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Todas las formas de coleccionismo me parecen igual de válidas y legítimas. Cada uno colecciona lo que quiere y como lo quiere. En el caso de las medallas, algunos coleccionan para la mera posesión y hasta habrá algún despistado que lo haga como inversión. En mi caso, por ejemplo, no solo conservo medallas, sino que en todas y cada una de ellas intento rescatar una parte de la historia y, cuando me es posible, de su historia. Los que habéis leído mis textos sobre las medallas británicas, sabéis que me gusta bucear e investigar en las historias de los hombres que las consiguieron, al estar sus nombres grabados en las propias medallas. Incluso, en una ocasión llegué a contactar con Peter, el descendiente de uno de ellos, a quien entregué las medallas de su antepasado, ya que considero que es dónde aquellas medallas debían estar.

El Corazón Púrpura es una de las más carismáticas condecoraciones estadounidenses.

El Corazón Púrpura es una de las más carismáticas condecoraciones estadounidenses.

Pues precisamente Peter me ha enviado un artículo de la BBC sobre un hombre que se dedica a devolver las medallas por sistema. Esta es su historia. Merece la pena que la conozcamos.

El protagonista de esta historia es el comandante Zachariah Fike, del ejército de los Estados Unidos. Tras una primera estancia en Afganistán, decidió empezar a coleccionar militaría. En la Navidad de 2009, su madre le regaló un Corazón Púrpura (1). Esta condecoración tiene realmente valor cuando el dorso va grabado el nombre de quien la recibió (lo cual no ocurre siempre), ya que es la manera de saber que realmente la recibió un soldado e incluso es posible saber en qué acción fue herido o muerto. La medalla que recibió Fike indicaba que la había recibido un tal Corrado A.G. Piccoli. “Cuando lo vi, supe que no me pertenecía”, dice Fike. “Simboliza a un individuo que ha derramado su sangre o su vida por una causa, por su país, que no debería estar en la colección personal de alguien, sino con esa familia o en un lugar de honor”. Fike empezó a bucear en los archivos del ejército y descubrió que Piccoli murió en combate en Francia el 7 de octubre de 1944. Sus pesquisas se vieron interrumpidas por un nuevo servicio en Afganistán (donde el comandante consiguió su propio Corazón Púrpura), tras el cual las reanudó, consiguiendo contactar con sus hermanas. Tras una cierta desconfianza inicial, recibieron a Fike, quien les entregó la medalla. Los Piccoli lo celebraron con una gran fiesta familiar. La recuperación del Corazón Púrpura pasó de ser una pequeña noticia de ámbito local a difundirse por todo el país. Para su sorpresa, Fike empezó a recibir llamadas de todos los rincones de Estados Unidos ofreciéndole medallas que habían sido encontradas en desvanes o cajones. Incluso muchas que se concedieron después de la II Guerra Mundial y que fue imposible localizar a sus receptores.

Su labor le cuesta ingente cantidad de horas de investigación y viajes.

Su labor le cuesta ingente cantidad de horas de investigación y viajes.

Lejos de amilanarse, Fike decidió fundar Purple Hearts Reunited, una ONG que se dedica a recuperar medallas para intentar entregarlas a sus legítimos dueños o, si ello no es posible, a sus descendientes. No solo se centran en Corazones Púrpura, sino en otras medallas marcadas e, incluso, en chapas identificativas.

Las devoluciones de las medallas en ocasiones se convierten en un verdadero espectáculo.

Las devoluciones de las medallas en ocasiones se convierten en un verdadero espectáculo.

Desde entonces, Fike ya ha conseguido devolver más de 300 condecoraciones a sus dueños y su ONG cuenta con docenas de voluntarios. Este año, además, ha sido nombrado Soldado del Año por la revista Military Times. Además, su organización ha adquirido, sólo en 2016, 125 medallas en tiendas o subastas internacionales, para su estudio y devolución.

Las historias que resultan de las devoluciones son muy emotivas. Me conmovió especialmente la de uno de los soldados de liberó el Campo de Concentración de Dachau que el día en el que le devolvieron su Corazón Púrpura se personaron dos prisioneros supervivientes del campo que él había ayudado a liberar.

Devolución de una de las medallas, en una reunión más familiar que la anterior.

Devolución de una de las medallas, en una reunión más familiar que la anterior.

Pero su actividad no está exenta de polémica. Y ésta viene por parte de los coleccionistas de medallas estadounidenses, ya que Fike está trabajando en un proyecto de ley que se llamará Private Corrado Piccoli Purple Heart Preservation Act, mediante la cual nadie podrá lucrarse con la venta de las medallas. Es decir, que alguien podía comprar un Corazón Púrpura marcado por unos $100, pero si descubría que el militar había sido muerto o herido en Iwo Jima o en el Día D, lo podría vender por más de $500. Mediante esta ley, el lucro quedaría prohibido. Fike se ha enfrentado con los coleccionistas, “es deplorable obtener un beneficio de cualquiera que sacrifique su vida por su país”, ha argumentado. “Estamos conservando la historia”, concluye, “al contar sus historias”. En España, al estar la inmensa mayoría de nuestras medallas sin marcar, no tenemos este problema. En cualquier caso, ¿qué pensáis de este asunto?

 

Web de la ONG de Fike: https://purpleheartsreunited.org/

Noticia de la BBC: http://www.bbc.co.uk/news/resources/idt-5c1940d8-5f8f-4fd4-ac12-e216184a9a72

 

Nota:

(1) Desde 1917, el Corazón Púrpura es la medalla que se otorga a los muertos o heridos en combate. Los militares que lo han recibido en más ocasiones han sido los sargentos Irwin “Ray” Fraser y Albert L. Ireland, ambos en nueve ocasiones. Se han otorgado casi dos millones de Corazones Púrpura, entre los que han conseguido esta condecoración están John Fitzgerald Kennedy; el actual Secretario de Estado, John Kerry (en tres ocasiones); los actores Lee Marvin y Charles Bronson; o el director de cine Oliver Stone, entre otros muchos. Esta condecoración correspondería con nuestra Sufrimientos por la Patria.

 

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