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Como continuación al anterior post, en el que hablamos del fundador de la Casa Castells, Bernardo Castells, en esta ocasión hablaremos de su hijo, Genaro.

Gracias a las indicaciones del Sr. Jaume Boguñà he corregido un par de imprecisiones que se colaron en el anterior post. Como siempre, le enviamos nuestro más sincero agradecimiento.

Genaro Castells i Reig, no he podido localizar us fecha de nacimiento. Sí que he localizado la de su muerte, que se produjo el 12 de agosto de 1922. En la nota de La Vanguardia[i], se indica que vivía en una casa torre en Gracia, que era cabo del Somatén Armado del barrio de la Salud y estaba en posesión de diversas condecoraciones, entre las que destacan las placas del mérito militar, mérito naval, Isabel la Católica y Carlos III, entre otras. Estaba casado con Ignacia Fábrega y Jaurés (fallecida a principios de marzo de 1935). Vivían en una torre en la Travessera de Dalt, 133[ii] (La Salut).

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Bajo Genaro, la Casa Castells, no sólo mantiene el alto nivel de calidad y prestigio que consiguió el fundador de la compañía, sino que, bajo el paraguas de las campañas del periodo de la Restauración Borbónica (reinados de Alfonso XII, regencia de María Cristina y reinado de Alfonso XIII), sus piezas alcanzan las cotas más altas de calidad, dándose un impulso definitivo a la empresa:

Estos días llama la atención en la calle de Escudillers la acreditada tienda de efectos militares que los señores Castells e hijos han reinstalado en la propia casa que ocupaba anteriormente. El señor Castells, fabricante y comerciante a la vez, ha montado una tienda con lujo y elegancia, reinando por doquier el gusto más exquisito., tanto en el decorado como en la colocación de los ricos objetos que en ella campean, como son las medallas, condecoraciones, empuñaduras de armas, galones, cordones, banderas, estandartes, insignias de las órdenes militares y civiles, etc., como así mismo utensilios militares.

El señor Castells ha elevado su industria a tal altura, que puede decirse que surte a todas las provincias de España; y con su talento y asiduidad, ha librado a nuestro país de que en este ramo fuera tributario del extranjero.

El interior de la tienda está dispuesto con notable buen gusto. Contribuyen al buen conjunto una sillería y un mostrador muy notable debidos lo propio que los armarios y escaparate al industrial D. Francisco Grés, y la lámpara central, que armoniza con el gusto arquitectónico de la tienda y que lo propio de todos los objetos de metalistería, escudo, letras y adornos ha sido construida por don Genaro Castells en los talleres de la casa.

En la fachada han trabajado los siguientes artistas: carpintero, don Francisco Rosell; pintor, don Mariano Carreras; mármoles, don José Llibre; aparatos de gas, señores Mestres y Tapias. Los cristales son del señor Picó y los grabados que en algunos de ellos campean del señor Amigó.

Por último, el proyecto, dibujos y dirección general han corrido a cargo del aventajado pintor Mauricio Vilumara, quien ha salido muy lucido en su empeño[iii]”.

Genaro también consiguió llamar la atención con innovadoras iniciativas, como esta de 1884.

Es objeto de general admiración el magnífico vestido que el célebre matador de toros Rafael Molina (Lagartijo)[iv] va a ofrecer a la imagen del Cristo Caído de Córdoba, que se halla expuesto en el escaparate de la señora viuda de Castells e hijos en la calle Escudillers. Según dice su rótulo, es copia exacta de otro del siglo XVIII. El dibujo es rico sin estar sobrecargado de detalles y los bordados están hechos con esmero”[v].

Pero a la Casa Castells, no le hace falta demasiadas ideas de marketing para conseguir que los clientes se acerquen a ellas con pedidos de uniformes, cascos, armas de todo tipo, fajines para generales, banderas y, por supuesto, condecoraciones.

Salvo una excepción que comentaremos a continuación, todas ellas llevan la firma de los Castells, y todas las condecoraciones que salen de sus talleres destacan por lo extraordinaria de su belleza, pero una firma que no solo va grabando su nombre si no que variando ligeramente el diseño de las piezas, lo que las hará perfectamente reconocibles al ojo del experto. De entre todas ellas destaco brevemente:

Medalla de Marruecos (1916). La célebre medalla por la participación en la guerra de Marruecos, además de su sobresaliente manufactura, llama la atención por el hecho de que escribe el nombre del país alauita como “Maruecos”.

Medalla de Marruecos (variante Castells), en bronce. Con pasador de Melilla.

Medalla de Marruecos (variante Castells), en bronce. Con pasador de Melilla. Fuente: Colección JHG.

Tras el fallecimiento de Genaro Castells, sus descendientes siguieron rigiendo el negocio familiar. A principios de los años 40, hubieron de cerrar la tienda que tenían en la calle Escudellers y, finalmente, en los 80 cerraron la central que mantenían en el barrio de Gracia, cesando toda actividad relacionada con los efectos militares.

Como prueba de ello, mostramos estas dos fotografías correspondientes a la tienda que montaron los Castells en el recinto de la Exposición Universal de Barcelona de 1929.

Tienda de los Castells en la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Fuente: Archivo de. Sr. Juan Luis Calvó

Tienda de los Castells en la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Fuente: Archivo de. Sr. Juan Luis Calvó

Tienda de los Castells en la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Fuente: Archivo de. Sr. Juan Luis Calvó

Tienda de los Castells en la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Fuente: Archivo de. Sr. Juan Luis Calvó

Sus piezas codiciadas por los coleccionistas más exigentes, suelen tener siempre un toque especial y materiales de alta calidad, que han dotado a la firma Castells de merecida fama y prestigio en el mundo de la falerística.   


[i] La Vanguardia, 15 de agosto de 1922.

[ii] Actualmente hay un bloque de pisos, la casa no se conserva.

[iii] La Vanguardia, 25 de septiembre de 1881.

[iv] Rafael Molina Sánchez (Córdoba, 1841-1900). Una de las grandes figuras del toreo de todos los tiempos, se encontraba en la década de 1880 en su etapa de mayor apogeo. Era un verdadero ídolo de masas. En Córdoba se le conoce como uno de los cuatro Grandes Califas del Toreo nacidos en aquella provincia, siendo los otros Guerrita, Machaquito y el mítico Manolete.

[v] La Vanguardia, martes 1 de abril de 1884.

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