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Invitados por nuestro admirado D. Antonio Prieto Barrio el día 13 de mayo tuve la inmensa suerte de poder asistir a un acto interesantísimo de marcado carácter academicista, la charla que pronuncio el General del Aire D. Francisco José García de la Vega en la muy prestigiosa Real Academia de Jurisprudencia y Legislación con sede en Madrid.

General del Aire D. Francisco José García de la Vega

General del Aire D. Francisco José García de la Vega

Al acto además del Ministro de Defensa, asistieron en representación de El Rey SAR Los Duques de Calabria, miembros de las Ordenes de Malta, Santo Sepulcro, Santiago, Montesa, Calatrava, Alcántara y de todas las Reales Maestranzas de Caballería. Altos cargos de Defensa, Generales, Almirantes, Diplomáticos, Académicos de la RAJ y de la de Historia así como personalidades y destacados funcionarios del Estado lo cual deja de manifiesto el interés e importancia del acto.

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La disertación coincidía con el bicentenario de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo creada por el nefasto Fernando VII, de la que es Gran Canciller junto a la de San Fernando el prestigioso General, y bajo el titulo; “Las recompensas militares, depositarias de la tradición de los Ejércitos”. Hizo un repaso muy acertado sobre el origen, Romano como no, y evolución de estos elementos consustanciales al reconocimiento y valoración de hechos destacados dentro del Ejército y de la sociedad civil. El contexto no podía ser más solemne y cargado de historia, realmente la sensación era la de estar asistiendo a un acto de otra época, con ese aire que solo tienen las viejas Academias, creadas la mayoría de ellas por el magnifico Rey ilustrado Carlos III. Un retrato suyo presidia la sala para dar testimonio de ello.

"Carlos III, Rey de Nápoles" (1740), DE Guiseppe Bonito.

“Carlos III, Rey de Nápoles” (1740), DE Guiseppe Bonito.

El Derecho Premial, que ese es su nombre técnico y jurídico y de ahí el marco elegido por el General para su exposición, es la contraposición natural al Derecho Penal. Lo que uno tiene de reconocimiento, de premio en definitiva, el otro lo tiene de censor y perseguidor del delito. El uno reconoce, en el ámbito militar y civil, actos dignos de ser valorados y el otro los persigue y pena.

La grandes Ordenes y las condecoraciones digamos de rango inferior tienen su origen en la mayoría de los casos en el entorno de los siglos XVIII y XIX pero los antecedentes desde la remota Phalerae romana, de ahí la denominación de la Faleristica, fueron repasadas con detalle y profusión, citas de Calderón de la Barca, el soberbio soldado y dramaturgo incluidas.

Se ordenó cronológicamente la fundación de todas ellas, su prelatura, los hechos que premian, las que todavía persisten y las que han desaparecido o han sido sustituidas por otras, como por ejemplo la de Alfonso XII por la más reciente de Alfonso X el Sabio. Anécdotas y citas de destacados condecorados y las vicisitudes en las que se hicieron acreedores de sus respectivos reconocimientos, algunas realmente increíbles.

Los coleccionistas a veces tenemos la intima sensación que nuestra pasión es compartida por muy pocos y que de algún modo pertenecemos a un reducido grupo de nostálgicos acumuladores de recuerdos que ya no interesan a casi nadie. Siendo así en muchos casos, y hay que admitir que nuestra pasión no es la más frecuente dentro del coleccionismo de objetos de época, es también verdad que su entronque con la propia historia como vestigios de hechos sorprendentes y en muchos casos admirables, hace que cada vez haya más personas que por curiosidad se acercan a este mundo. Lo de ayer, que por decirlo de alguna manera tocaba techo en lo que se refiere a un contexto de primer nivel con personajes de mucha enjundia como hemos visto, me hizo pensar en esto durante un buen rato.

Estos pequeños tesoros son en definitiva la memoria colectiva e individual de lo que somos capaces de conseguir si nos lo proponemos. La virtud que se hace visible en la solapa de un uniforme o de una americana es la conciencia de la superación, del deber cumplido o simplemente del trabajo bien hecho. Sin duda valores que tanto hoy como ayer siguen siendo en mi opinión piedras angulares, aunque para muchos sean los restos de un desfasado y trasnochado naufragio.

Al final del acto se crearon espontáneamente una serie de corrillos francamente interesantes en los que con una copa de vino blanco bien frio en la mano repasamos lo divino y lo humano, que de esto también hay mucho en nuestro querido mundo de las viejas condecoraciones y de la Medallística. En mi caso coincidí con el gran estudioso Carlos Lozano Liarte, con el que mantuve una estupenda charla ya que le conocía de antemano.

Una tarde la de ayer para ser recordada sin duda durante mucho tiempo y a la que asistí acompañado por un gran amigo, Teniente Coronel de EM del Ejército del Aire que disfruto tanto o más que yo con esta clase magistral en un vetusto templo del saber.

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