia del zarévich, aunque también los hubo. Hasta en España tuvimos uno. El Pais, en febrero de 1980, informaba que un tal Alexis Brimeyer corría por España haciéndose llamar Alexis Romanov-Dolgorouky, y sería sobrino-nieto de Nicolás II, auto-titulándose rey de Ucrania y cortejando a una adinerada dama entrada en años. Brimeyer recorrió Europa suplantando diversas identidades reales, hasta su muerte, acaecida en Madrid en 1995.

(4) La Maronita es una Iglesia Católica Oriental, que si bien tiene sus propias estructuras y rituales, forma parte de la Católica Romana.

(5) La Casa de Lusignan tiene su origen en Francia, donde poseían diversos territorios. Uno de sus vástagos más famosos fue Guy de Lusignan (c.1150-1194). Siendo segundón, en 1170 viajó a Tierra Santa en busca de fortuna y vaya si la tuvo. Al llegar, rindió vasallaje a Inés de Courtenay, madre del rey Balduino IV. Con su hijo moribundo a causa de la lepra, Inés casa a su hija Sibila con Guy de Lusignan, convirtiéndose en rey tras la muerte de su hijastro, Balduino V. Lusignan demostró ser un completo inepto, ya que se dejó convencer por el ala más sanguinaria de los cruzados, para atacar a Saladino, a pesar de la manifiesta inferioridad cristiana, que culminó en la batalla de los Cuernos de Hattin, que aniquiló al ejército cruzado y supuso la expulsión de los cristianos de Jerusalén. Como compensación, Lusignan fue nombrado rey de Chipre.

(6) Chicago Tribune, 24 de abril de 1910 y 27 de noviembre de 1910.

 

Fuentes:

http://ordredemelusine.com/pieuseMemoire.php

https://san-luigi.org/home/notable-members-part-3/

http://cpascans.canalblog.com/archives/2010/04/20/17568056.html

http://semon.fr/DECORATIONS_INTERNATIONALES.htm

Hemeroteca London Post

Hemeroteca Chicago Tribune

Hemeroteca ABC

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