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El pasado 19 de abril se inauguró en el MNAC de Barcelona una exposición sobre las obras del pintor Marià Fortuny inspirada en su estancia en Marruecos durante la Guerra de África, siendo el eje central de la exposición la obra La Batalla De Tetuán. Dicha exposición se podrá visitar hasta el 15 de septiembre, por lo que recomendamos encarecidamente acercarse a la montaña de Montjuïch.

La Batalla de Tetuán, de Marià Fortuny. En el MNAC.

La Batalla de Tetuán, de Marià Fortuny. En el MNAC.

Quien la visite, disfrutará de gran cantidad de dibujos y bocetos de la obra, además de otros óleos del pintor, como por ejemplo, sus dos versiones de la Batalla de Wad-Ras, que probablemente fue la realmente la acción más destacada de aquella contienda.

Pero como hemos dicho, la joya de la exposición y a la que da nombre es la monumental La Batalla de Tetuán, no solo por su tamaño (unos magníficos 972 x 300 cm), sino por su excelente ejecución técnica y por la historia que tiene el propio lienzo. En 1858, Fortuny residía en Roma, con una beca (pensión en terminología de la época) de la Diputación de Barcelona. Esta institución le encargó la elaboración de seis grandes lienzos que representaran las batallas más importantes de la Guerra de África, que se empezaba a desarrollar, encuadrándolo con las tropas de su paisano, el general Joan Prim. Desembarca en África a mediados de febrero de 1860, cuando ya han tenido lugar las batallas de Castillejos y Tetuán, pero podrá presenciar en vivo la batalla de Wad-Ras. En Marruecos, Fortuny quedó prendado de la luz, el paisaje y las gentes que encontró, transformando su pintura, apartándola de todo convencionalismo academicista. Tras la guerra, regresó, primero a España, pero más tarde a su estudio en Roma, donde se dedicaría a trabajar intensamente en su encargo. A tal efecto, cabe remarcar un viaje a París, para conocer la obra de Horace Vernet1, concretamente su obra Prise de la smalah d’Abd-el-Kader par le duc d’Aumale (La toma de la Smala de Abd-el-Kader por el duque de Aumale en Taguin), pero Fortuny se sintió decepcionado por la obra de Vernet, que consideraba plana, sin alma.

Prise de la smalah d'Abd-el-Kader par le duc d'Aumale, de Horace Vernet. En el Museo del Louvre.

Prise de la smalah d’Abd-el-Kader par le duc d’Aumale, de Horace Vernet. En el Museo del Louvre.

Nuevamente en Roma, en 1862 empieza la ejecución definitiva de la obra. Pero al cabo de unos meses, se da cuenta de lo titánico del esfuerzo requerido para pintar las seis obras, especialmente a cambio de los escasos recursos que ponen a su disposición (le han concedido 10.000 reales), y solicita a la Diputación de Barcelona que el contrato pase de seis obras a solo una, La Batalla de Tetuán, cuyo título original era  Expugnación del campamento marroquí por las tropas españolas el 4 de febrero de 1860. La institución accedió, a la par que le apremió a presentar el proyecto. Pero a mediados de la década de los 60, Fortuny cada vez se sentía más desligado de esta obra y siguió posponiendo su entrega hasta, ante la impaciencia de la Diputación. Tan es así, que en 1870 Fortuny escribió una carta a la Diputación ofreciéndoles devolver los 10.000 reales que había recibido por el encargo, a cambio de olvidarse del proyecto. Teniendo en cuenta que la Guerra de África y sus aspectos propagandísticos ya habían pasado, la Diputación aceptó. El cuadro quedó en el almacén de Fortuny en Roma sin terminar, hasta su muerte, en 1874. Unos años más tarde, su viuda, Cecilia de Madrazo2, vendió el cuadro a la propia Diputación el cuadro por 50.000 reales.

En cuanto a La Batalla de Tetuán, el cuadro muestra una escena idealizada del momento en el que las tropas españolas irrumpen en el campamento moro, provocando la huida de sus enemigos, poniéndonos ante la posición que ocuparían los moros, ganando la escena en dramatismo. En el centro del cuadro, dirigiendo el ataque se sitúa el general Leopoldo O’Donnell (1809-1867), jefe del ejército español y Presidente del Consejo de Ministros de la Unión Liberal.

Leopoldo O'Donnell, en el centro de la acción.

Leopoldo O’Donnell, en el centro de la acción.

A nuestra derecha, el gran héroe de la guerra, el general Joan Prim (1814-1870), que se lanza sobre el campamento y que está a punto de sablear a un soldado moro.

El impetuoso Joan Prim, que cumplió con su promesa al irse a Marruecos, de "caiixa o faixa", es decir, que regresaría de África en "caixa" (caja de muertos) o con una "faixa" (fajín de general). Expresión que ha pasado al idioma catalán de uso habitual.

El impetuoso Joan Prim, que cumplió con su promesa al irse a Marruecos, de “caixa o faixa”, es decir, que regresaría de África en “caixa” (caja de muertos) o con una “faixa” (fajín de general). Expresión que ha pasado al idioma catalán de uso habitual.

A la izquierda, se ve cargando al célebre Batallón de Voluntarios Catalanes, encabezado por el increíble Victorià Sugrañés (1807-1860), uno de los grandes héroes de la Historia de España, triplemente laureado y que murió en esta batalla, al mando de sus tropas, con su característico uniforme azul marino y la barretina.

El legendario y trilaureado Sugrañès, que sí volvió en "caixa".

El legendario y trilaureado Sugrañès, que sí volvió en “caixa”.

En la parte inferior, vemos a un grupo de jinetes marroquíes, que representan al Estado Mayor moro, encabezados por el caballo blanco de Muley el-Abbás, jefe del ejército marroquí y hermano del sultán Mohammed VI.

El Muley el-Abbás, huyendo con su estado mayor. La ejecución técnica de su caballo es espectacular, de hecho como el resto del cuadro.

El Muley el-Abbás, huyendo con su estado mayor. La ejecución técnica de su caballo es espectacular, de hecho como el resto del cuadro.

Fortuny muestra un profundo conocimiento del ejército marroquí al representar en su cuadro a las unidades más destacadas: Mohazni, que forman parte de la Guardia Real, y que lleva su característico sombrero puntiagudo rojo;  guerrero rifeño, con la cabeza descubierta;  guerrero del sur de Marruecos, con el cuerpo cubierto por una túnica blanca.

En definitiva, este cuadro es una de las grandes obras maestras de nuestra pintura de temática militar.

Fortuny, uno de los mejores artistas españoles del XIX.

Fortuny, uno de los mejores artistas españoles del XIX.

Marià Fortuny i Marsal (Reus, 1838 – Roma, 1874), es universalmente considerado como uno de los grandes pintores españoles del siglo XIX. Acompañado por su abuelo, que fue su tutor y valedor, a los 14 años se traslada a Barcelona desde su Reus natal (cuentan que a pie, a causa de sus escasos recursos, en un trayecto de unos 110 km.). Allí trabaja como aprendiz en el taller del escultor Domènec Soberano que, al ver el talento de su alumno, le consigue una beca para matricularse en la escuela La Llotja, la mejor de la ciudad. Sus progresos son tales, que en 1858 se traslada a Roma, becado por la Diputación de Barcelona, donde estudiará con profusión a los artistas italianos. Ya hemos relatado brevemente sus peripecias en Marruecos, tras las cuales regresa a Roma. En 1867, se casa en Madrid con Cecilia de Madrazo, con quien tendrá un hijo, Mariano Fortuny i Madrazo, igualmente un célebre artista. En 1869, sufre su primer ataque de malaria y pinta La Vicaría, cuadro que le dará fama internacional y que hará que firme un contrato en exclusiva con el prestigioso marchante francés Goupil, que le compra el cuadro por 70.000 francos (más tarde, ¡lo revenderá por 250.000 francos!) y le ofrece instalarse en París. Fortuny se convierte en el pintor de moda y se empiezan a pagar sumas astronómicas por sus cuadros y dibujos. El pintor y su familia se acostumbran a una vida de opulencia, viajando por Granada, Londres y diversas ciudades italianas, acumulando una colección de arte, joyas y armas, digna de reyes. Pero Fortuny se ha metido en un círculo vicioso, ya que su éxito le impide progresar como pintor, debiéndose ceñir a pintar encargos que le exigen un estilo de costumbrismo realista que es el que lo ha encumbrado, pero que no puede rechazar para poder mantener su altísimo nivel de vida. Ello le producirá una enorme tristeza y lo hundirá en una depresión. En muy pocos lienzos se puede escapar de la tela de araña que él mismo ha tejido a su alrededor. En octubre de 1874, regresa a Roma. Unas semanas después, recae en su antigua malaria, complicada con una dolencia gástrica motivada por el vicio de chupar los pinceles de la acuarela, de la que se morirá el 21 de noviembre de ese mismo año.

Regresemos a la exposición para hacer notar que en ella se muestran algunas armas de la época, como espingardas usadas por el ejército marroquí y algunas condecoraciones, de las que hablaremos en siguientes posts.

Esperamos que este post os anime a visitar esta interesante exposición, ineludible para los amantes de la Historia Militar.

NOTAS

1 Horace Vernet (1789-1863), hijo y nieto de célebres pintores en su época, curiosamente nació en el propio Museo del Louvre, donde su familia se había refugiado durante la Revolución Francesa. Se especializó en la pintura de batallas, especialmente de las Guerras Napoleónicas, la Guerra de Crimea y la Guerra de Argelia. A causa de su estilo un tanto plano, Fortuny dijo de él que no era un pintor de batallas, sino un militar que se dedicaba a pintar.

2 Cecilia de Madrazo era hija del pintor Federico de Madrazo (1815-1894) y hermana del también pintor, e íntimo amigo de Fortuny, Raimundo de Madrazo (1841-1920).

PARA SABER MÁS:

http://art.mnac.cat/fitxatecnica.html?inventoryNumber=010695-000&lang=es

http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/personajes/1954.htm

http://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1860/132/A00001-00001.pdf

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