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EL CUADRO

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A. Rafael Mengs.

Retrato del Marqués de Astorga.

Circa 1775.

Nuestra debilidad por los retratos, antecedente artístico de la fotografía y que como ella da fiel testimonio de cada época, ya ha quedado suficientemente reflejada en nuestra galería de personajes ilustres. En esta ocasión nos detenemos en este magnifico ejemplo del retrato del XVIII del maestro Rafael Mengs ya que en él nos ha llamado poderosamente la atención, entre otras cosas, la versión coronada de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.

No cabe duda, y aquí aporto mi particular punto de vista, que como también ocurrió con otras grandes ordenes europeas y otras condecoraciones civiles y militares, los diseños que inicialmente incorporaban la corona real, como consecuencia de los vaivenes y cambios de régimen, modificaron su diseño incorporando elementos como las coronas de laurel y murales y otros elementos para rematar las piezas y adaptarlas a los nuevos tiempos. De hecho la versión mas conocida y frecuente de la Carlos III efectivamente incorpora el laurel clásico como unión entre la pieza y la cinta. Cabe concluir que las versiones coronadas de la primera época, además de muy poco frecuentes, son las de mayor valor histórico y dado que la orden se crea en 1771 la que aquí aparece “retratada” de 1775 corresponde a las primeras concedidas por el Rey ilustrado.

Completa el retrato la orden del Toisón de Oro y el uniforme de gentilhombre o de alto cargo de la administración civil, tal vez diplomático, de paño azul marino brocado en hilo de oro con motivos florales y rematado por la característica bocamanga en color rojo, combinación que incorporaban también los uniformes militares españoles hasta principios del siglo XX.

EL MUSEO

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El museo situado en un palacio de 1904, que fue residencia de Lázaro Galdiano, expone y custodia las colecciones que éste legó al Estado español, creando así mismo la Fundación Lázaro Galdiano, en el año 1948. Dicha Fundación gestiona una muy importante biblioteca, un rico archivo y un gabinete de estampas y dibujos, editando también la veterana y prestigiosa revista de arte “Goya”.

La magnífica colección sintetiza el carácter enciclopédico y multidisciplinar que Don José quiso que tuviera y está basada en el gusto de las grandes colecciones de la época. Hablamos de una sobresaliente colección de pintura de las escuelas española y europeas, esculturas, mobiliario, armas antiguas, cerámica, joyería y artes suntuarias. Objetos que abarcan desde el siglo IV a. de C. hasta la primera mitad del XX.

Además de la colección de Madrid como tal, Lázaro creó previamente otras dos en París y Nueva York, que finalmente acabaron engrosando la de Madrid, compitiendo en las grandes subastas de arte con magnates de la fama de Rothschild o Hearst.

Por sólo mencionar una parte, la colección incorpora obras de Teniers, Goya (su pintor preferido), Velázquez, Juan de Flandes, El Greco, Zurbarán, Mengs, Sánchez Coello, Sir J. Reynolds, Murillo, Juan Carreño, Bayeu, López Portaña, Madrazo, un sorprendente y bellísimo retrato atribuido durante mucho tiempo a Leonardo, pero que actualmente se atribuye a su taller, El Bosco, Juan Constable… y un muy largo etcétera de obras y objetos de todo tipo que sería imposible reseñar y cuya belleza y valor hacen de este museo un viaje maravilloso.

EL COLECCIONISTA Y FUNDADOR

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José Lázaro Galdiano (Biere, Navarra 1862 – Madrid, 1947) fue un coleccionista de arte, bibliófilo empedernido, amén de erudito y animador cultural. Estudió Derecho en Valladolid, Barcelona y Santiago, iniciándose como crítico de arte en el periódico barcelonés La Vanguardia. Al llegar a Madrid en 1888, funda la editorial “La España Moderna”, iniciando en esa época su colección.

En 1903, contrae matrimonio con Paula Florido Toledo, de nacionalidad argentina, iniciando un año después la construcción de la casa-palacio que llevaría su nombre, Parque Florido, y que jugó un papel de total complicidad en la formación de este legado, que por su calidad y variedad, quizás sea la mejor colección privada de España. Esta opinión no es sólo mía…

Al estallar la Guerra Civil, se traslada a París y en 1940 se instala en Nueva York. En ambas ciudades, la colección seguía creciendo de forma vertiginosa. Estos fondos, junto a los que ya tenía en Madrid, conforman en 1945, y hasta su fallecimiento en 1947, el contenido definitivo que hoy se puede seguir admirando en la que fue su casa y gran museo particular.

De él, dijo Miguel de Unamuno, que se trataba de un “forjador de cultura”. Yo añadiría que también lo fue del buen gusto y la curiosidad, virtudes ambas (junto a un presupuesto de proporciones bíblicas) imprescindibles para lograr en vida semejante colección.

No podemos, además, dejar de agradecer a este hombre irrepetible, que legara al Estado toda su vida plasmada en obras de arte. Gracias a ello hoy he podido escribir esta pequeña crónica. Los que todavía no la conozcáis, no dejéis de visitarlo, yo lo llevo haciendo toda mi vida y cada día me gusta más.

Para saber más:

http://www.flg.es

artealinstante.wordpress.com/2011/11/14/el-museo-lazaro-galdiano-de-madrid/

 

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