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Hoy tengo el inmenso placer de presentar una de mis órdenes preferidas. No solo por su abrumadora estética, sino por los motivos por los que se concedía y, muy especialmente, por el lema que la preside, Altiora Peto.

La Orden Civil fue creada a propuesta del Conde de Romanones1, para premiar los méritos y servicios prestados en los campos intelectual, artístico, cultural y docente. Si bien, también se comenta la influencia que tuvo en la misma el rey Alfonso XIII, tan dado a la pompa y al protocolo. En el año 1900, se crea en España el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, siendo Romanones el primero en ocupar dicha cartera. En 1902, bajo sus auspicios, se crea esta condecoración, que estará vigente hasta la llegada de la Segunda República, en 1931.

La Orden toma como modelo la antigua Orden de María Victoria, que tuvo una fugaz vigencia durante el reinado de Amadeo I, a su vez inspirada en la Orden de las Palmas francesas. Cabe decir que el Decreto, aprobado el 31 de mayo de 1902 y publicado el 5 de julio de ese mismo año, prácticamente copia el Decreto de su antecedente saboyano.  

Gaceta de Madrid (el antiguo BOE), en el que se informa de la creación de esta nueva Orden.

Gaceta de Madrid (el antiguo BOE), en el que se informa de la creación de esta nueva Orden.

Con la llegada de la República, se anulan todas las Órdenes alfonsinas, con excepción de la Orden del Mérito Militar y la Orden de Isabel la Católica (que, sin embargo, van a ver su aspecto ligeramente modificado). La llegada de Franco al poder no va a suponer una restitución de ésta Orden, sino que en su lugar se va a crear la Orden de Alfonso X el Sabio, que aún hoy sigue en vigor. 

De la Orden Civil de Alfonso XII, se otorgaron un total de:

·         Grandes Cruces: 237

·         Comendador de Número: 389

·         Comendador: 662

·         Caballeros: 1.096

·         Lazos de Dama: 68 (documentados)

·         Total: 2.452

Entre los premiados, encontramos grandes nombres de la cultura española y europea. Entre las Grandes Cruces, tenemos: Menéndez y Pelayo, Ramón y Cajal, Pérez Galdós, Mariano Benlliure, Joaquín Sorolla, Jacint Verdaguer, Unamuno, Baden-Powell (fundador de los Boy Scout, le fue otorgado en 1919), Jacinto Benavente (otorgado en 1924, dos años antes había recibido el Nobel de Literatura) o Ramiro de Maeztu. El propio Conde de Romanones recibió la Gran Cruz, una vez hubo abandonado el Ministerio. En 1911, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército fue la única institución que recibió una Gran Cruz; que aún hoy la luce en su escudo.

Escudo del Cuerpo de Ingenieros del Ejército.

Escudo del Cuerpo de Ingenieros del Ejército.

Entre las encomiendas de número, nos encontramos a los músicos Pau Casals, Arthur Rubinstein y el Orfeó Català, la segunda y última institución en ser condecorada.

Entre los Lazos de Dama, destacan Marie Curie y la mítica actriz Sarah Bernardt.

Pero no todos los condecorados fueron famosos. También se encuentran humildes maestros de escuela o pedagogos que desarrollaron una destacada carrera en pos de la docencia y el desarrollo cultural del país.

Dorso de la veneral de la Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII.

Dorso de la veneral de la Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII.

La condecoración que hoy presentamos es la venera de la Gran Cruz, de la que, como indicamos anteriormente, se concedieron un total de 237 piezas. Se diferencia de la medalla de pecho de caballero por su mayor tamaño, tal y como sucede entre las veneras de las Grandes Cruces europeas, pero que es un hecho totalmente excepcional dentro de la falerísitica española.

Finalmente, añadir que el lema al que nos referíamos al principio del post, Altiora Peto, es una expresión latina que significa “aspiro a lo más alto”, lo que, como lema y en términos culturales, se me hace difícil encontrar uno mejor.  

 

 

NOTAS:

1 Álvaro Figueroa y Torres (Madrid, 1863-1950). Político español, tres veces Presidente del Consejo de Ministros, varias veces ministro y Presidente del Congreso y del Senado. Una de las figuras claves del reinado de Alfonso XIII, miembro del Partido Liberal de Sagasta. Fue un hombre de grandes inquietudes artísticas y culturales. En su juventud trató de ser pintor, pero como no conseguía llegar al nivel deseado, empezó a estudiar leyes, acabando doctorándose en Bolonia. A través de su suegro, toma contacto con la política, actividad que no abandonará hasta la llegada de la Segunda República; si bien la va a alternar con la administración de sus negocios privados. De hecho, la Guerra de Marruecos (1909-1927), se inicia por la protección por parte del Ejército Español de las minas del Rif, propiedad de una empresa conjunta del conde de Romanones, el marqués de Comillas y la familia Güell.

 

Para saber más:

Hace unos años, el Alfonso de Ceballos-Escalera y Gila, junto con un equipo de colaboradores, empezó una serie de libros dedicados a las grandes órdenes españolas. Si bien, hoy en día son muy difíciles de encontrar en librerías, son, sin lugar a dudas, bibliografía de referencia para conocer en profundidad la historia y desarrollo de las órdenes españolas. Aquí os dejo la referencia del dedicado a la orden de la que hoy nos ocupamos.

CEBALLOS-ESCLERA Y GILA, Alfonso de: LA ORDEN CIVIL DE ALFONSO XII (1902-1931). Editorial Palafox y Pezuela. Madrid, 2003.

Así mismo, quiero agradecer a Jaume Boguñà su inestimable ayuda para el desarrollo de este post, y a Marta Grassot del Centre de Documentació del Palau de la Música – Orfeó Català, quien ha buscado infructuosamente la placa de la Encomienda de Número y la concesión de la Orden. Es un hecho remarcadamente lamentable que no haya aparecido la placa, dado que es la única institución que la recibió en aquella categoría. 

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