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Retrato de "El Empecinado" de Goya (1809), con el vistoso Dolmán de oficial del regimiento de Húsares de Guadalajara. Museo Nacional de Bellas Artes Occidentales de Tokio.

Retrato de “El Empecinado” de Goya (1809), con el vistoso Dolmán de oficial del regimiento de Húsares de Guadalajara.
Museo Nacional de Bellas Artes Occidentales de Tokio.

Me ha parecido oportuno subtitular esta crónica como el famoso cuento de Kipling escrito en 1888, y la no menos famosa película de John Huston. Lo que a continuación iremos desgranando justifica esta simbólica referencia y hace justicia a un personaje en mi opinión irrepetible.

Hablar de “El Empecinado” es hacerlo de un icono, del arquetipo de lo que significó en España el tumultuoso levantamiento popular de 1808 contra los franceses.
Este gigante, que en mi caso y en el de tantos otros ha personalizado el origen de muchas aventuras de infancia, de la identificación del valor y la capacidad para sobreponerse a la adversidad a fuerza de riñones y osadía, nació en 1775 en un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid llamado Castrillo de Duero. Hijo de labradores acomodados y con un entorno circunscrito exclusivamente a las labores y afanes agrícolas, desde muy pequeño sintió una gran atracción por el mundo militar.

Como buen héroe popular al desbrozar su biografía, la de Juan Martín Díez que así se llamaba en realidad, vemos que está repleta de pasajes novelescos y en algún caso probablemente idealizados. Lo cual no resta un ápice de mérito a lo que fue capaz de hacer y estamos a punto de descubrir.

En su juventud abandona los estudios para recibir su bautismo de fuego en la Guerra del Rosellón de 1793 contra los franceses. Sirve a las ordenes del general Ricardos y ya desde ese momento destaca por su innata capacidad para este tipo de quehaceres. Su animadversión hacia los franceses empezó aquí pero poco después, cuando Francia se convierte en aliada de España, se acrecentó, impulsándole incluso a realizar alguna acción de sabotaje contra ellos.

Esta guerra es el punto de partida como decíamos de su fulgurante carrera militar, que le llevará pasados los años, y siempre por méritos de guerra al empleo de mariscal de campo.

Al finalizar esta campaña en 1795 decide regresar a su pueblo para descansar y ordenar un poco su vida. En el año 1796 se casa con Catalina de la Fuente, trasladándose poco después al pueblo natal de esta en la provincia de Burgos donde se dedica de nuevo a los asuntos del campo durante unos años.

En 1808, con el inicio del levantamiento y de la Guerra de la Independencia como tal en distintos puntos de la península, ocurre un hecho casual que será el punto de partida de su aventura como guerrillero. En la zona burgalesa donde vivía se produce un incidente entre un militar francés y una joven lugareña. Como consecuencia de ello, mata al francés y se tiene que echar al monte con un grupo de voluntarios y algunos familiares. Se crea el germen de su primera partida guerrillera.

Grabado de un guerrillero.

Grabado de un guerrillero.

Lo que empezó como un pequeño grupo de patriotas desarrapados, a caballo entre un cierto bandolerismo y los deseos de venganza contra el invasor, poco a poco se va convirtiendo en una unidad irregular pero jerarquizada como parte de lo que podríamos llamar un ejercito popular paralelo. Milicias que jugaron su baza con gran eficacia durante toda la guerra.

La guerra de guerrillas, que surge aquí como respuesta al hasta entonces incontestable Grande Armée, consistía en una permanente estrategia de desgaste y hostigamiento de pequeñas unidades y convoyes del enemigo, que interrumpían sus lineas de aprovisionamiento, el envío de la soldada, armas y víveres, y que mediante rápidos golpes de mano conseguían además de mermar la capacidad operativa de los franceses, crear una cada vez mas extendida sensación de desconcierto entre sus unidades.

Esta nueva formula bélica convivía con operaciones en campo abierto donde el ejercito francés sí sabia muy bien como desenvolverse, aunque como se demostró en Bailén contra Dupont los españoles e ingleses también. Lo que es indudable es que sin la guerra de guerrillas y sin personajes como el que nos ocupa, la expulsión de los franceses habría sido más cruenta si cabe de lo que fue.

Mapa de las principales operaciones en la Península contra los franceses.

Mapa de las principales operaciones en la Península contra los franceses.

A raíz de los primeros éxitos de la partida de Juan Martín se le reclama para que se encuadre en el ejercito regular, pero su sitio no es ese. Poco después volverá al monte con los suyos y mandará ya una unidad de alrededor de 6.000 hombres, todos ellos voluntarios, teniendo como zona habitual de actuación las provincias de Valladolid, Burgos y Segovia. En 1809 es nombrado capitán de caballería y en 1810 se refugia en el castillo de Ciudad Rodrigo en Salamanca asediado por los franceses. Se suceden y multiplican sus acciones, que como termitas, van desgajando el roble francés. En 1813 participa en la defensa de Alcalá de Henares donde todavía hoy se levanta un monumento en su memoria.

Los franceses empiezan a considerar seriamente la amenaza que implica esta nueva forma de hacer la guerra. El propio Napoleón es informado y conoce por primera vez la eficacia de “El Empecinado” y de otras partidas guerrilleras. Las acciones de sus unidades, en permanente coordinación con las grandes ofensivas de Wellington y del ejercito regular español, producen grandes estragos entre las tropas del Corso.

El temor de los franceses al efecto propagandístico de sus andanzas, una cierta guerra psicológica que ya cala entre las filas del ejercito imperial, hace que se decida poner en marcha un plan para su captura o muerte. Se encarga de ello al general Joseph Leopold Hugo, padre del mismísimo Víctor Hugo, que pasó varios años en Madrid durante la participación de su padre en la Guerra Peninsular como la llamaron los británicos. El general Hugo ya había resuelto con eficacia una circunstancia parecida en los Abruzzos italianos.

Ante la imposibilidad de dar con él se detiene a su madre y hermanos para si se entregaba ponerles en libertad. Frente a este chantaje mezquino “El Empecinado” amenazó con ejecutar a 100 soldados franceses que había capturado previamente. Inmediatamente la artimaña dejo de tener el efecto pretendido.

General Joseph-Leopold Sigisbert Hugo (1773-1828), de autor anónimo.  Musee de la Ville de Paris, Maison de Victor Hugo, France Lauros / Giraudon French, out of copyright

General Joseph-Leopold Sigisbert Hugo (1773-1828), de autor anónimo.
Musee de la Ville de Paris, Maison de Victor Hugo, France
Lauros / Giraudon
French, out of copyright

Afortunadamente no fue posible apresarle y pudo seguir con sus andanzas. La fama y logros de nuestro personaje ya los conoce casi todo el mundo. En 1811 la Cortes de Cádiz le nombran brigadier por aclamación. El pueblo ha encontrado un líder cercano, un verdadero héroe que incrementa la leyenda en cada operación exitosa de su ya pequeño ejército. Es un ejemplo a seguir.

Interviene con éxito en las operaciones de Guadalajara y del frente de Aragón, planteándose incluso en esos meses dar un golpe de mano en Madrid para secuestrar a José Bonaparte, por entonces cómodamente instalado en el Palacio de Oriente.

Acaba la guerra en 1814 mandando a unos 10.000 experimentados hombres y con el empleo de general. Es un personaje consolidado y respetado por casi todos pero que puede saborear el éxito de la victoria durante poco tiempo.

El regreso del incalificable Fernando VII hace que los posicionamientos liberales de Juan Martín choquen con el absolutismo irracional del peor de los Borbones. La bravura de nuestro admirado guerrillero, sus fuertes convicciones y el valor que ya había demostrado hasta la saciedad le llevaron incluso a pedir al rey que jurase la Constitución de 1812. No es difícil imaginar la reacción de este. Incluso se le llego a ofrecer en último término un titulo nobiliario si cambiaba de opinión, pero todo fue inútil. La Década Ominosa en estado puro.

Juan Martín, que ya ostenta el empleo de mariscal de campo, es condenado finalmente al exilio en Portugal en 1823.

Poco después recupera en parte su estatus coincidiendo con el Trienio Liberal y se convierte de nuevo en garante del orden constitucional. Por aquel entonces tiene que combatir contra un antiguo compañero de andanzas durante la Guerra de la Independencia con inclinaciones absolutistas, el famoso “Cura Merino”.

Grabado de las Juntas de Defensa.

Grabado de las Juntas de Defensa.

Con la llegada a España en 1823 de los Cien Mil Hijos de San Luis en ayuda de Fernando VII, el final de su increíble peripecia esta ya muy próximo. El héroe incuestionable, el patriota incomparable y el militar irreductible es apresado y humillado con las peores artes en Roa de Duero, provincia de Burgos.

En 1825 se le condena a muerte. Como militar exige ser fusilado pero se le comunica que será ahorcado como un preso común. La indignidad de esta medida califica a sus verdugos pero el objetivo es evidente, hay que intentar destruir los valores que atesora. El tiro les salió por la culata.

En un último arranque de fiereza y dignidad rompe sus ataduras y se lanza sobre los centinelas que le rematan con sus bayonetas. Otra versión menos épica pero también cruenta, nos dice que se escapo rompiendo las ligaduras efectivamente pero que finalmente sí se le logro ahorcar y se expuso su cadáver en plaza pública para escarnio general.

Este terrible final afortunadamente no ha impedido que a lo largo de los años la historia haya puesto a cada uno en su sitio. A él como un ejemplo lleno de luz y al Felón como un oscuro y siniestro borrón.

Si Goya lo retrató magistralmente y Galdós lo ensalzó en uno de sus incomparables Episodios Nacionales, poco más cabe decir. Solo que me hubiera encantado conocerle para ponerme inmediatamente a sus ordenes.

Memorial del Empecinado en Burgos.

Memorial del Empecinado en Burgos.

El apodo de nuestro personaje era la expresión coloquial que se utilizaba para identificar a los nacidos en el pueblo de Castrillo por la abundancia de pecina, barro oscuro y pestilente, en las margenes del Duero. Después de todo lo que hemos contado de él, ser un Empecinado es sinónimo de obstinarse en conseguir un fin por difícil que este sea.

No quiero dejar de recomendaros, para los que no la hayáis leído todavía, la magnifica novela del por otro lado admirable académico y escritor Arturo Pérez-Reverte, titulada “UN DÍA DE CÓLERA”.

Si bien se centra casi exclusivamente en los cruentos acontecimientos que se desarrollaron en Madrid el 2 de mayo de 1808, es una forma de conocer los contextos y los personajes de la época, la mayoría anónimos, que fueron capaces de levantar cabeza frente a la traicionera ocupación francesa.

El libro como todos los de este autor es sencillamente soberbio. La editorial es Alfaguara y se publicó en 2008 coincidiendo con el bicentanario de la Guerra de la Independencia.

Adjuntamos el impresionante cuadro del pintor historicista Eugenio Álvarez Dumont, titulado “Malasaña y su hija”, que le sirve de portada y en el que Juan Malasaña acuchilla a un estupefacto miembro de la guardia imperial junto al cadáver de su hija, Manuela Malasaña. Esta había intervenido, entre otras escaramuzas callejeras, en la defensa del Parque de Artillería de Monteleón en Madrid junto a los heroicos Daoíz y Velarde.

Este cuadro de 1887 simboliza magistralmente la desproporción de medios y fuerzas entre ambos bandos pero al mismo tiempo nos ha parecido que también ilustra de manera desgarradora como fue el choque de esos dos mundos antagónicos.

"Malasaña y su hija" de A. Dumont

“Malasaña y su hija” de A. Dumont

Tengo que acabar haciendo algún comentario sobre el destino actual del colosal retrato de Goya con el que encabezamos este pequeño homenaje.
Me impresiona pensar que el cuadro esté en Japón. Y es indudable que lo está después de muchas vicisitudes y de diversos propietarios españoles, por su incontestable autor.

Pero estoy convencido también que este retrato, en mi modesta opinión uno de los mejores del de Fuendetodos, también en Tokio les habrá permitido descubrir el brutal magnetismo de aquel labrador de Castrillo de Duero que llego a quitar el sueño al mejor ejército de Europa.

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