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En el año 1895 el celebérrimo político británico, figura que trasciende como personaje de primer orden del siglo XX el ámbito del servicio público y las labores de gobierno de su país, que fue capaz de plantarle cara a Hitler y que recibió el Premio Nobel de Literatura, recaló en la Guerra de Cuba como agregado militar y observador junto a las tropas españolas.

Este pasaje, poco conocido, esconde otro ignorado durante mucho tiempo, la concesión de la Orden al Mérito Militar con distintivo rojo (en tiempo y acciones de guerra) de Primera Clase por parte de las autoridades militares españolas. 

Churchill y su compañero de aventuras, Reginald Barnes, ambos con el grado de alférez y miembros del prestigioso “4º Regimiento de Húsares” (unidad que había combatido también en la Guerra de la Independencia de 1808 junto a los españoles y contra Napoleón), aprovechando un permiso de tres meses, tras graduarse en la Academia de Oficiales de Sandhurst, llegaron a la isla en calidad de observadores como decíamos; siendo encuadrados en la columna del general Álvaro Suárez Valdés. Además, acordó con el periódico londinense Daily Graphic enviar una serie de crónicas, iniciando su labor como corresponsal de guerra.

Churchill en la época que fue a Cuba, luciendo el vistoso uniforme de húsar.

Durante algunas semanas acompañaron a dicha unidad en diversas refriegas y operaciones contra efectivos de los insurrectos mambises, estableciéndose una cierta simpatía por parte del joven Winston hacia las tropas españolas que se debatían en una guerra perdida de antemano, en unas condiciones realmente penosas pero que por su arrojo y valor llamaron la atención de Churchill, con quienes el oficial británico recibió su bautismo de fuego.

Y fue esta simpatía hacia los españoles, así como la concesión de la Orden del Mérito Militar, lo que desató una cierta polémica entre la opinión pública británica, que apoyaba en su mayoría el levantamiento. Churchill se limitó a confirmar que la condecoración “se había tratado de una cortesía y como tal la había aceptado”.

Lo que es indudable es que conservó con orgullo y agradecimiento dicha condecoración. Hasta el extremo que en la foto que adjuntamos, realizada muchos años después ya con el grado de coronel, la lleva prendida junto a otras condecoraciones británicas en su guerrera (la segunda pieza por la derecha), habiendo adaptado la cinta al modelo y reglamento de su país.

La concesión fue ratificada el 25 de enero de 1896 a instancias del general Suárez Valdés. 

Orden del Mérito Militar con distintivo rojo de Primera Clase (anverso). Este es un modelo idéntico al que debió recibir en su dia Churchill.

Reverso de la anterior medalla

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