El cazador del instante: José Ortiz Echagüe

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A mí amiga Belén Martínez-Osorio, brillante creadora también de escenografías

 

Conservo en casa desde hace muchos años un libro del célebre fotógrafo José Ortiz Echagüe (*).

Perteneció a la biblioteca de mí abuelo y realmente siempre ha llamado mucho mí atención. Se trata de una cuidada edición de los años 40, que bajo el título de “España Mística”, recoge una serie de fotografías excepcionales de nuestro protagonista, que retrata magistralmente tanto a monjes de clausura y pasos de Semana Santa en pueblos remotos, como a distintos pasajes y paisajes de esa España devocional tan lejana ya en el tiempo. La calidad y personalidad de lo que el libro incorpora lo han convertido en una obra capital y de referencia. Lo que no es muy conocido de su biografía es que fue militar de carrera.

Hablamos de un gran maestro del llamémosle tipismo (no típico), del regionalismo costumbristas, o simplemente de un cazador aventajado del momento, de la luz y su espectacular reflejo en papel. Siempre en blanco y negro.

Ortiz Echagüe fue sin ninguna duda un fotógrafo realmente distinto, con un gran sentido artístico en la elección del motivo y la forma de plasmarlo. Todas sus fotografías son por ello de un estilo reconocible, entre la calcografía y el grabado, y en las que el individuo es casi siempre el principal protagonista. Captador como nadie de la expresividad, del gesto roto, del contraste en la iluminación, sus obras son cuadros efímeros, es una fotografía de lienzo, ante la que es difícil no sentir verdadera admiración. Sus series de monjes muy bien podrían recordar a los cuadros del gran Zurbarán.

Nuestro admirado autor, nació en Guadalajara en 1886 en el seno de una familia de clase media de capital de provincia. Hijo de militar y hermano del pintor Antonio Ortiz Echagüe. Llama la atención esa coincidencia de lo militar y lo artístico en una misma casa, circunstancia esta que forjaría su trayectoria y toda su obra posterior.

En el año 1903, siguiendo las indicaciones familiares, ingresa como cadete en la Academia de Ingenieros Militares de su ciudad. Hablamos en consecuencia de un pionero de la aviación militar en España, lo que le permite ser piloto militar y de globos aerostáticos desde 1911, dentro de las primeras promociones de este cuerpo recién creado.

En aquellos años su pasión por la fotografía se incorpora a su vida militar como una habilidad que le permitirá bautizarse como fotógrafo aéreo en la Guerra de Marruecos tomado instantáneas desde su avión de distintas posiciones enemigas.

Además de su quehacer en el Ejército, dedica su tiempo libre a captar con su cámara el exotismo del Marruecos de la época. Sus anónimos personajes, los rincones de las Medinas, la convivencia de dos culturas tan cercanas y al mismo tiempo tan antagonistas. Ese periodo tan fértil comprendió desde el año 1909 hasta 1916. Coincidiría con seguridad con el gran pintor del Protectorado, Mariano Bertuchi (**), que se instala en Tetuán en 1915. Algunos cuadros de este último recuerdan fotografías de Ortiz Echagüe y a la inversa.

(c) Ortiz Echagüe.

El perfil técnico e inquieto de nuestro joven piloto de guerra le permite, unos años después de regresar de Marruecos (1920), fundar en Getafe la empresa de titularidad pública CASA (“Construcciones Aeronáuticas S.A.”) en lo que sería el germen de una empresa que con los años adquirió mucho prestigio, y que aún hoy sigue con su actividad civil y militar, relanzada en los últimos años por su integración en el grupo Europeo “EADS-AIRBUS GROUP”.

(c) Ortiz Echagüe

En eso primeros años se fabrica allí, bajo licencia francesa, el famoso avión Breguet. En aquella época, y por la labor realizada en CASA, se le concede el título honorifico de “Gentilhombre de Cámara de Alfonso XIII”. También estaba en posesión de la Gran Cruz de Alfonso X El Sabio.

Es una constante en este tipo de personalidades, y es una virtud de toda aquella generación, los registros polifacéticos, en los que la técnica, la curiosidad insaciable y la creación del tipo que sea, conviven en absoluta armonía. Médicos que además pintaban con maestría, abogados que escribían como los ángeles…, mecánicos que leían a los grandes clásicos. Otro ejemplo de esa amigable simbiosis a lo largo de toda su vida lo demuestra que también fue Presidente de SEAT desde 1950 a 1976.

Antes y después de esos cargos de relevancia, su producción artística es incesante. Vive pegado a sus cámaras que siempre le acompañan. En 1935 la prestigiosa revista norteamericana “American Photography” lo cataloga como uno de los tres mejores fotógrafos del mundo, y probablemente, como el más importante de España a lo largo de su historia. Nos llama la atención, que siendo la fotografía su gran pasión, siempre le dedicó un tiempo necesariamente limitado dadas las otras responsabilidades profesionales que jalonaron su carrera. Hacer tantas cosas distintas y hacerlas todas con maestría no está al alcance de cualquiera.

(c) Ortiz Echagüe

(c) Ortiz Echagüe

Ortiz Echagüe además de tener una muy depurada técnica llego también a dominar el positivado, que el mismo realizaba en su estudio, consiguiendo ese efecto pictórico y de claroscuro tan característico. Publicó una serie de libros que agrupaban por temática su muy variada producción:

-El Marruecos Español

-Fotos y Retratos Familiares

-Tipos y Trajes

-España, Pueblos y Paisajes

-España Mística

-España, Castillos y Alcázares

Su ingente obra se encuentra actualmente centralizada y custodiada en la Universidad de Navarra, dentro del llamado “Legado Ortiz Echagüe”.

(c) Ortiz Echagüe

Coincide esta reseña inaplazable de Ortiz Echagüe, -probablemente he esperado inconscientemente a escribir sobre este personaje tan singular por ello-, con que nuestro querido Blog alcanzará la mayoría de edad en breve, estando en puertas de llegar a los 100.000 hits.

Esta iniciativa que surgió de forma espontánea entre Joan Herrero y yo hace unos años, que partía de nuestra fascinación por la historia, la milicia, sus piezas y pasajes, se ha convertido en una fuente de satisfacciones, descubrimientos, confirmaciones, y sobre todo, nos ha permitido tener la certeza que todo lo que se haga en esta dirección, es poco.

Da igual que el foro parta desde el academicismo y la cátedra, o que lo sea como en este caso, como iniciativa amateur de dos grandes amigos que quieren contribuir humildemente, en permanente tándem y complementándose, a que ciertas cosas no se olviden del todo. Rescatar es devolver a la vida todo aquello que no puede perderse y es volver a vivirlo.

Si ese espíritu con el que nació el Blog ha logrado mínimamente su objetivo, y nuestros lectores así lo piensan, habrá merecido la pena.

La buena noticia es que esto no ha hecho nada más que empezar…

 

Para saber más del contexto:

 Ortiz Echagüe (*)

https://www.museoreinasofia.es/exposiciones/ortiz-echague

http://www.euskonews.eus/0161zbk/gaia16105es.html

 

Mariano Bertuchi (**)

http://www.lahistoriatrascendida.es/mariano-bertuchi/

 

 

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Benemérito a la Patria: Auge y caída de la medalla que nunca existió

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La verdad es que tenemos la suerte que el mundo de las órdenes y condecoraciones españolas está lleno de rarezas que en otros países serían impensables. Hace unos años, Jaume Boguñà me comentó un claro ejemplo de ello: la medalla de los Beneméritos a la Patria, una medalla que, en realidad, nunca existió. Siempre he querido poder escribir sobre esta medalla que, al fin, puedo exponer aquí.

Cuatro modelos diferentes de la versión para oficiales de la medalla de Benemérito por la Patria. Colección Jaume Boguñà.

Lo cierto es que el título de Benemérito a la Patria empezó a otorgarse durante la Guerra de la Independencia. Nos cuenta Félix Martínez (1) que se trataba inicialmente de un “inmaterial nomen iuris”, un título honorifico que el beneficiario podría hacer uso nominal, pero nada más. Los primeros galardonados fueron los “vecinos, moradores y milicianos” de la ciudad de Zaragoza que lucharon durante el Segundo Sitio de la ciudad, otorgándoles tal honor según Real Decreto de fecha 9 de marzo de 1809, a la que seguiría al año siguiente los defensores de la ciudad de Girona.

Una vez terminada la guerra, el título se empezó a distribuir con una cierta discrecionalidad, por lo que hubo diversos intentos de sistematizar los motivos por los que se podría recibir este nombramiento. Ya durante el reinado de Isabel II, Antonio Prieto Barrio (2) nos indica la existencia de algunas Reales Órdenes que tienen la intención, al menos en el terreno militar, de definir quién puede tener derecho a ostentar este título. Así, en la R.O. de fecha 18 de febrero de 1839 (Gaceta de Madrid número 1572, de 6 de marzo), se habla en todo momento del “derecho a la declaración de benemérito de la patria”, como un titulo meramente honorífico, y no se cita en ningún momento, ni en este, ni en ningún otra R.O. que esté asociado a ninguna medalla.

A falta de uno, dos. Este oficial escogió dos modelos diferentes para acompañar a su medalla de la Batalla de Gra. Colección Jaume Boguñà.

Poco después, empiezan a aparecer en las pecheras una medalla con forma de “cruz en aspa de cinco brazos, esmaltada en negro, cada una de las puntas acabada en un globulillo; los espacios entre los brazos con muralla de oro. Centro circular, sobre fondo blanco la inscripción BENEMÉRITO A LA PATRIA. Reverso con inscripción PATRIA Y LEALTAD. Adorno en la parte superior. La cinta azul, con franja lateral roja a cada lado”, según la precisa descripción de Prieto Barrio. ¿De dónde salió?

Cuatro modelos diferentes (dos de ellos lacados) de la medalla en la versión de tropa. No íbamos a ser menos. Colección Jaume Boguñà.

Lo cierto es que esta medalla es idéntica a la de la Milicia Nacional Voluntaria de Madrid en Cádiz, instituida según Real Decreto de fecha 14 de julio de 1834. Así pues, ¿cabe pensar que algún avispado vendedor queriéndose aprovechar de la vanidad de algunos militares que quisieran materializar un título que era meramente “nomen iuris”? No deja de ser una hipótesis, pero es plausible dado la cercanía en la creación de la medalla de la Milicia Nacional Voluntaria. Y quién sabe si el fabricante le supo dar salida a un stock de medallas que, los milicianos que doce años atrás habían ido a Cádiz ni sabían que tenían derecho a reclamar (3). ¡El caso es que la idea tuvo éxito! Qué bien quedaba la medalla en los pasadores de las guerras carlistas o en el de las guerras coloniales. Que será por guerras en la España decimonónica. Aún hoy, en el Casino Militar de La Habana, decorado con los retratos de diversos militares españoles decimonónicos, muchísimos de ellos lucen orgullosamente esta medalla en su pechera.

Tres modelos diferentes de la Medalla a los Defensores de Cádiz de la Milicia de Madrid. Anverso. Colección Jaume Boguñà.

Pero el carácter extraoficial de la medalla suponía un desafío a las ordenanzas militares. Era cuestión de tiempo que alguien dejara de hacer la vista gorda y que algún alto mando finiquitara la historia de una medalla que nunca debería haber estado allí. Sucedió en Cuba y nos lo explican Grávalos y Calvó (4), en el “Boletín Oficial de la Capitanía General de Cuba, año IX, numero 51, en la que se publica una resolución fechada el 13 de septiembre de 1870 en la que se dice: “Manuel González González, voluntario del Batallón de La Habana solicitó que se le autorizase a usar la Cruz de Benemérito de la Patria fundándose en que en dicha ciudad la usan los Jefes y Oficiales del Ejército. El Capitán General ha resuelto desestimar dicha instancia en atención a que no existe (oficialmente) dicha Cruz y que está prohibido su uso por diferentes reales disposiciones, la más reciente del 26 de agosto de 1867”. Así que, para disgusto del pícaro fabricante y sus seguidores, la medalla fue cayendo en desuso hasta desaparecer completamente de los pasadores de finales del XIX.

Reverso de las anteriores medallas. Colección Jaume Boguñà.

Por suerte y para todos los coleccionistas, es una medalla que a pesar de su antigüedad, es relativamente fácil de encontrar, lo que nos permite deducir que el “invento” fue todo un éxito.

 

Notas:

(1) Martínez Llorente, Félix (2013), pp. 210-211

(2) Prieto Barrio, Antonio (2018), p. 80

(3) Un miembro de la Milicia Nacional Voluntaria, por su propia naturaleza, es más que probable que doce años después de la campaña en Cádiz estuviera desvinculado de la Milicia y que nunca leyera la Gaceta de Madrid (dónde se publicaban las Reales Órdenes), por lo que muchos de ellos ni supieran que tenían derecho a dicha medalla y, en consecuencia, el fabricante de la medalla se viera con un stock de medallas del que no sabría cómo desprenderse.

(4) Grávalos y Calvó, pp. 111-112

 

Bibliografía

GRÁVALOS GONZÁLEZ, Luis y CALVÓ PÉREZ, José Luis: Condecoraciones Militares Españolas. Editorial San Martín, Madrid, 1988

MARTÍNEZ LLORENTE, Félix: “Cómo si del Rey de tratase: El ejercicio de Regalías Premiales por las Juntas Supremas, Regencia y cortes de Cádiz (1808-1814)” en PALACIOS BAÑUELOS, Luis y RUIZ RODRÍGUEZ, Ignacio (comp.): Cádiz 1812. Origen Del Constitucionalismo Español. Editado por Librería-Editorial Dykinson, 2013

PRIETO BARRIO, Antonio: “Otras Condecoraciones hasta 1930” en Compendio Legislativo de Condecoraciones Españolas. Edición actualizada a 1 de junio de 2018.

 

Mañana en la batalla piensa en mi.

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La tumba escondida desde 1812 del General británico William Wheatley en el Jardín de los Frailes del Monasterio de El Escorial

Tengo un vínculo formal y emocional con El Escorial, e inevitablemente por extensión con el sobrecogedor Monasterio, desde mi infancia. Factores familiares, sus muy variados atractivos y la proximidad con Madrid, me han permitido ir cientos de veces desde muy pequeño.

Creo que ha quedado muy claro que en este blog tenemos una especial querencia y debilidad por los pasajes, piezas, personajes y lances olvidados, orillados por la historia y por los que ha pasado el tiempo sin dejar el más mínimo rastro. Salvo tal vez en círculos muy reducidos de sesudos estudiosos y grandes especialistas.

Mi papel no es ese evidentemente, nunca podría competir con ellos, pero si tal vez el de despertar curiosidades, hacer un boceto preliminar que permita investigar, pintar “al natural”, y sobre todo, leer en profundidad sobre estos atractivísimos asuntos.

La otra mañana dando un paseo por los jardines del Monasterio con unos amigos, vi por primera lo que parecía una placa conmemorativa en mármol y redactada en inglés que me llamo mucho la atención. Una vez investigado someramente el asunto, he confirmado que en realidad se trata de una lápida que señala el lugar exacto donde está enterrado desde 1812 un general británico que intervino en La Guerra de la Independencia (1808-1814), la Guerra Peninsular como la llaman los ingleses, y que murió como consecuencia de sus heridas en el propio Monasterio.

En aquella época el edificio de Juan de Herrera fue habilitado provisionalmente como hospital de campaña para los integrantes de la coalición contra Napoleón.

Dice así:

“A la memoria del General en Jefe Guillermo Wheatley, primer guardia de Lesnes en el condado de Kent, nacido el 14 de agosto de 1771, muerto en El Escorial el 1 de septiembre de 1812 y enterrado en este punto. Estuvo en las batallas de La Coruña, Barrosa, Salamanca y en muchas otras. Lord Wellington quiso colocar una lápida en su memoria en este muro; pero debido a la corta estancia del ejército inglés en Madrid no pudo realizarse entonces: lo efectuó el Coronel Moreton Wheatley, su nieto, en el año 1905”

La peripecia parecía esconder un pasaje lo suficientemente empolvado y anacrónico como para dedicarle al menos una breve reseña.

Hay una primera versión, tal vez un tanto novelada, por la que en el año 1812 el Duque de Wellington visitó en el Monasterio a su compañero de armas, que permanecía ingresado de gravedad como consecuencia de las heridas sufridas en el campo de batalla. Poco después fallece y se decide enterrarle en los jardines del Monasterio como improvisado Camposanto. Wellington da las órdenes para que se coloque una lápida en recuerdo del general. Esta decisión no se llegaría a poder realizar por las propias circunstancias del conflicto.

Frente a lo que la propia lápida reza, hay otra versión menos laudatoria, consistente en que Wellington no pasó por El Escorial para visitar al moribundo WW.

Después de la crucial batalla de Salamanca en julio de 1812 (la famosa de “Los Arapiles”) en la que efectivamente participó Wheatley, y donde probablemente sufrió las heridas que le llevaron a ser ingresado en El Escorial, las tropas de Wellington entran en Madrid el 12 de agosto de 1812 para descansar y avituallarse.

Días después parte de los regimiento son trasladados a El Escorial pero Wellington se va directamente camino de Arévalo y Valladolid. Esto ocurre el mismo día en que WW fallece, el 29 de agosto de 1812, aunque en la placa pone la fecha del 1 de septiembre.

La batalla de Arapiles

Y allí quedo una tumba olvidada y sin identificar, como tantas otras por otro lado, de un militar de cierta importancia, entre sillares de granito y cuidados setos de boj, muerto defendiendo sus propios intereses desde luego pero también los de España que luchaba encarnizadamente por expulsar a la Grande Armée.

Obelisco conmemorativo de la batalla de Arapiles.

Ya entrado el siglo XX, en 1905, un nieto del general, también militar y con el empleo de coronel (Moreton Wheatley), dispuso una placa que es la se puede ver actualmente en el muro del “Jardín del Rey” del Monasterio.

Lo que resulta indudable es que como alto oficial a sus órdenes, Wellington conocía perfectamente a WW, y bien pudo al enterarse de su fallecimiento dar instrucciones para este pequeño homenaje que no se pudo llevar a cabo hasta 93 años después.

Whetley había ascendido en realidad hacia muy poco al empleo de “Mayor General”. En concreto el 1 de enero de 1812, por lo que su campaña en España la hizo prácticamente entera como Coronel de un Regimiento de Granaderos. No hablamos de un militar legendario y desafortunadamente no hay excesivos datos sobre él.

Hay alguna referencia en la “Historia de la Guerra Peninsular” del autor Omán. Allí se recoge que en enero de 1811 la coalición decide obligar al enemigo francés a levantar el sitio de Cádiz de tal manera que las fuerzas aliadas desembarcaron en Tarifa. Dichas tropas estaban integradas por unos 15.000 hombres, de los cuales 4.300 eran británicos y 1.764 sirvieron a las órdenes del entonces coronel Wheatley.

Descansa en paz viejo amigo. Estas enterrado en un sitio excepcional donde muchos querríamos iniciar el último viaje…

Para saber más del contexto:

http://www.sitiohistoricolosarapiles.com/labatalla.php

file:///C:/Users/Usuario/Downloads/4264-4351-1-PB.PDF

Lectura recomendada: Historias de Medallas, de Rossend Casanova

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A pesar de compartir nombre con las medallas que son objeto de estudio y difusión de este blog, las medallas conmemorativas caen del sistema premial, para formar parte del mundo de la numismática. Pero no por ello podemos menospreciar su estudio, ya que muchas de ellas también tratan temas militares y, más allá de ello, son objetos históricos con una historia detrás que merece ser contada. Y eso es el objetivo que cumple el libro recientemente publicado “Historias de Medallas”, de Rossend Casanova.

Para resumir el libro en una frase, diríamos que se trata de una excelente introducción al mundo de las medallas conmemorativas. A parte de las medallas se nos habla de sus escultores, de sus fabricantes, de los modos de fabricación, de cómo se vendían y hasta hay sitio para un robo y un asesinato.

Uno de los puntos fuertes del libro y que es susceptible de conseguir el interés del gran público es que cada capítulo está narrado como si fuera un cuento (o novela corta), pero basada en hechos reales. Es decir, que todo lo que en él se dice es cierto. Con ello, Casanova consigue que las historias sean amenas, en algunos casos divertidas y en todos los casos sorprendentes. Además, cada capítulo concluye con un breve anexo en el que se cuentan los flecos históricos de cada narración.

La historia dedicada a la medalla del Hundimiento del RMS Lusitania es mi preferida.

Son un total de once historias de medallas, que tratan temas variados aunque el periodo de casi todas ellas va de finales del siglo XIX a principios del XX. Y si bien cinco de ellas son francesas, también las hay españolas y alemanas. Dado el carácter de nuestro blog, mi capítulo preferido ha sido el dedicado a la medalla conmemorativa del hundimiento del RMS Lusitania, que dio provocó la entrada de los Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial. Pero sin olvidar los emocionantes capítulos referentes a las medallas dedicadas a Louis Pasteur y la marquesa Blocqueville y la divertidísima y surrealista historia de la medalla de Salvador Dalí.

¿Puntos negativos? Me hubiera gustado que se hubieran tratado más medallas de carácter militar, españolas o fabricadas en siglos anteriores al XIX. Sin duda, tenemos un rico patrimonio falerísitico que espero que podamos disfrutar en una segunda parte del libro. Estoy seguro que el autor considerará dedicar un capítulo a la célebre medalla del “Eclipse” del Sitio de Barcelona de 1706 (en el que las tropas inglesas consiguieron romper el sitio a la ciudad, derrotando (eclipsando) las tropas de Luis XIV, el rey Sol) o dedicar un texto al mítico medallista Bernat Castells.

Medalla dedicada a Louis Pasteur. La narración de su historia es emocionante y emotiva.

En resumen, se trata de una lectura amena, divertida, pero también erudita; que empiezas y no puedes parar, ya que cada narración te deja hambriento para seguir leyendo la siguiente historia. De hecho, me leí el libro de una sentada (una dos horas y media), ¡un hecho que no me sucedía desde hacía años! Una lectura muy recomendable.

Exposición sobre el servicio militar en el Ifni

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Hace unas semanas, por pura casualidad, encontré el anuncio de una exposición que estaba a punto de clausurarse en el Museo de las Culturas del Mundo de Barcelona. El título, para un estudioso de las guerras de Marruecos, no podía ser más sugerente: “Ifni. La mili africana de los catalanes”. Y a pesar del riesgo que suponía que la exposición estuviera organizada por el Ayuntamiento de Barcelona (cuya visión de la historia y cultura militares está alejada de la este blog), merecía la oportunidad de ser visitada y comentada.

En resumen, ya sólo por el simple hecho de tratar de rescatar del olvido un episodio de la reciente historia de España, la valoración sólo puede ser positiva. Si bien cabe reseñar la modestia de lo expuesto y lo exiguo del espacio que se le dedicó que hacía el recorrido demasiado corto.

En cuanto al contenido, unos paneles explicativos del contexto histórico y una breve reseña sobre la “guerrita” que tuvo lugar entre noviembre de 1957 y junio de 1958, destacando la participación de las unidades de paracaidistas, con las banderas Roger de Lauria y Roger de Flor (dos militares míticos de la Edad Media catalana) y que estaban formada por un gran número de voluntarios catalanes, pero poco más en el apartado bélico.

La exposición estaba salpicada de fotos, algún vídeo, mapas, objetos relacionados con el Ifni y hasta una tienda de campaña, pero desde mi punto de vista le falta algo de vida, hubiera estado bien contar con una maqueta o que la explicación de la guerra de 1957-58 no hubiera quedado en un mero panel explicativo. Hubiera sido interesante, incluir las armas que se usaron, o desplegar un paracaídas de nuestros célebres “paracas”, pero supongo que ello iría (y lo digo sin recochineo) en contra de la cultura de la paz que promulga el Ayuntamiento de Barcelona. Que me parece loable, pero que cuando hablas del Ifni, acaba provocando que la exposición cojee un poco.

Otro punto interesante de la exposición es que es un grito (bueno, más que un grito, un susurro) de queja sobre lo injustamente olvidada que ha tenido la sociedad española a este territorio. La censura franquista ocultó bajo un tupido velo la guerra y sus consecuencias. Y si bien el los últimos años, los estudiosos de las guerras con Marruecos hemos podido disfrutar de, al menos, una buena tanda de ensayos históricos sobre el tema (que no películas o cómics), en el caso del Ifni sí que se le dedicó una película “¡Ahí va otro recluta!”(1960), de Ramón Fernández, con José Luis Ozores de protagonista, que encarna al clásico paleto de la época que recibe todo tipo de bromas y novatadas cuando le toca realizar la mili en el Ifni. La película, que no he visto, no fue bien tratada por la crítica.

Muy interesante me pareció que se hablara del cómic “Las guerras silenciosas”, de Jaime Martín (L’Hospitalet, 1966), que narra las peripecias de su padre durante su servicio militar en el Ifni. Un cómic muy recomendable.

Finalmente, no se explicaba en la exposición, pero ya que estamos puestos, he estado buscando libros de ficción que ambientadas en el Ifni y, la verdad es que solo he encontrado una “Cacao p’al moro”, de Eladi Romero (Lleida, 1956). No deja de ser curioso que sean autores catalanes y una exposición en Barcelona quienes traten de sacar del olvido este episodio de la historia de España.

Por cierto, no puedo dejar de apuntar que esta exposición no se hubiera sin la colaboración de la Asociación de Veteranos Catalanes del Ifni, que cuenta con unos 500 socios y que bien merece que más pronto que tarde, le dedique más espacio en este blog.

 

Este texto va dedicado a todos los veteranos del Ifni.

Webs de asociaciones de veteranos del Ifni:

http://veteranosdeifni.blogspot.com/2016/12/blog-post_26.html

https://www.amigosdeifni.org

http://www.avile.es

 

 

 

Carta de una desconocida. La mediación humanitaria de Alfonso XIII durante la Primera Guerra Mundial

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Alfonso XIII en su despacho.

 He pensado, no es la primera vez que lo hacemos, que la entrada de esta crónica muy bien podría parafrasear el titulo de la famosa y atractivísima novela de Zweig. A fin de cuentas esta emocionante historia trata de eso.

Se escribe una carta de un remitente desconocido, se le envía a un Rey neutral de un país lejano, se le traslada el drama personal y familiar de una desaparición, de un confinamiento producto de un conflicto de proporciones dantescas.

Normalmente lo hace una esposa, una hija, una madre, y desde ese momento se pone en marcha una oficina en el Palacio Real de Madrid para intentar localizar o acreditar lo sucedido. Lo que en muchos casos resultó una tarea ingente con un final muchas veces, la mayoría, muy ingrato.

Vista general del Palacio Real.

“La Gran Guerra”, no nos detendremos excesivamente en los detalles ya que se ha reflejado en otras entregas de este mismo Blog, también conocida como la Primera Guerra Mundial por su carácter global, con teatros de operaciones en Europa pero también en Oriente Medio y África, significó el primer gran conflicto que asoló medio mundo. No sólo por la intervención de todas las potencias de la época, sino por ser el escenario y el banco de pruebas de todos los avances y perversiones de la industria armamentística del momento.

Las particularidades del enfrentamiento, con frentes atrincherados y estables durante años, introdujeron unos padecimientos hasta entonces desconocidos. Como también lo fueron el efecto de la guerra sobre la población civil, el uso de la aviación y las primeras unidades acorazadas como factores novedosos y devastadores, la sistemática de los gases como arma letal, un potencial artillero desconocido hasta entonces. El infierno en su versión contemporánea.

En este escenario realmente extremo los hombres se encaminaban al frente con la resignación del condenado a muerte. En casa quedaban las familias, solas, desamparadas, con el horror y la angustia que se avecinaban como única compañía. Había que buscar a alguien que pudiera interceder ante tanta tragedia personal. Pero a quién, cómo, con qué posibilidades reales de éxito…

Hubo una primera carta, y después de ella miles. Todas producto de la desesperación, hasta un total de unos 200.000 expedientes que llegaron con una cadencia imparable a Palacio. Historias llenas de angustia y al mismo tiempo con una fe ciega en la mediación del Monarca.

La carta Puccini.

Se daba la compleja circunstancia que en la Corte española de la época convivían las dos sensibilidades en función de las dos alianzas enfrentadas.

Por un lado la Reina Victoria Eugenia de Battenberg, británica y con incluso un hermano movilizado que finalmente cayó en combate, y por otro la Reina Madre María Cristina de Habsburgo, austriaca. Esta situación se debió vivir con una cierta contención y mano izquierda pero no debió ser un contexto familiar de fácil manejo.

La neutralidad de España en la Gran Guerra se había hecho pública el 7 de agosto de 1914. Este inmenso acierto nos evitó, por una vez, vernos inmersos en un conflicto que se llevo por delante entre 15 y 17 millones de personas (militares y civiles) según las fuentes. Se dice pronto.

Cuando en función de las cartas recibidas se decide crear una oficina que se encargue de recepcionarlas y de darles curso, se selecciona cuidadosamente un equipo de funcionarios de distintos niveles, hasta un total de 50 personas. Diplomáticos, militares y traductores poliglotas, ya que se llegaron a recibir cartas de 50 países, aunque fundamentalmente llegaban de Francia, Bélgica y Alemania.

Carta de respuesta de la Secretaría del Rey.

Hay que destacar en este capítulo la figura del traductor Julián Juderías que hablaba y entendía unas 15 lenguas. Como novedad para la época, se incorporan varias mujeres en tareas administrativas y de cierta responsabilidad. Todo este complejo entramado dependía directamente de la Secretaría Particular de A-XIII.

El modelo de actuación, una vez recibida la demanda de noticias sobre alguna persona concreta, con fotos del desaparecido, datos de filiación, Regimientos concretos, último destino conocido, etc., consistía en clasificar por nacionalidades, empleos, unidades, remitiéndose acto seguido a las Embajadas de España por toda Europa para iniciar la búsqueda como tal.

Fotografía del equipo encargado de la gestión de la ayuda humanitaria.

 Este complejo sistema como decíamos tenía como punta de lanza a las distintas legaciones y al personal del Ministerio de Asuntos Exteriores acreditado en ellas. Como dato muy revelador de la implicación y despliegue efectuados, se visitaron 3.000 veces distintos campos de prisioneros, consiguiéndose además de múltiples identificaciones y localizaciones, el indulto de 70 condenados a muerte.

Fotografía de la part del equipo que trabajaba desde la Embajada de España en Viena.

Si al principio hacíamos mucho hincapié en el carácter desconocido de la inmensa mayoría de las peticiones, esto no impidió que también se dieran algunas por parte de personajes muy conocidos de la época. Unamuno, Puccini, Nijinsky, y hasta nuestro admiradísimo Rudyard Kipling.

Destaca también por su interés histórico, hay documentos y telegramas que lo demuestran, la intentona para salvar al Zar Nicolás II y al resto de la familia Imperial de su desdichado final en Ekaterimburgo, ofreciéndose incluso su exilio en España.

Otros nombres que figuran entre los miles de expedientes que se conservan en perfecto estado, y que ahora además se están digitalizado, es el de Charles de Gaulle, que cayó prisionero en la mítica batalla de Verdún, el del entonces piloto Roland Garros, o el cantante y actor también francés, Maurice Chevalier.

 La exposición, en una de las salas en las que se realizan las exposiciones temporales dentro del complejo del Palacio Real, además de un extensísimo catalogo de memorabília, cartas y fotografías originales, películas inéditas, retratos, soberbios bronces, por ejemplo del gran Mariano Benlliure, mobiliario original de la oficina, tiene una puesta en escena realmente brillante. Todo ello, con alguna cesión temporal para la exposición, forma parte de la colección y archivos de Patrimonio Nacional y del propio PR.

Tanto la iluminación, la reproducción de los archivadores donde se guardaban las fichas, a un tamaño deliberadamente fuera de escala, así como lo que contienen las numerosas vitrinas, tienen algo de gran Memorial. Es un espacio para el recuerdo, y para la inevitable reflexión sobre los terribles efectos de cualquier guerra. No es difícil llegar a emocionarse. Y esto es mérito de la propia historia que allí se cuenta, pero sin duda también de la forma de contarla y exponerla.

 

 Hubo un pasaje concreto, que reflejó la prensa de la época, sobre todo francesa, la carta de una niña de ocho años (Sylviane Sartor) que decía así:

“Majestad, mamá llora a todas horas porque su hermano está prisionero. Acaba de recibir una carta que dice que morirá de hambre. Majestad, si quisierais enviarle a Suiza…, porque mamá va a enfermar con seguridad. Os lo agradezco por adelantado. Vuestra servidora, Sylviane, Abril 1917”.

 La carta fue contestada inmediatamente e iniciadas las pesquisas, el tío de esta niña, el soldado francés Achille Delmonte, fue localizado y salvado de una muerte segura, trasladándolo a Suiza y después a Francia.

Inauguración de una placa conmemorativa por parte de Felipe VI.

El reinado de Alfonso XIII, con sus luces y sombras, con sus deseos y sus verdaderas capacidades, en muchos casos muy escasas, siempre ha estado condicionado y en cierto modo eclipsado, por la irrupción de la II Republica, la cruenta Guerra Civil y los posteriores cuarenta años de Franco.

Hasta tal punto (recomendamos el magnífico libro de Javier Tusell y Genoveva Queipo de Llano sobre su figura) que muchos pasajes, aciertos y errores, duermen todavía en un cierto limbo, y como en el caso que nos ha ocupado en esta crónica, habían pasado casi desapercibidos.

Creo que es de justicia, al menos en este pasaje tan emotivo, agradecer a A-XIII una iniciativa que además de salvar muchas vidas, dignifico a sus promotores y saco lo mejor de nosotros mismos como sociedad.

Coincidiendo con la exposición, el Rey Felipe VI, ha inaugurado una placa en el Palacio Real que recuerda aquella vicisitud.

*Damos las gracias a Patrimonio Nacional, propietario de la mayoría de las magníficas fotos que ilustran este artículo.

 

Para saber más:

https://www.casadellibro.com/ebook-alfonso-xiii-el-rey-polemico-ebook/9788430608799/1971258?gclid=eaiaiqobchmincggibj33wiv5hxtch1zgqsbeayyasabegjn8fd_bwe&utm_source=google&utm_medium=cpc&utm_campaign=19438

 

https://www.patrimonionacional.es/noticias/exposicion-cartas-al-rey-la-mediacion-humanitaria-de-alfonso-xiii-en-la-gran-guerra

Ángel Sanz Briz. El cielo es de los valientes.

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EL CIELO ES DE LOS VALIENTES” (Mateo, 11:12)

Querido Embajador,

No nos conocemos personalmente pero he decidido reflejar brevemente en este espacio de permanente homenaje, la profunda admiración y respeto que me inspiran los hechos que voy a tratar de desgranar en estas líneas. 

En un tiempo, el actual, en el que la mediocridad, el egoísmo, el ombliguismo patológico y la generalizada falta de valores campan a sus anchas, poder recordar un pasaje como el que usted protagonizó, ideó y llevo a cabo con una brillantez increíble, me ha parecido además de necesario, inaplazable. 

Ser un hombre “Justo entre las Naciones”, como expresión de lo mejor que el ser humano es capaz de hacer, es uno de los muchos reconocimientos que afortunadamente recibió en vida. El Cielo es de los valientes sin ninguna duda. Desde allí seguro que nos observa en compañía de alguno de eso 5.000 afortunados que usted salvó de la infamia más terrible.

Le doy las gracias en nombre de todos, porque su determinación a todos nos ha redimido, lo sepamos o no. 

 

Acabo de regresar de un viaje a la sorprendente y bellísima ciudad de Budapest, capital magiar desde tiempos remotos, que compartió junto a Viena, la bicefalia y esplendor del viejo Imperio Austro-Húngaro.

Ciudad de una categoría arquitectónica a la altura de las principales ciudades europeas, y que como muchas de ellas, ha sufrido innumerables invasiones, raíds y saqueos.

Desde los Mogoles y los Otomanos, de algún modo los propios Austriacos, los nazis en la época de la Segunda Guerra Mundial, y hasta los primeros 90 la de los comunistas, como país satélite de la antigua URSS.

En este marco cargado de historia y vicisitudes, no siempre agradables, se construyó la realidad de la “Perla del Danubio”. Es una ciudad como suele pasar en Centro Europa, llena de rastros y heridas de todas estas circunstancias, y con esas características de la Europa de Este, tan cercana a las fronteras más remotas y expuestas. En especial todo lo que pasó durante la demoledora Segunda Guerra Mundial está muy presente y todavía es apreciable su rastro.

Nuestra historia nos retrotrae a esa época tan oscura como proclive, precisamente por eso, a destellos y comportamientos abnegados como es el caso de nuestro protagonista.

Ángel Sanz Briz, zaragozano de nacimiento y diplomático de carrera, ocupaba en aquel entonces el puesto de simple encargado de negocios de la Embajada de España en Budapest. Las circunstancias hicieron que en el año 1944 se quedase como único responsable de la legación en ausencia del Embajador y del Cónsul, sus superiores jerárquicos. La Embajada, de poca importancia, contaba con un pequeño grupo de administrativos húngaros y algún funcionario español de Asuntos Exteriores.

Para situar mejor todo lo que ocurrió hay que explicar brevemente el contexto político de aquellos años en Hungría, aliada del Eje (como Bulgaria y Rumania), de la mano de Horthy (1) y de las milicias de “La Cruz Flechada” (partido fascista Húngaro), y a un año de la rendición incondicional de los alemanes.

Como decíamos el gobierno de Hungría, aliado y títere de la Alemania nazi, hasta ese año había disfrutado de los beneficios de su alianza, manteniendo un statuquo privilegiado. Todo cambia en el 44, Alemania invade Hungría y destina al siniestro Eichmann (2) como jefe de las unidades de intervención de las SS.

Aunque la guerra está perdida la “Solución Final” se sigue aplicando con una rigurosidad enfermiza. La colonia judía en todo el país, y especialmente en Budapest, es muy numerosa. Hablamos de unas 400.000 personas. Paradójicamente, cuando los planes de exterminio se filtran el Comité judío de la ciudad no lo hace público para evitar que cunda el pánico entre sus conciudadanos. Craso error de fatales consecuencias.

Ese informe sin embargo, cae también en manos de Sanz Briz que inicia la operación para salvar el mayor número posible de estos condenados a muerte que con toda seguridad acabarían sus días en el campo polaco de Auschwitz-Birkenau.

Su plan empieza a tomar forma. Involucra a sus contactos, beneficiándose de su estatus diplomático y cuenta con la valiente ayuda de los funcionarios de la Embajada y del personal húngaro. La idea, genial por otro lado, parte de un lejano decreto de Primo de Rivera de 1924 por el que los judíos sefarditas podían solicitar la nacionalidad española. Lo que nunca contó a las autoridades húngaras y alemanas es que ese decreto había sido derogado en 1930. La astucia se mezcla con el arrojo, el miedo con la determinación más absoluta. Hablamos de un tipo de una pieza.

Se establece una red de pisos particulares bajo la protección de la Embajada española, donde poder alojar a un colectivo cada vez más numeroso. Se empiezan a expedir los pasaportes españoles para amparar a todos ellos con una gran rapidez. Hay que mencionar, aunque no resulte políticamente correcto en nuestros días, que la operación fue conocida en detalle y consentida por el Ministerio franquista de Asuntos Exteriores.

A diferencia de tantas biografías e historiales deslumbrantes que hemos reseñado desde un principio en este blog, la hazaña de Sanz Briz sí ha sido reconocida de forma coral, no solo en Hungría y España. Hay monumentos, uno en su Zaragoza natal, placas y monolitos que lo recuerdan, pero nunca habrá mayor homenaje que el de no olvidar lo que este valeroso funcionario fue capaz de hacer con tan pocos medios pero con una fe inquebrantable.

Leía hace poco lo que uno de sus orgullosos hijos afirmaba, que su padre murió feliz y reconfortado por lo que fue capaz de evitar. Desde entonces se le conoce como “El Ángel de Budapest” o el “Oskar Schindler español”. He podido confirmar en persona, allí en esas mismas calles ahora llenas de vida y normalidad pero entonces teñidas de la ignominia de todo el continente en armas, que sigue siendo recordado con la mayor gratitud y admiración. Fue uno de ellos.

Ha sido realmente emocionante acercarme a la Embajada e imaginar que en ese mismo escenario, que está absolutamente igual salvo por una reciente mano de pintura en la fachada, ocurrieron pasajes tan sumamente sobrecogedores. Solo una placa en piedra que reproduce parte del discurso que en 2007 pronunció el Rey Juan Carlos ante la Asamblea Nacional Húngara, nos recuerda la grandeza de este personaje fascinante.

DISTINCIONES CONCEDIDAS AL EMBAJADOR ÁNGEL SANZ BRIZ

No podemos dejar de reseñar, este espacio se ocupa mucho del tema, todas las condecoraciones y títulos recibidos por nuestro protagonista.

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE CARLOS III, a título póstumo (España)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA (España)

–        GRAN CRUZ DEL MÉRITO CIVIL (España)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE MALTA (Santa Sede)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN ORANGE-NASSAU (Holanda)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE SAN GREGORIO MAGNO (Santa Sede)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE LEOPOLDO II (Bélgica)

–        CABALLERO DE LA LEGIÓN DE HONOR (Francia)

–        GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE QUETZAL (Guatemala)

–        TITULO DE JUSTO ENTRE LAS NACIONES (Israel)

–        CRUZ AL MERITO MILITAR DE 1º CLASE CON DISTINTIVO ROJO (España)

 

 

Notas:

(1) Miklós Horthy, fue regente de Hungría de 1920 hasta 1944.

Noble, político y marino de guerra, que guió los destinos de su país con un marcado carácter autocrático y conservador que acabó en la órbita del fascismo. Previamente había estado vinculado al emperador Francisco José de Austria con cargos de importancia en la Corte. Sirve en la armada imperial en la Gran Guerra. Después del armisticio se inicia en la vida política liderando el movimiento que derroca al gobierno comunista de Bela Kun, convirtiéndose en regente durante 24 años, y llegando posteriormente a esa alianza con los alemanes. Estos finalmente le consideraron un tanto desleal y de ahí la invasión del 44.

(2) Adolf Einchmann, Obersturmbannfuhrer (teniente coronel) de las SS, 1906-1962.

En cierto modo uno de los inspiradores y desde luego responsable implacable de la “Solución Final” y de todo lo referente a la logística y organización de las deportaciones y traslados a los campos. Una de esas biografías que producen escalofríos por los niveles de crueldad y de fanatismo, eso sí, tremendamente eficaz.

Fue destinado a Hungría para coordinar las sacas de judíos en 1944 como ya decíamos. Huye al finalizar la guerra y se traslada a Argentina donde es capturado en 1960 por el Mossad y juzgado por crímenes de guerra en Israel. En 1962 es ejecutado en la horca después de un juicio sumarísimo y muy mediático para la época.

 

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Raimundo de Miguel Alonso/2018

Entrevista a Marina Cejalvo. “Desde la trastienda”.

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Como continuación a la primera parte sobre CEJALVO traemos hasta estas páginas una interesantísima entrevista con MARINA CEJALVO, actual propietaria y alma máter.

Buenas tardes y muchas gracias Señora Cejalvo;

Estimado Raimundo, antes de contestar a tus preguntas quiero agradecerte muy sinceramente el interés que has puesto en nuestro trabajo y en todo lo relacionado con Cejalvo.

1)    Qué motivo, si lo conoce, hizo que su antepasado se dedicara a esta particular actividad, habida cuenta que no había antecedentes en la familia.

Muchas de las cosas que yo sé de la historia de Cejalvo como firma comercial, e historia de la familia, las he oído repetidamente en casa. Aunque llevo más de 50 años trabajando y viviendo entre condecoraciones, soy la cuarta generación y no he vivido una parte muy importante de nuestra historia, por ello no conozco qué impulsó a mi bisabuelo a empezar en el mundo de las condecoraciones. Él llegó a Madrid, desde Villar del Humo, un pueblecito de Cuenca, supongo que con la intención de tener una vida mejor….pero no sé ni oí nunca contar cómo empezó.

2)     Tuvo algún maestro que le iniciara en el oficio, trabajó antes con otras firmas o fue absolutamente autodidacta.

Empecé a trabajar siendo muy joven por lo que poco a poco fui aprendiendo todas las fases de la fabricación de una condecoración, desde el momento que empieza el diseño hasta que ya está montada con sus correspondientes cintas de moiré, cordones y estuches. Todo lo he ido aprendiendo en el taller, viendo el trabajo que se hacía día a día…. repitiendo una y otra vez cada proceso hasta quedar satisfecha con la pieza terminada, procurando acercarme a la perfección… que no existe… Han sido muchas, muchas horas de trabajo y eso, a mí y a cualquiera, le enseña un oficio.

3 )    Dado que se empieza la actividad empresarial en una época tan convulsa como la segunda mitad del siglo XIX, ¿qué medallas se fabricaron de esa época?. ¿Cuenta con archivos en los que se conserven catálogos, muestrarios o pedidos de la época?. En ese caso, ¿pueden investigadores de este tema tener acceso a ellos?.

Cualquier época es problemática, durante estos más de 150 años, Cejalvo ha fabricado las medallas y condecoraciones que nos pedían nuestros clientes, en la época monárquica con sus correspondientes coronas, en la República , y en la época de Franco, cambiando las coronas…pero siempre hemos trabajado para el cliente del momento. No existen muestrarios, ni piezas de aquella época, ni pedidos….simplemente, desde siempre, nos hemos dedicado a realizar piezas lo mejor posible, sin pensar que algún día se valorarían como se hace ahora.

4 ) ¿Cómo consiguieron convertirse en Proveedores de la Casa Real durante el reinado de Alfonso XII?, ¿le constan qué piezas de la familia real fueron encargadas a Cejalvo?

Pues que yo sepa, no hubo que hacer nada, si un fabricante servía a la Casa Real, pues…era proveedor de la Real Casa. Igual que nosotros, existen, o existían, multitud de establecimientos que servían a la realeza y tenían el derecho de considerarse “proveedor de la Real Casa ” llevando como marca su nombre dentro de un manto de armiño, timbrado con una corona real.

En 1984, cuando hizo 100 años de la concesión del título, el Rey Juan Carlos, nos concedió una audiencia donde se ratificó en la concesión del título. Fue un encuentro muy bonito de los cinco hermanos que formamos la cuarta generación, con Su Majestad.

5)   ¿Sigue siendo Casa Cejalvo proveedora de la Casa Real?. 

Sí, tenemos el honor de seguir sirviendo condecoraciones a la Casa Real. Una de las últimas piezas que hemos servido ha sido el lazo con el Toisón de Oro, que el rey Felipe VI, entregó a la Princesa de Asturias.

Este Toisón es una pieza que habitualmente lleva el Rey Felipe y hubo que hacerle algunos cambios y ponerlo en un lazo de cinta de moire para que lo lleve la Princesa.

Insignia del Senado fabricada por Cejalvo.

6 )   ¿Cómo fue la actividad industrial y comercial de Casa Cejalvo durante la Guerra Civil? Estando en territorio republicano, sufriendo una severa restricción de materias primas (especialmente de metales), ¿cómo se vivió ?.

Imagino que en la guerra civil, Cejalvo lo pasaría tan mal como otra muchísima gente, pero no recuerdo que nadie me contara nada en especial. Sí sé, que servían indistintamente a un bando y al otro

7)   ¿Qué medallas republicanas le consta que fabricaron?. Realmente, hay muy poca documentación al respecto y muchas de las medallas de este periodo que corren por tiendas y anticuarios fueron encontradas en un almacén mucho después de concluida la guerra. 

Hubo varias órdenes y medallas que se adaptaron a la época republicana, cambiando las coronas y las cintas, como en el caso de Isabel la Católica, Orden de África, Medalla Militar Individual…y por supuesto, la Orden de la República, de la que se fabricaron un buen número de piezas de cada grado y siete collares, de los que sí se sabe su destino, si no de todos, sí de la gran mayoría.

8 )    En cuanto al anterior Jefe del Estado, se sabe que el general Franco era un excelente cliente de Casa Cejalvo, donde encargó su célebre laureada y el no menos famoso bastón de mando. ¿Sabe cuál era el trato entre Franco y Cejalvo? ¿Llegó a visitar la tienda personalmente?

No, el anterior Jefe del Estado no fue un cliente “directo” de Cejalvo, no hubo ningún trato entre él y Cejalvo, ni tampoco estuvo nunca en la tienda.

Él fue el destinatario de muchas de las medallas encargadas por otros, medallas que regalaban al Jefe del Estado.

Casi todas las provincias concedieron la medalla de la ciudad a Francisco Franco, y nos las encargaban a nosotros, pero nuestros clientes eran los Ayuntamientos, Diputaciones…..

Ni siquiera nos encargó el Bastón de Mando. Esto fue un encargo del Ejército Español, siendo el general Varela la persona con la que hablamos, bueno, hablaron en todo momento…..a mi me faltaba un poco para nacer. Como curiosidad te puedo contar, que, como nos pasa muy a menudo, el encargo se hizo con muy poco tiempo, y en el momento de la imposición, no pudo estar terminada la Laureada, con lo que la placa que se le impuso perteneció al general Marina, que amablemente prestó la suya para la ceremonia.

 Y otra curiosidad más es que, Doña Carmen Polo, o bien no conocía el hecho de que estábamos fabricando la Laureada para su marido, o bien quiso hacerle un regalo personal, y ella, sí que estuvo en la tienda y encargó otra Laureada, que abonó personalmente.

Parece ser que fue mi madre quién la atendió y repetidas veces la oí comentar que era una señora muy agradable y sencilla.

Factura de Cejalvo del año 1887.

 9 )     Qué pieza por su importancia, por la relevancia del destinatario o por la complejidad de la misma cree que de algún modo ha sido una de sus obras maestras.

Creo que todos nuestros clientes son importantes, por ello les han concedido una condecoración, no?…..pero quizás uno de los encargos que más me gustaron, fue el que nos hizo la viuda de Francisco Ayala. Al fallecer un académico, la familia tiene que devolver la medalla que ha llevado durante su permanencia en la Academia, y esta señora, lamento no recordar su nombre, no quiso quedarse sin la medalla, con lo que nos encargó una medalla exacta para poder guardarla ella como recuerdo. Me pareció muy bonito.

 10 )    Le parece contarnos alguna anécdota interesante en relación a algún cliente, pieza o cualquier otra circunstancia.

Pues supongo que pensando un poco encontraría muchas anécdotas. Una de ellas puede ser que me enorgullece que en el año 1953, mi abuelo Fernando ganase un concurso internacional que hubo para el diseño y fabricación de la Orden de Rubén Darío. Es una Orden con un diseño precioso, que nos abrió las puertas para la fabricación de las Órdenes de países como Ecuador, Chile, Uruguay……dándose a veces la curiosidad que en un acto protocolario, las condecoraciones que entregaba España y el otro país sudamericano llevaban el mismo membrete en los estuches

 11 )    Cómo se logra desembarcar en la icónica tienda de la calle Cruz de Madrid, se pensó que la cercanía con el Congreso de los Diputados podía ser comercialmente interesante.

No se pensó nada. Mis abuelos vivían en la calle de la Cruz. Allí, nació mi padre y tenían el taller en la calle de la Victoria… simple casualidad.

Sí es cierto que estábamos a medio camino entre el Congreso y Lhardy… y en los días de pleno, se notaba…

Real Maestranza de Sevilla, fabricada por Cejalvo.

12 )     Nos gustaría conocer cuál ha sido y sigue siendo su vivencia personal con respecto a este complicado y singular negocio. Es solamente continuar una tradición centenaria, sigue siendo un negocio razonable, es el peso y la responsabilidad de mirar hacia atrás. Creo que su hija ya trabaja con ustedes, o lo hará en breve, y será la continuadora del legado de Cejalvo.

Mi vivencia personal ha sido y es…el trabajo bien hecho todos los días. Me gusta lo que hago y creo que lo hago bien. No he conocido otro trabajo y desde luego no es un trabajo rentable, simplemente se vive, pero me gusta y antes que yo hubo mucha gente dejando su granito de arena para poder continuar hasta hoy, así que, no es cuestión de tirar la toalla. Y sí, mi hija trabaja conmigo y….si seguirá con el legado de Cejalvo?….pues no lo sé, ella decidirá. Yo solo quiero que sea feliz, con condecoraciones o sin ellas..

13 )    Qué técnicas o particularidades en los materiales ha permitido que la Casa se haya posicionado como un referente.

No hay nada especial…solo el trabajo bien hecho, buscando la perfección …que ya sé que no existe.

14 )     Que tiene más peso actualmente desde un punto de vista del volumen de negocio. Los encargos de particulares o el de instituciones, Ministerios, Reales Academias, Colegio Profesionales, etc.

Dicen que un grano no hace granero pero ayuda al compañero…. Todos los encargos son importantes, los de los particulares, instituciones, ministerios…

Orden de Rubén Darío.

15 )    Un tema que nos preocupa a historiadores y coleccionistas es la profusión de determinadas piezas, como ejemplo, la Laureada de San Fernando, que se venden a docenas en determinadas tiendas de internet y anticuarios. ¿Cree usted que un control más efectivo de las ventas de estas piezas a clientes particulares redundaría positivamente en el buen nombre de los fabricantes de condecoraciones actuales y en el prestigio de las propias órdenes y condecoraciones?.

Aquí sí que no creo nada. No pienso que haya muchos fabricantes de Laureadas, pero en cualquier caso cuando un cliente pide una determinada pieza, no estamos obligados a que nos justifiquen que la tengan concedida. Otra cosa es que alguien lleve en un acto oficial una condecoración a la que no tiene derecho, imagino que el protocolo que ha organizado el acto, podría llamarle la atención, pero el fabricante está al margen de todo.

16 )    Dado que la última Laureada individual se concedió en 1966, pero en la actualidad se sigue fabricando, ¿hay algún tipo de distinción entre las placas fabricadas antes y después de esa fecha que puedan ayudar a los coleccionistas saber de qué fecha pueden ser las piezas que van a adquirir?.

Sí claro, se puede saber, más o menos, la época en que está fabricada una placa y sobre todo por que fabricante, pero no es algo que conozca la mayoría de la gente. Yo digo que conozco siempre a “mis hijos”, pero para un coleccionista no muy experimentado, no es fácil, es cierto…

17 )     Explíquenos por favor como están organizados internamente y como se hacen vuestras piezas.

El proceso de fabricación de las piezas es algo bastante complejo y laborioso. Cada condecoración pasa por varios procesos (estampado, calado, pulido, esmaltado, dorado, armado, montaje…), los mismos que se vienen utilizando desde que se creó el taller. En todos ellos ponemos el máximo cuidado e interés para que el cliente quede satisfecho con nuestro trabajo.

18 )     Por último, y esto es un ruego, nos podría contar algo, digamos en calidad de primicia, que nunca antes se haya publicado.

Esta pregunta es muy difícil. Creo que está todo dicho., o al menos yo no recuerdo nada que no se haya contado antes. Únicamente volver a agradecerte el interés por nosotros. Es muy bonito ver cómo se valora el trabajo de todos los que estuvieron antes que yo…

 

Diseño de Cejalvo del bastón de mando de un general.

 

Cejalvo. El que tuvo, retuvo. 1ª parte.

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Placa de la Orden del Mérito Militar.

Hace algún tiempo traíamos hasta estas líneas dos magnificas crónicas de mi amigo y compañero de fatigas Joan Herrero, sobre la mítica joyería de efectos militares de Barcelona (como se denominaba en un principio a este tipo de establecimientos), CASTELLS.

Debo confesar que fue él quien me dio a conocer y me introdujo en el universo de este afamado y singular orfebre de la mejor falerística, en cuyo establecimiento se acuñaron verdaderas joyas.

Este “Puente Aéreo” conceptual de amistad y de estrecha colaboración que establecimos hace ya algunos años Joan y yo me hizo pensar que debía rescatar el buen nombre de una firma que nació en Madrid, y que forma parte del exclusivo club de las grandes firmas que elevaron este oficio artesanal y concienzudo a los territorios reservados solo a las obras maestras.

CEJALVO nace en Madrid hace casi dos siglos, que se dice pronto. Desde 1860, año en el que Don Mariano Cejalvo Sánz, un hombre sin ningún vínculo anterior con este tipo de actividad y de origen humilde, desembarcó en esta especialidad tan exigente como singular.

Hay que imaginar la España de aquel momento y sus contextos políticos y sociológicos, entre Isabel II y el frustrado reinado de Amadeo de Saboya. Mantener durante todo este tiempo,cuatro generaciones, la misma forma de hacer y de cuidar el diseño y la factura de sus obras, no deja de sorprender y admirar.

Don Mariano, que como la mayoría de este tipo de perfiles incorporó el carácter del pionero, del visionario inquieto que se adelanta, sentando las bases de un negocio realmente especial, creó escuela y por ello sigue siendo un referente. Tener una pieza de Cejalvo, yo afortunadamente tengo varias de algún familiar, es tener una pieza de museo que se conserva como oro en paño.

Don Mariano Cejalvo, el fundador de la Casa Cejalvo.

La gran noticia, a diferencia de la mencionada Castells, Villanueva y Laiseca, Casa Medina, etc., y con la única salvedad tal vez de la admirable Celada, es que Cejalvo después de cerrar su icónica tienda de la calle Cruz, ha sabido mantener su actividad hasta nuestros días. Esta realidad, además del mérito que implica en unos tiempos, los actuales, en los que los procesos industriales han orillado el amor por el detalle y la manufactura artesanal, es el motivo de esta crónica llena de fascinación.

Pero sigamos con el largo viaje de esta admirable casa. La progresión y calidad de sus piezas les permite en 1884 recibir el título de “Proveedores de la Casa Real” de manos de la Intendencia General de Alfonso XII. A nadie se le escapa que esta circunstancia permitió con toda seguridad a Cejalvo desembarcar en instancias oficiales, no solo en la Corte y sus imagino innumerables encargos. El entorno Ministerial, de las Reales Academias y sus vistosos pectorales, el mundo Universitario, conviviendo con los encargos particulares, posiciona al Cejalvo de esos años como una empresa de primera línea.

Concesión de Proveedor Real.

Este negocio y lo que representa, de algún modo la materialización de la vanidad del ser humano por el reconocimiento en vida, no como decía Jardiel Poncela, “Si buscáis los máximo honores, moriros”…, permitió a nuestros protagonistas convertirse en un establecimiento muy reconocido en España, pero que también recibía encargos de terceros países deslumbrados por su forma de trabajar.

Hablamos de un Spink & Son castizo, a los que por otro lado no tiene nada que envidiar, que tuvo su elegante establecimiento (recuerdo sus atractivos escaparates siendo yo un niño absorto con aquel cofre del tesoro), a escasos metros del Congreso de los Diputados. Muy cerca en definitiva de unos de sus entornos naturales, dónde habitaban una parte de los destinatarios de sus apreciadas piezas.

Las técnicas se mantienen intactas. Se conservan los moldes de época, el esmalte al fuego, con la incorporación de la compleja y delicada técnica de los gripes, los materiales de base siempre preciosos, oro y plata, confieren a sus piezas un marchamo de altísima calidad que les distingue y diferencia de otras manufacturas cuidadas pero no tan preciosistas. Siempre estuvo presente la forma de trabajar de los grandes joyeros de la época. Porque Cejalvo no ha dejado de crear autenticas joyas desde un principio, uniendo a una depurada técnica, un toque personal e indudablemente artístico.

Después de una primera época dorada, tanto con Alfonso XII como posteriormente con Alfonso XIII y la Segunda Republica (durante la guerra surtieron de piezas a ambos bandos), se vivió una segunda edad de oro al finalizar la Guerra Civil. La profusión de condecoraciones y condecorados al terminar la contienda propició una avalancha de encargos, que imaginamos producirían un momento de febril actividad en sus talleres.

Cruz de Guerra.

Entre un catalogo de anécdotas que podrían dar para escribir un ensayo, hay una en concreto que rescatamos dada la trascendencia que en aquel momento significo para la casa. Al terminar la guerra, en realidad en el año 1940, se les encarga un bastón de mando y una Laureada de SF personalizada para el mismísimo Franco.

El bastón, -que se pago descontando una peseta de la soldada de los intervinientes en la guerra-, fue un alarde que no reparo en la calidad de los materiales. Piedras preciosas, esmaltes al fuego y materiales de primerísima calidad, se convirtió en una de las piezas más importantes de su inabarcable producción.

A mí particularmente me parece incluso más significativo el tema de “La Laureada”. Los acabados y factura serian de la misma categoría que los de bastón, pero en definitiva, fue una pieza de indudable valor histórico que ha aparecido en miles de fotografías y retratos oficiales durante 40 años.

El catalogo de condecoraciones, habida cuenta como decíamos que además se conservan los moldes de época, cubre todo tipo de condecoraciones civiles y militares, grandes ordenes de caballería y nobiliarias, colegios profesionales, Congreso y Senado, teniendo capacidad también para crear y asesorar en el diseño de nuevas piezas prémiales de corporaciones o asociaciones de todo tipo.

Entre sus clientes, de antes y de ahora, se encuentran Casas Reales Europeas, además de la de España, Ministerios, sobre todo el de Asuntos Exteriores, del que dependen las Cancillerías de Ordenes como la de Isabel la Católica o la muy exclusiva de Carlos III, personalidades de todo tipo y celebridades del mundo del arte y la cultura, que por la exquisita discreción de la casa, permanecen bajo el silente secreto del sumario.

Cruz de Malta 

Orden del Mérito Civil

 A raíz del encargo de la reproducción de una pieza familiar he tenido la oportunidad de entrar en contacto con los continuadores y descendientes de esta gran firma. Ha sido todo un descubrimiento. Me llena de alegría haber descubierto que una empresa que suponía desaparecida como tantas otras, sigue al pié del cañón, manteniendo el buen hacer de su fundador 158 años después.

Les hemos propuesto continuar esta primera crónica de lo que significó Cejalvo y sigue significando, manteniendo una pequeña entrevista con su descendiente directa y heredera, Marina Cejalvo, y les ha parecido una buena idea. En definitiva, en septiembre hablaremos con ella para intentar desvelar todo tipo de anécdotas y curiosidades de este señero establecimiento. Sirva este avance como humilde pero sincero homenaje a esta saga de maestros.

Os adjunto el enlace con su Web actual para que podáis apreciar, los que no los conozcáis, el calibre de sus piezas. Tener la certeza que si les encargáis alguna de ellas será de una calidad insuperable y se realizará como hemos reiterado con las matrices originales. De la mano además de artesanos de los que ya no quedan en España, siempre con el buril y la minuciosidad entre las manos.

El que tuvo, retuvo

http://condecoracionesycoleccionismo.com

El insigne Toisón de Oro

La silenciosa revolución del coronel Soto Sancho

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Cuando vi esta condecoración por primera vez, hubo dos características que me llamaron la atención: la primera es que se trata de una placa del Mérito Militar alfonsina republicanizada, pero de hecho, si observamos atentamente, más que republicanizada se trata de una placa “desborbonizada”, ya que si bien mantiene la corona, lo que ha eliminado es la “beauté fleur” de la dinastía borbónica, las flores de lis. La segunda es que al estar doblemente concedida y con las fechas grabadas, podría tratar de averiguar a quién fue concedida. Y lo conseguí.

Esta medalla perteneció al coronel de artillería Mario Soto Sancho. Y su apasionante historia nos muestra cómo se puede disfrutar de una destacadísima carrera militar sin necesidad de haber estado ni un solo día en el frente.

Mario Soto nació en una familia de arraigada tradición militar. Su padre fue un reconocido teniente coronel de ingenieros, Sixto Soto y Alonso (1), destinado en Vitoria en la época en 1879, cuando nació Mario, concretamente el día de Reyes de ese año. También fue militar su hermano José, destinado al arma de caballería, y su hermana, María Luisa, se casó con otro el coronel de artillería José Franco Mussió (2). En 1894 ingresó en la Academia de Artillería de Segovia, graduándose como teniente segundo en 1897.

Academia de Artillería de Segovia. Fotografía de Zarateman para Wikipedia.

Fue un militar de marcado perfil científico. Llama la atención de su carrera militar que en 30 años de servicio, muy posiblemente no llegara a disfrutar de su bautismo de fuego. Pero aún y así su contribución a la industria artillera en España es fundamental, siendo uno de los mayores expertos de la aplicación militar de la metalurgia y la fabricación de munición. Además de una importantísima contribución a la industria médica española, de la que hablaremos más adelante. Así, todos sus ascensos fueron por antigüedad, y los consiguió los siguientes años:

  • Teniente segundo: 1897
  • Teniente primero: 1898
  • Capitán: 1906 (con 28 años)
  • Comandante: 1918 (con 40 años)
  • Teniente Coronel: 1921 (con 43 años)
  • Coronel: 1932 (con 54 años)

A la edad en la que Soto Sancho era capitán, en Marruecos había militares que ya eran coroneles y, hasta alguno llegó al generalato. Pero su motivación y objetivos eran otros y estaban muy alejados de los paisajes magrebíes. Aunque el desarrollo de su trabajo en la Península contribuyó a la victoria de España contra los rifeños.

Su primer destino es la Comandancia de Artillería de San Sebastián  (1910). De allí pasará a la Comandancia de Artillería de Menorca, la de Cádiz y durante diferentes etapas trabajará en las Fábricas Nacionales de Trubia (Asturias) y Toledo, de las que llegará a ser su director. En 1930, también es destinado en la Sección de Industrias y Construcciones del Ministerio del Ejército.

Escribió diversos libros sobre cartuchería y munición, siendo los más celebrados “Práctica de las operaciones del cálculo que deben efectuarse para el tiro de una batería de la costa”, por la que se le concede la orden del Mérito Militar con distintivo blanco pensionada en 1918; y “Metalografía Industrial”, por la que recibe la segunda concesión en 1924.

En esta obra se hace referencia a su mayor contribución a la industria española. Durante la Primera Guerra Mundial, España sufrió una gran escasez de material quirúrgico: la totalidad de este instrumental se importaba de otros países europeos que, durante la contienda, dejaron de exportarlo por motivos obvios. Ello fue el acicate para que a principios de los años 20, un equipo de personas capitaneadas por Soto Sancho desarrollasen en la Fábrica Nacional de Armas de Toledo la maquinaria y el tipo de acero adecuados para poder ser autosuficientes en este aspecto fundamental para la salud de sus compatriotas. El resultado no pudo ser más exitoso. Tal es así que al cabo de unos años, la Fábrica Nacional llegó a exportar instrumental quirúrgico al propio Reino Unido.

Vistas de Toledo, ciudad en la que el coronel Sancho realizó sus principales trabajos. Fotografía de Dan Vaquerizo para El Digital CLM.

Al estallar la Guerra Civil, era el director de la Fábrica Nacional de Toledo y Soto Sancho se mantuvo fiel a la República. Con la caída de Toledo, se traslada a Barcelona, donde trabajará para la Subsecretaría de Armamento, hasta su fallecimiento, en julio de 1938, en su domicilio en la calle Teodor Roviralta, nº 35, aquejado de una dolencia cardíaca.

Una vez terminada la Guerra Civil, las nuevas autoridades militares le abrieron un expediente por masonería, pero el juicio se sobreseyó al demostrarse su fallecimiento.

En cuanto a su vida personal, se casó con Mª Eugenia García López, quien falleció el 23 de agosto de 1934. Tuvieron una hija, Mª Eugenia Soto García (1910-1993), que se casó con el doctor en medicina Enrique Díaz Méndez, con quien tuvo seis hijos (un varón y cinco féminas).

Junto con esta placa, al coronel Soto Sancho también le fue concedida la Orden de San Hermenegildo.

La placa fue fabricada por José Fernández, en Madrid.

 

Notas

(1) Sixto María Soto y Alonso, nacido en 1846, llegó a ser Coronel, Comandante de Ingenieros de la Plaza de Vitoria y Comandante General de Ingenieros de  la 7ª Región Militar. Tras participar en el bando liberal en la Tercera Carlista, desarrolló la mayor parte de su actividad en el ámbito de la construcción militar, siendo sus obras de mayor envergadura  el cuartel de caballería Conde Ansúrez en Valladolid y de las factorías del Parque de Artillería y del Hospital  Militar de Vitoria, además de desarrollar una importante actividad topográfica. También publicó un buen número de obras, destacando “Apuntes de fortificación para el oficial en campaña” (1879). Además, estuvo destinado en Filipinas (1898), amén de realizar tareas de observador militar en Francia e Italia. Hombre de gran cultura, su gran pasión fue el arte, disciplina en la que publicó numerosas obras, destacando “Historia de la restauración y estudio crítico de tres cuadros pintados por José de Ribera el Españoleto” y “La Basílica de Nuestra Señora de Estíbaliz”, además colaboró asiduamente con la revista “La Ilustración Española”.

(2) José Franco Mussió (Manila, 1879 – Oviedo, 1937), como su cuñado, venía de una familia de larga tradición militar. De hecho, nació en Manila, donde su padre José Franco Manzano, estaba destinado. En 1894, es admitido en la Academia de Artillería de Segovia, graduándose tres años después, siendo compañero de promoción de su amigo y futuro cuñado, Mario Soto Sancho. En 1900, se casa con la hermana de éste, Mª Luisa. En 1910, es destinado a Marruecos, quedando adscrito a la Comandancia de Melilla y, posteriormente, al Regimiento Mixto de Artillería de Montaña, participando activamente en la campaña de Kert. Entre 1914 y 1918 regresó a la Península, para ser destinado de nuevo en Marruecos entre 1918 y 1924. Al estallar la Guerra Civil, Franco Mussió era el director de la Fábrica de Armas de Trubia (Asturias). El por entonces coronel Aranda, gobernador militar de Oviedo, que se había unido a los militares sublevados, detuvo y fusiló al gobernador civil, Isidro Liarte Lausín, e invitó a Franco Mussió, al que unía una sólida amistad, a unirse a la sublevación, pero éste se mantuvo fiel a la República. De todas maneras, también cosechó enemigos dentro de sus propias filas, por lo que llegó a ser juzgado y absuelto, acusado de simpatizar con los nacionales. Tras el juicio, a parte de dirigir la fábrica de Trubia, desarrollará otras funciones de mando militar en la región. Cuando Asturias está a punto de caer en manos de los sublevados, las autoridades republicanas ofrecen a Franco Mussió un barco para pasar a una zona segura para él y su familia, pero el coronel decide quedarse en su puesto hasta el final. Ante la llegada de las tropas nacionales, pacta con el coronel Camilo Alonso Vega, jefe de la IV Brigada de Navarra, la entrega intacta de la fábrica a cambio de que se respetara su vida y la de sus oficiales. Pero, vae victis, inmediatamente se le abre un juicio de guerra a él y a sus oficiales y se les condena a muerte. La condena será ratificada por el general Fidel Dávila y contará con la aprobación del general Franco. Más de cuarenta años de leal servicio a España y al ejército fueron gratificados con cinco balazos. Unos días más tarde, en Santander, fue fusilado su hijo mayor, el capitán de artillería José Franco Soto.

 

Fuentes:

Archivo Militar de Segovia

Registro Civil de Barcelona

Hemeroteca del ABC

Hemeroteca de La Vanguardia

https://www.toledo.es/toledo-siempre/exposiciones-virtuales/homenaje-a-la-fabrica-de-armas-de-toledo/artilleria-fabrica-nacional-de-toledo-fabricacion-de-instrumental-quirurgico-ano-1923/