La última bandera española en Filipinas, que ondeó en la celebre posición de Baler. Colección del Museo del Ejército de Toledo

La última bandera española en Filipinas, que ondeó en la celebre posición de Baler.
Colección del Museo del Ejército de Toledo

La perdida en 1898 de los territorios españoles en el lejano Pacífico, que se concretaban en la presencia en Las Marianas, Las Carolinas y en la isla de Guam, son junto al propio archipiélago Filipino de las tres mil islas, cuyo nombre lo es en homenaje al rey Felipe II, la consecuencia y el efecto colateral de lo que estaba pasando en las plazas españolas del Caribe.

Al finalizar este pasaje, Filipinas y Guam pasaron a estar bajo la órbita de los Estados Unidos y el resto de territorios fueron vendidos en 1899, de forma casi simbólica, al Imperio Alemán que necesitaba tener peso colonial urgentemente.

Si la perdida de Cuba y Puerto Rico fue, como decíamos en nuestra anterior semblanza presente en esta sección, como una amputación que removió conciencias y puso fin a 400 años de administración en América, lo de Filipinas por lejano y menos conocido, siendo también luctuoso, pasó casi de puntillas. Si bien efectivamente no es comparable un escenario con el otro bajo ningún punto de vista, no es menos cierto también que con la capitulación en Filipinas se pierde el ultimo gran territorio ultramarino de España.

Todo había empezado en 1521 con la llegada al archipiélago de Magallanes y con el primer asentamiento como tal en 1565 por parte de Miguel López de Legázpi en Cebú. La presencia española en estas tierras permitió durante siglos un comercio muy intenso con la Metrópoli e incluso con los territorios americanos, uniendo Asia y sus materias primas con otras rutas y destinos comerciales lejanos, en concreto con la famosa ruta con el golfo de México denominada “El Galeón de Manila”.

Escudo de armas en la fortaleza de "Intramuros" de Manila.

Escudo de armas en la fortaleza de “Intramuros” de Manila.

Pero los 300 años de presencia española en el archipiélago no fueron precisamente tranquilos. En la mayoría de las islas, la presencia española se limitaba a la línea de la costa, siendo el interior nido de población normalmente hostil a los españoles, tal y como relatamos en el post sobre la medalla de Mindanao. A ello, se le debía añadir los continuos ataques de los piratas, bien holandeses, bien los temidos “moros” de las Joló (de los que también hablamos), que suponían una verdadera pesadilla para las embarcaciones españolas y sus poblaciones costeras.

La Revolución Filipina como tal se inicia en 1896 promovida por el partido radical y también sociedad secreta, en tagalo “Katipunan”, liderado por Andrés Bonifacio y Emilio Aguinaldo contra la administración colonial española. Es indudable establecer que lo que estaba ocurriendo en Cuba desde 1895 influye de forma inmediata en los acontecimientos que se desarrollaron después en Las Filipinas.

Cuartel de Santiago Apóstol en Manila.

Cuartel de Santiago Apóstol en Manila.

Existía, además del partido nacionalista radical de Bonifacio otro mas moderado denominado “La Liga Filipina”, liderado por el celebre Rizal, que más que la ruptura y la independencia como tal pretendía entre otras cosas, la justa equiparación de la población nativa con los peninsulares en derechos y obligaciones.

En este escenario de antagonismos entre los propios filipinos, se inician las hostilidades, que dadas las limitaciones materiales y de fuerzas de los insurgentes se basaba fundamentalmente en incursiones de desgaste aisladas y en la guerra de guerrillas.

La guarnición española, contando también marinería e infantería de marina de los buques allí acantonados, guardia civil y otras unidades auxiliares, nunca supero los 17.000 hombres, de los cuales 2/3 son tropas nativas. Esta circunstancia establece una nueva diferencia y desproporción frente a lo que se destina a Cuba en esos mismos años.

Poco después se crea la República independiente de “Kakarong” en la Isla de Luzón y el general rebelde Eusebio Roque, al mando de unos 6.000 hombres se hace fuerte pero es derrotado por una columna de tan solo 600 hombres al mando del heroico comandante Oleguer Feliú. No obstante la situación sigue siendo muy incierta. Se decide sustituir al comandante general Polavieja, cuya estrategia de tierra quemada se demostró tan nefasta como la de Weyler en Cuba, por el capitán general Fernando Primo de Rivera.

El injusto fusilamiento del moderado Rizal antes de la llegada de Primo de Rivera, al atribuirle una supuesta cercanía o colaboración con el radical “Katipunan”, enciende los ánimos, se pierde a un gran interlocutor y sin duda al personaje con mas prestigio y proyección dentro de los patriotas filipinos. Como curiosidad decir que Rizal tiene un gran monumento, casi un memorial, en la ciudad de Madrid. En concreto en la calle Islas Filipinas.

El general Camilo García de Polavieja y del Castillo, retratado por Kaulak.

El general Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, retratado por Kaulak.

Primo de Rivera entiende que hay que negociar y acceder a las peticiones de los insurgentes. Como consecuencia de todo ello el 23 de diciembre de 1897 se firma el pacto y la paz de “Biak-Bato” que pone fin a las hostilidades. Aguinaldo se exilia, bajo tutela y financiación del gobierno español, y parece que la situación entra en una fase de mayor estabilidad.

La irrupción en escena, como está ocurriendo en Cuba, de los norteamericanos desbarata esta pretensión pacificadora y da inicio a una guerra inmediata de estos contra España de consecuencias similares a las de Cuba.

Los "Últimos de Filipinas" a su llegada a España.

Los “Últimos de Filipinas” a su llegada a España.

En la conferencia de París de 1898 se da carta de naturaleza a la independencia de Cuba, que se formalizara en realidad seis años después en 1904, y se obliga a la entrega por parte de España de Filipinas, Puerto Rico y la isla de Guam. Poco después Filipinas iniciara su propia guerra contra Estados Unidos.

Por último comentar que se crearon una serie de condecoraciones de la campaña Filipina, Joló y Mindanao, y sobre las que podréis saber más en este mismo Blog, en concreto en la crónica titulada: “Condecoraciones de las campañas de Filipinas, I y II parte”.

Monumento en Cartagena a los caídos en las batallas navales de Cavite en Filipinas y de Santiago de Cuba, inaugurado por Alfonso XIII.

Monumento en Cartagena a los caídos en las batallas navales de Cavite en Filipinas y de Santiago de Cuba, inaugurado por Alfonso XIII.

 

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