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En su edición del 5 de noviembre de 1927, el diario ABC adelantaba la creación de una medalla llamada de la Paz de Marruecos, para conmemorar la victoria sobre las harkas rifeñas tras dieciocho años en los que España derramó ingentes cantidades de sangre y dinero sobre aquel territorio.

Medalla de la Paz de Marruecos. Anverso. Fuente: colección propia.

Medalla de la Paz de Marruecos. Anverso. Fuente: colección propia.

Y, efectivamente, unos días más tarde, el 21 de noviembre, se publicaba el Real Decreto que establece la creación de dicha medalla. En este Real Decreto, extensísimo, para como suelen serlo los de condecoraciones, se detalla cómo debe ser la condecoración y, en su artículo tercero, quien tendrá derecho a recibirla.
Este es un punto que llama poderosamente la atención, ya que, además del personal militar que haya participado en alguna de las campañas entre el 9 de julio de 1909 y el 12 de octubre de 1927, también tendrán derechos a ostentarla:

– Funcionarios civiles, incorporados en la Administración Civil del Protectorado, desde el 27 de febrero de 1913.
– Padres, hermanos o viudas de Generales, Oficiales y tropa del ejército y la armada caídos en combate o por enfermedades contraídas en Marruecos.
– Personal médico y de la Cruz Roja que hubiera intervenido en las campañas.
– Quienes participaron en las negociaciones hispanofrancesas en 1925, 1926 y en Uxda.
– Diplomáticos y personal civil de las embajadas y consulados españoles en Tánger y la zona del Protectorado francesa que intervinieron en las conversaciones de paz.
– “Musulmanes e israelitas” que sin pertenecer al ejército, “contribuyeran al buen éxito de nuestra acción en Marruecos”.
– La población civil de Alcazarquivir, Melilla y Tetuán y la colonia española de Tánger
– Los corresponsales de guerra.
Y un largo etcétera.

El 27 de noviembre, se crea una comisión encargada de la Medalla. Como Presidente fue designado el, por entonces, coronel del Estado mayor José Asensio Torrado (1), junto con éste se designan a Fernando Casani Herreros de Tejada, Luis Pérez-Peñamaría y Vélez y José Cerón González (2).

Medalla de la Paz de Marruecos. Reverso. Fuente: colección propia.

Medalla de la Paz de Marruecos. Reverso. Fuente: colección propia.

La medalla de la Paz es de color hierro acerado, ovalada, con unas medidas de 37x33mm. Tomo la precisa descripción de la condecoración que realiza Antonio Prieto Barrio:

“En la parte baja del anverso llevará una media luna, dentro de la cual se leerá la palabra MARRUECOS circundando un paisaje de ciudad africana iluminado por el Sol con nimbo radiado, que servirá de fondo a la composición, y entre cuyos rayos se leerá en letras grandes la palabra PAZ, en la parte superior, y 1909-1927 debajo. Sobre el lado que sujeta las ramas se posa una paloma exenta con las alas abiertas; en el pico una ramita de olivo con fruto y coronada con la Real de España, también exenta. Como fondo del reverso, y circundada por las ramas de olivo, irá en relieve la siguiente inscripción: ESPAÑA, SIEMPRE DISPUESTA A TODA EMPRESA DE CIVILIZACIÓN UNIVERSAL, CONTRIBUYÓ A LA DE MARRUECOS CON LA SANGRE PRECIADA DE SUS HIJOS Y CON EL ORO DE SUS ARCAS. EL TRIUNFO DE SUS ARMAS Y LA CULTURA DE SUS MÉTODOS SON LOS CIMIENTOS DE ESTA GRAN OBRA DE HUMANIDAD
Cinta: de 32 milímetros de ancho, de moaré blanco, con dos franjas laterales de 10 milímetros con los colores nacionales en el centro, y en los costados, vivos verde oscuro. En el centro de la cinta irá aplicada una estrella de seis puntas formada por dos triángulos equiláteros iguales superpuestos, del metal del mismo color de la medalla”.

Hay un bulo recurrente sobre esta condecoración que indica que se realizó una versión en francés para los ciudadanos de aquel país. No hay ninguna evidencia de ello, y, por lo que he oído, fue un rumor que propagó un conocido coleccionista hace algunos años y que obtuvo un inesperado eco.

Otro dato llamativo de esta medalla es que era hereditaria para una generación, es decir, que la podían llevar los hijos de quienes la hubieran conseguido.
Para finalizar, otro punto que me llama la atención de esta medalla es la profusión con la que se concedió. Si bien en todos los conflictos bélicos se acuñó su correspondiente medalla de campaña, en esta ocasión la generosidad con la que se concedió me lleva a pensar (y ello es una apreciación estrictamente personal) que quienes la idearon probablemente se inspiraron en la medalla británica “Allied Victory Medal”, creada al fin de la Primera Guerra Mundial y que adoptaron y adaptaron el resto de países aliados. Fue una medalla creada en 1919, a partir de un diseño del escultor William McMillan, y que se conocía popularmente entre la tropa como Wilfred. Se entregaron 5,7 millones de ejemplares. Desgraciadamente, no dispongo de datos de cuántas de las españolas se llegaron a conceder.

Allied Victory Medal. Posible inspiración de la Medalla de la Paz de Marruecos. Anverso y reverso. Fuente: colección propia.

Allied Victory Medal. Posible inspiración de la Medalla de la Paz de Marruecos. Anverso y reverso. Fuente: colección propia.

A priori, esta medalla era la que menos me llamaba la atención de las de las campañas africanas. Reconozco que su diseño no me era especialmente atractivo, pero al estudiarla más a fondo, he encontrado un montón de curiosidades que han hecho aumentara que mi interés por ella. Espero que vosotros la encontréis igualmente interesante.
NOTAS
(1) Asensio Torrado (La Coruña, 1892- Nueva York, 1961). Compañero de promoción de Franco, participó en la guerra de Marruecos desde finales de 1911 hasta el final, con algunos paréntesis en la Península donde se formaba en el Cuerpo de Ingenieros Geógrafos, y donde se encontraría durante el desastre del Annual. Participó en varias operaciones junto con el ejército francés, ganándose la estima del mariscal Lyautey, por lo general frío, cuando no hostil con sus colegas españoles. Tras el desembarco en Alhucemas es nombrado Jefe de la Sección Militar de la Dirección General de Marruecos y Colonias, cargo que ostentará cuando preside la Comisión por la Medalla de la Paz. Tras el Alzamiento Militar de 1936, pertenece fiel a la República. Tras notables éxitos militares, especialmente en la provincia de Segovia, en 1937 es nombrado Jefe del Teatro de Operaciones del Centro, pero el fracaso en la toma del Alcázar de Toledo y el descalabro en Talavera de la Reina, provocan su cese. Hasta el fin de la guerra no volverá a ostentar ningún mando militar de importancia. A principios de 1939, es nombrado agregado militar en la embajada española en Washington, desde donde verá, impotente, el fin de la guerra. El resto de sus días, lo pasa en Nueva York, trabajando como profesor de español y ostentando algunos cargos políticos en el gobierno republicano en el exilio.
Entre otras condecoraciones, le fueron concedidas la Orden de San Hermenegildo, la Orden del Mérito Militar, la medalla de Melilla con tres pasadores y la Legión de Honor, entre otras muchas. Fue un hombre culto y educado, que hablaba con fluidez inglés, francés y árabe.

(2) Un caso curioso, el de Peñamaría-Velez. Enemigo acérrimo de la República, nos cuenta Gabriel Cardona en su libro “El Gigante Descalzo: el Ejército de Franco”, que Peñamaría-Vélez era un habitual conspirador contra los gobiernos del Frente Popular y que llegó a idear un plan de sublevación militar para llevarse a cabo en la primavera del 36, que no llegó a cuajar. Está en Madrid, durante el Alzamiento Nacional. No pudiendo salir de la capital, es detenido e interrogado por las autoridades republicanas, que lo liberarán. Logra sobrevivir con muchas dificultades a la guerra, pero una vez finalizada, al ser un militar “procedente de zona liberada” es juzgado en un Tribunal de Honor, siendo sancionado y apartado del ejército hasta el 23 de noviembre de 1941, pero dos días más tarde se decreta su retiro forzoso. No lo salva ni su estrecha amistad con Muñoz-Grandes. Cerón González participó en la Guerra Civil en el bando republicano (gracias a Pedro García Huertas por la correción); mientras que Fernando Casani, conde de Vilana, (Barcelona, 1888-Madrid, 1955), era diplomático.

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